personajes

Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli

Ana de Mendoza de la Cerda, princesa de Éboli, condesa de Mélito y duquesa de Pastrana. (Cifuentes, Guadalajara, 29 de junio de 1540 – † Pastrana, 2 de febrero de 1592), aristócrata española.

Primeros años

Doña Ana pertenecía a una de las familias castellanas más poderosas de la época: los Mendoza. Hija única del matrimonio entre don Diego Hurtado de Mendoza y de la Cerda, virrey de Aragón y también de Cataluña, y doña Catalina de Silva, se casó a la edad de doce años (1552) con Ruy Gómez de Silva, por recomendación del príncipe Felipe, futuro Felipe II; su marido era príncipe de Éboli (ciudad ubicada en el Reino de Nápoles) y ministro del rey. Los compromisos de Ruy motivaron su presencia en Inglaterra por lo que los cinco primeros años de matrimonio, apenas estuvieron tres meses los cónyuges juntos.

Fue una de las mujeres de más talento de su época, y aunque perdió un ojo a causa de un entrenamiento de esgrima, se la estimaba como una de las damas más hermosas de la corte española. Entre las teorías que se barajan sobre la pérdida de su ojo derecho, la más respaldada es la que asegura que la princesa fue dañada por la punta de un florete manejado por un paje durante su infancia. Pero este dato no es claro, quizá no fuese tuerta sino bizca, aunque hay pocos datos que mencionen dicho defecto físico. En cualquier caso, su defecto no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, y ejerció una gran influencia en la corte.

Matrimonio e hijos

Durante el periodo de su matrimonio la vida de Ana fue estable y no se le conocen andanzas ni problemas. Tuvieron diez hijos:

  • Diego (c.1558-1563)
  • Ana de Silva y Mendoza (1560-1610), mujer de Alonso Pérez de Guzmán el Bueno y Zúñiga, VIII duque de Medina-Sidonia.
  • Rodrigo de Silva y Mendoza (1562-1596)
  • Pedro de Silva y Mendoza (c. 1563): Muerto de niño.
  • Diego de Silva y Mendoza (1564-1630)
  • Ruy de Silva y Mendoza (1565-¿?)
  • Fernando de Silva y Mendoza, luego Fray Pedro González de Mendoza (1570-1639)
  • María de Mendoza y María de Silva (c. 1570): gemelas o mellizas, muertas de niñas.
  • Ana de Silva y Mendoza (1573-1614)

Conflicto con Teresa de Jesús

Solicitó junto con su marido dos conventos de carmelitas en Pastrana. Entorpeció los trabajos porque quería que se construyesen según sus dictados, provocando así numerosos conflictos con monjas, frailes, y sobre todo con Teresa de Jesús, fundadora de las carmelitas descalzas. Ruy Gómez de Silva puso paz, pero cuando este murió volvieron los problemas, ya que la princesa quería ser monja y que todas sus criadas también lo fueran. Le fue concedido a regañadientes por Teresa de Jesús y se la ubicó en una celda austera. Pronto se cansó de esta celda y se fue a una casa ubicada en el huerto del convento con sus criadas. Allí tendría armarios para guardar sus lujosos vestidos y sus joyas, además de tener comunicación directa con la calle, pudiendo salir a voluntad. Ante esto, por mandato de Teresa, todas las monjas se fueron del convento y abandonaron Pastrana, dejando sóla a Ana. Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid no sin antes publicar la autobiografía de Teresa de forma tergiversada, lo que produjo el alzamiento de escándalo por parte de la Inquisión que prohibió la obra durante diez años.

Tras la muerte de Ruy Gómez de Silva

Tras la repentina muerte de Ruy Gómez de Silva en 1573, Ana se vio obligada a disponer de un amplio patrimonio y durante el resto de su vida tuvo una existencia problemática. Gracias a su influyente apellido, consiguió una posición desahogada para sus hijos. Su hija mayor Ana casaría con el hijo del poderoso Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia; el siguiente, Rodrigo, heredaría el ducado de Pastrana; Diego sería duque de Francavilla, virrey de Portugal y marqués de Allenquer. A su hijo Fernando, ante la posibilidad de llegar a cardenal, le hicieron entrar en religión; pero éste escogió ser franciscano cambiando su nombre a Fray Pedro González de Mendoza (como su tatarabuelo el Gran Cardenal Mendoza) y llegaría a ser arzobispo.

La corte de Felipe II y sus intrigas

Debido a su alta posición, mantenía relaciones cercanas con el primero príncipe y luego rey Felipe II, lo que animó a varios a catalogarla como amante del rey, principalmente durante el matrimonio de éste con la joven Isabel de Valois, de la cual fue amiga. Lo que sí parece seguro es que, una vez viuda (1573) sostuvo relaciones con Antonio Pérez, secretario del rey. Antonio era seis años mayor que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido. Estas relaciones fueron descubiertas por Juan de Escobedo, secretario de don Juan de Austria, además de que mantenía contactos con los rebeldes holandeses. Antonio Pérez, temeroso de que revelase el secreto, la denunció ante el rey de graves manejos políticos y Escobedo apareció muerto a estocadas, de lo que la opinión pública acusó a Pérez, pero pasó un año hasta que el rey dispuso su detención. Los motivos de la intriga que llevaron al asesinato de Escobedo y a la caída de la princesa no son claros. Parece probable, junto a la posible revelación de la relación amorosa entre Ana y Antonio Pérez, también la existencia de otros motivos, como una intriga compleja de ambos acerca de la sucesión al trono vacante de Portugal y contra don Juan de Austria en su intento de casarse con María Estuardo.

El encierro

La princesa fue encerrada por Felipe II en 1579, primero en el Torreón de Pinto, luego en la fortaleza de Santorcaz y privada de la tutela de sus hijos y de la administración de sus bienes, para ser trasladada en 1581 a su Palacio Ducal de Pastrana, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva (llamada Ana como la hija mayor de la Princesa, se haría monja luego) y tres criadas. Es muy conocido en dicho palacio el balcón enrejado que da a la plaza de la Hora, donde se asomaba la princesa melancólica. Tras la fuga de Antonio Pérez a Aragón en 1590, Felipe II mandó poner rejas en puertas y ventanas del Palacio Ducal.

Villa ducal de Pastrana, lugar del encierro de la princesa de Éboli

No está tampoco muy claro el porqué de la actitud cruel de Felipe II para con Ana, quien en sus cartas llamaba “primo” al monarca y le pedía en una de ellas “que la protegiese como caballero”. Felipe II se referiría a ella como “la hembra”. Es curioso que mientras la actitud de Felipe hacia Ana era dura y desproporcionada, siempre protegió y cuidó de los hijos de ésta y su antiguo amigo Ruy. Felipe II nombró un administrador de sus bienes y más adelante llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos.

Falleció en dicha localidad en 1592. Ana y Ruy están enterrados juntos en la Colegiata de Pastrana.

Fuente.

Leonor de Aquitania

Leonor de aquitania

Fue la precursora del feminismo en una época en la que las mujeres vivían auténticamente sometidas a los dictados de los hombres. Ella, además, lideró su revolución en el seno de la realeza francesa, lo que todavía da más mérito a su enorme labor. Sufrió el descrédito personal de sus enemigos, pero el tiempo y los siglos le han devuelto a su lugar de honor como una de las mujeres más importantes y decisivas de la historia…

Nos encontramos ante una de las grandes agitadoras culturales del medievo europeo. Su aparición provocó que los cimientos de la historia tiritaran trémulos ante su inusitada rebeldía. Gracias a ella hoy conocemos mejor a Camelot y su maravilloso universo de personajes y aventuras, algo impagable para las diversas generaciones de soñadores que han visto el discurrir de la humanidad.

Nacida en el año 1122, era descendiente del duque Guillermo X de Aquitania y de la cortesana Dangeraus, nobles gobernantes de un inmenso territorio en el sur de Francia. La pequeña creció bajo el amparo de tutores que le inculcaron un amor pasional por las bellas artes. Así, desde muy temprana edad, mostró dotes excepcionales para la música y las lenguas. Por desgracia, su juventud quedó truncada al cumplir los quince años de edad, cuando falleció su padre, lo que la convirtió en la heredera única de aquel ducado tan ambicionado por Francia. La situación política generada tras el óbito ducal no invitaba a pensar en nada halagüeño para aquellos lares sureños. Así, la solución más razonable pasaba por entroncar los dos principales linajes galos. De ese modo y, sin consulta previa, se vio obligada, por bien de su patria, a unir su destino al del futuro rey de Francia, Luis VII, si bien el matrimonio entre el inminente monarca y la poderosa noble generaba dudas, entre otras cosas porque las personalidades de los contrayentes eran antagónicas: por un lado, Luis era recatado, piadoso y fervoroso creyente; por otro, la culta y hermosa Leonor llegó a París dispuesta a revolucionarlo todo. Sus bríos, inquietudes y alboroto sexual desataron toda suerte de críticas incendiarias sin que ella pudiera o quisiera evitarlo.

En 1145, tras casi ocho años de matrimonio, nació la primogénita Marie. Por desgracia, no llegaba varón a la familia. En cambio, lo que sí llegó fue la Segunda Cruzada en Tierra Santa; una vez más, para sorpresa de todos, Leonor se destapó con otra de sus brillantes genialidades: organizó un regimiento de mujeres para que acompañasen a las huestes de Luis VII en aquella aventura por el control y dominio de Jerusalén. Ella misma se puso al frente de unas mil damas y plebeyas que, desde luego, asombraron allá donde fueron.

En el año 1147, el ejército cruzado hizo acto de presencia en los territorios orientales y Leonor se reunió con su tío Raimundo de Poitiers, príncipe de Antioquía. El efusivo encuentro entre tío y sobrina no pasó desapercibido para el receloso rey galo. Finalmente, la tensión emocional se adueñó del momento hasta desatar la furia incontrolada del monarca, que originó una feroz riña que terminó cuando el piadoso agarró por la melena a la occitana, a la que sacó a la fuerza del recinto palaciego donde se hallaba. La violencia con la que fue tratada motivó otra reacción de nuestra heroína, inusual para esos tiempos machistas: Leonor se fue de Tierra Santa, pero no a Francia, sino a Roma, donde se entrevistó con el mismísimo Papa Eugenio III para solicitarle el divorcio. El Pontífice consiguió calmar la tempestad, pero la leyenda generada por Leonor en cuanto a sus continuas infidelidades, sumada a su incuestionable personalidad fueron un obstáculo insalvable para Luis VII, y en 1152, él mismo solicitó la disolución del vínculo matrimonial. Entonces, el Papa no tuvo más remedio que acceder y Leonor, a sus treinta años, fue liberada del compromiso.

Al poco reparó en un jovencito que había conocido tiempo atrás en la corte parisina. Se llamaba Enrique Plantegenet; era el futuro rey Enrique II de Inglaterra. La elección era tan acertada como provocadora, dado que el mozalbete gozaba de buena posición y espléndido aspecto gracias a sus cabellos rojos, cara pecosilla y, sobre todo, a sus dieciocho vigorosos años, que prometían magníficas sensaciones a la seductora noble francesa, quien si dilación, se puso manos a la obra en el empeño de conseguir cautivar el corazón del apuesto heredero.

Desde Poitiers envió una carta de amor donde se declaraba sin tapujos al inglesito, que se mostró bien receptivo. Las cosas se arreglaron para propiciar un flamígero encuentro entre los dos que desembocó en boda ese mismo año, lo que dejó a media Europa con la boca abierta, en especial al piadoso Luis VII, que lo interpretó como una bofetada contra la propia Francia. Desde entonces, las dos potencias se convirtieron en naciones enemigas y se enzarzaron en una disputa territorial que se prolongó durante tres siglos y que concluyó con la llamada Guerra de los Cien Años.

Leonor, primero reina de Francia y ahora de Inglaterra, se convirtió en un personaje odiado por los franceses y denostado por escritores y juglares afines a la monarquía gala. De ella se decía que pasaba de cama en cama con una vorágine lasciva y casi infernal que confundía la mente y el alma de sus amantes. Se le atribuyeron miles de ellos, de toda clase, condición y raza, desde altivos nobles hasta esclavos negros.

Lejos de ofenderse con las injurias siguió entregada a su nuevo amor, con el que tuvo ocho hijos. Por cierto, dos de ellos, Ricardo Corazón de León y Juan “sin Tierra”, llegarían a reinar siempre bajo la atenta mirada de su madre, la cual no se contuvo a la hora de opinar sobre cómo debía conducirse ese inmenso reino separado por las aguas del Canal de la Mancha.

En 1169, Enrique II, harto de intromisiones femeninas, envió a Leonor a sus posesiones de Aquitania. Una vez establecida en Poitiers, recuperó el tiempo perdido y creó una espléndida corte que pasaría a la crónica de la luminosidad creativa. Con la complicidad de su hija mayor, Marie de Champagne, considerada la primera poetisa de Francia, instauró protocolos originales que potenciaron la caballerosidad galante y un amor puro y sincero. Así nació el amor cortés, un auténtico símbolo romántico del medievo a cuyos cánones se aferraron los amantes más gozosos de tan brumosa y sangrienta época.

Pero, sin duda, el suceso literario más destacado de este periodo vino de la mano de una reina siempre soñadora y amante de las viejas tradiciones. Gracias a su generoso mecenazgo, múltiples creadores pudieron dedicar sus principales esfuerzos a la recuperación de pretéritas leyendas ancestrales, la composición de bellas poesías, así como exquisitas músicas y baladas. Lo más destacado se alcanzó cuando Leonor empeñó su corazón en la recopilación de las antiguas narraciones orales celtas. Esa gozosa misión le fue encomendada a los mejores trovadores y escritores del momento, como son los casos, entre otros intelectuales de elevada condición cultural, de Chrétien de Troyes o André Le Chapelain.

Los trabajos se prolongaron durante largos meses en los que los reputados investigadores sondearon aquí y allá buscando el alma de una de las más formidables y asombrosas historias épicas que vieron los tiempos. Y, poco a poco, resurgieron con fuerza lugares y personajes tales como el rey Arturo, Camelot o los doce caballeros de la Tabla Redonda, al igual que nobles ideales encarnados en la búsqueda de la pureza a través del Santo Grial.

El 31 de marzo de 1204, Leonor fallecía tras mil vicisitudes humanas y estratégicas sin proferir un solo lamento, sin haber perdido un diente y con el pelo blanco y sedoso como el lino. Su imagen reflejaba la serenidad de aquel que ha cumplido una magnífica misión. Había muerto una gran reina, pero sobre todo, una inmensa mujer. Su cuerpo encontró una última morada en la abadía de Fontevrault. Desde entonces reposa al lado de su querido hijo Ricardo Corazón de León. En ese momento, caballeros heroicos, románticas damas, fieros dragones y gentes de toda clase, raza o condición derramaron sus lágrimas por la mujer que supo entenderlos a todos. Fue la precursora del feminismo y una luchadora como jamás se había visto, defensora de la igualdad entre sexos e instigadora de una original revolución cultural que fue semilla y origen de los mejores sentimientos humanos.

Texto por el ilustre Juan Antonio Cebrián

Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac

Cyrano de Bergerac

Hercule-Savinien de Cyrano de Bergerac (6 de marzo de 1619 París- 28 de julio de 1655), escritor francés.

Contemporáneo de Boileau y de Molière, poeta y libre-pensador, arrogante y fantasioso, firmaba sus escritos con nombres más o menos imaginarios que él hacía suyos. En 1638 adopta el nombre de Bergerac que correspondía a las tierras que pudo comprar su abuelo (Savinien I de Cyrano) al enriquecerse con su negocio de pescadería, y gracias a lo cual la familia de Hercule-Savinien entró en el círculo de la pequeña nobleza.

Biografía

Era el cuarto hijo de Abel de Cyrano, abogado del Parlamento, y de Espérance Bellange. Pasó la mayor parte de su infancia en Saint-Forget (ahora Yvelines). Se trasladó a vivir a París y allí discurrió casi toda su vida. Escogió la vida militar, donde se hizo célebre por su arrojo y sus numerosos duelos. Se retiró de la vida militar después de dos años, (1641) tras recibir una herida en la garganta durante el sitio de Arras, contra las tropas españolas, y fue entonces cuando comenzó a estudiar filosofía con Pierre Gassendi.

Cyrano fue uno de los más importantes escritores del seiscientos francés, una personalidad verdaderamente ecléctica: novelista, dramaturgo, autor satírico, epistológrafo, antes de morir escribió el primer capítulo de un Trattato di fisica. Fue un libertino, poco antes de morir quería liderar una vanguardia cultural, una nueva filosofía de la vida.

Fue muy discutido y controvertido, y considerado, sucesivamente: “un mártir libre-pensador”, (Paul Lacroix); un “científico incomprendido” (Pierre Jupont), “La obra científica de Savinien de Cyrano “Cyrano de Bergerac”, (1907); un “libertino sin arte ni parte” (Lechevre); un “racionalista militante” (Weber), y “pretendido alquimista” (Eugène Canseliet)

Obras cómicas

Primer escrito conocido y reivindicado por Cyrano

Epístola del “Juramento de París” de su amante Charles Coypeau de Assoucy en 1648. El título de esta epístola es “Al tonto lector y no al sabio” (Au sot lecteur et non au sage).

Les Entretiens pointus / Los comentarios agudos (1662)

Pequeña colección de veintidós “puntos”, es decir, un juego de palabras que no tienen más valor que el de su efecto cómico, precedido por un prefacio en que el Cyrano hace la apología del retruécano, asegurando que él “adapta toda las cosas al modo que mejor se ajuste a sus deseos, sin consideración alguna a la propia esencia de las mismas”.

Lettres / Cartas (1654)

Las cartas de Cyrano son de formas y naturaleza diversas: poéticas, satíricas, amorosas… Dirigidas a las personas reales, como Scarron, Assoucy, con el nombre de “Soucidas”, François de Gerzan, o ficticios, revelan más la reflexión que el ejercicio de estilo, se detecta en su “poema en prosa” como lo explica Jacques Prévert en su edición de las “Obras Completas” (París, Berlín, 1977).

Le Pédant joué / El Pedante burlado (1654)

Comedia en cinco actos. Una de las primeras comedias en prosa, en la que el lenguaje de la prosa es tal que la pieza será despreciada por la crítica y abandonada por los curiosos hasta que las perspectivas abiertas por el Teatro de lo Absurdo permitieron rehabilitarla.

La intriga, muy banal, recuerda a un esquema clásico heredado del teatro italiano: un viejo ridículo impide que una pareja de jóvenes se amen, pero ellos consiguen engañarle con la ayuda de un audaz lacayo. Pero Cyrano introduce en esta estructura unos personajes cómicos hasta el paroxismo, a veces ajenos a la intriga, expresándose con largos parlamentos en cuyo discurso utilizan un uso muy particular de la lengua: “Granger”, el pedante; “Chasteaufort”, el “soldado fanfarrón”; “Gareau”, el campesino y primer personaje se expresa en patois (dialecto) en el teatro francés.

Se dijo de esta obra que había sido co-escrita por Moliére, puesto que, éste último, la repitió en sus Fourberies de Scapin (sobre todo en la célebre “escena de la galera”). Fue probado después, que esta colaboración era muy improbable, los dos hombres no habían frecuentado la misma época.

Les Mazarinades / Las Mazarinadas (1649)

Las siete “Mazarinadas” de Cyrano (atribución que él rechazó en ocasiones) son, para él, una oportunidad para cultivar su inclinación por el panfleto y la sátira, a la vez que, una forma de oponerse a la política financiera del cardenal Mazarino de ideas igualitarias y modernas. Están escritas todas en prosa, menos una, que está escrita en verso burlesco: Le Ministre d’Estat, flambé (El Ministro de Estado, flambeado)

L’autre monde / El otro mundo (1657/62)

Un dibujo de Historia cómica de los Estados e imperios de la luna.

Un dibujo de Historia cómica de los Estados e imperios de la luna.

Esta obra, considerada como una de las primeras novelas de ciencia-ficción, se divide en dos partes: “Historia cómica de los Estados e imperios de la luna” (Histoire comiqué des Estats et empires de la Lune) (1650, y publicada en 1657 por su amigo Lebret) y “Historia cómica de los Estados e imperios del Sol” (Histoire comiqué des Estats et impires du Soleil) (publicada en 1662). Cyrano escribe en primera persona el viaje que realiza a la Luna y al Sol y las observaciones que hace de las gentes que ve, cuyo modo de vida es, a veces, totalmente distinto al nuestro, incluso chocante y, en ocasiones, al contrario, idéntico al nuestro, lo que le permite al autor exponer, indirectamente, los límites. Este viaje imaginario es, ante todo, un pretexto con el que expresar su filosofía materialista y hacer una crítica de la sociedad y las ideas y creencias de la época. Los dos relatos fueron publicados a título póstumo, y después de la “expurgación” hecha por Le Bret.

Le Fragment de Physique / El Fragmento de Física (1662)

Antes de su muerte Cyrano preparaba un tratado de física, que se quedó en esbozo. Discípulo de Gassendi, se oponía rotundamente a los principios cartesianos que hacen de la existencia de Dios una realidad adquirida, mientras que él habla de la incertidumbre de la física: “aumentada por la ignorancia que tenemos de los secretos de Dios”. Madeleine Alcover pone en duda, en su edición, la atribución de este fragmento a Cyrano.

Cita

“Un hombre honesto no es ni francés, ni alemán, ni español, es Ciudadano del Mundo, y su patria está en todas partes”. ( Un honnête homme n’est ni Français, ni Allemand, ni Espagnol, il est Citoyen du monde, et sa patrie est partout).

Tragedia

La Mort d’Agrippine / La muerte de Agripina (1654)

Tragedia en cinco actos y en verso cuyo tema dominante es la mentira, motivo del diálogo entre los dos hombres; los dioses están excluidos, sobre todo en una escena en particular que produjo gran escándalo, y en la cual Sejanus manifiesta su ateísmo:

Ces beaux riens qu’on adore, et sans sçavoir pourquoy,
Ces alterez du sang des bestes qu’on assomme,
Ces Dieux que l’homme a faict, et qui n’ont point faict l’homme,
Des plus fermes Estats ce fantasque soustien,
Va, va, Térentius, qui les craint, ne craint rien.

Esas ínfimas cosas que uno adora, y sin saber porqué/esa alteración de la sangre de los crédulos que se doblegan/ Esos Dioses que el hombre ha creado, y que no pueden crear al hombre/De los más firmes Estados qué fantástico sostén/”Ve, Ve, Terencio, quien las cree, no cree en nada

Murió el 28 de julio de 1655, en Sannois, a los 36 años como consecuencia de las heridas que le causó una viga al caerle encima.

Sus obras han sido editadas muchas veces, sobre todo en París, en 1741, en 1851 por M. Leblanc Duvernet, y en 1858 por el bibliófilo Jacob

Cyrano de Bergerac en la ficción, películas, teatro y ópera

En la actualidad es más conocido por la obra Cyrano de Bergerac de Edmond Rostand, en la que se narra una época de su vida, que por sus propias obras.

La obra ha sido traducida y llevada a escena muchas veces. Ha sido el tema de varias películas, incluyendo una versión de 1950 con José Ferrer, una versión francesa de 1990 protagonizada por Gérard Depardieu y una comedia hecha en Hollywood, llamada Roxanne con Steve Martin.

Adaptaciones a la ópera: Victor Herbert(1859-1924) libreto escrito por H.B. Smith & S. Reed en 1899 en la ciudad de Nueva York; Walter Damrosch (1862-1950) libreto hecho por W.J. Henderson estrenada en la Ópera del Metropolitan de Nueva York en 1913; Franco Alfano libreto de Henri Cain, estrenada en 1936 y puesta nuevamente en escena en el la Ópera del Metropolitan de Nueva York en 2005-06 con Plácido Domingo como Cyrano. Eino Tamberg (n. Estonia, 27 de mayo de 1930) libreto de J. Kross, interpretada en Teatro de Estonia, Tallinn, 1976.

Uno de los personajes principales de las novelas del Mundo del Río de Philip José Farmer es una versión ficticia de Cyrano. En el libro, es visitado por X, el Misterioso Extraño, que le dice que ha de ir al Estado de Parolando y enrolarse en la tripulación de Sam Clemens para llegar a la Torre de las Nieblas. Clemens en un principio siente celos de Cyrano, pues este ha tomado de compañera a la antigua esposa de aquél. Por ello, Cyrano se queda en Parolando sin partir en ninguno de los dos barcos que salen de allí: el Rex Grandissimus, robado por Juan Sin Tierra, y el No Se Alquila, capitaneado por el propio Clemens. Participará en la construcción y capitaneo de un dirigible, el Parseval, con el que pretenden realizar la exploración preliminar de la Torre. Llegan a esta, pero cuando un misterioso ataque asesina al capitán Milton Firebrass, deciden regresar. Descubren demasiado tarde que hay un traidor (en realidad, X), que pone una bomba y escapa.

Único superviviente de la catástrofe aérea, se reincorpora al No Se Alquila, ahora ya sin ser destinatario de los celos de Sam. Cyrano capitaneará un ataque fallido al Rex para secuestrar a Juan, en el transcurso del cual luchará contra Richard Francis Burton, al que vencerá por poco. En la batalla final del Rex contra el No Se Alquila, Burton y Cyrano se encuentran de nuevo; deciden luchar a primera sangre. Pierde Cyrano, pero cuando van a salir juntos del barco que se hunde, Alice Hargreaves, compañera de Burton, interpreta mal la situación y mata a Cyrano con una pistola.

Obras

  • Las Mazarinadas (Les Mazarinades) – 1649
  • La muerte de Agripina (La mort d’Agrippine) – 1653
  • Cartas (Lettres) – 1654
  • El pedante burlado (Le pédant joué) – 1654
  • Los comentarios agudos (Les entretiens pointus)-1654
  • El otro mundo (L’autre monde) – 1650:
    • Historia cómica de los Estados e imperios de la Luna (Histoire comiqué des Estats et empires de la Lune) – 1650
    • Historia cómica de los Estados e imperios del Sol (Histoire comiqué des Estats et empires du Soleil) – 1662
  • El fragmento de Física (Le fragment de Physique) – 1662
  • Viaje a la Luna

Fuente.

Audio.

Lope de Aguirre

Lope de Aguirre (nacido hacia 1510 y muerto el 27 de octubre de 1561), apodado El Loco por los españoles, también El Peregrino como se denominaba a sí mismo y El Tirano fue un explorador y conquistador español de Sudamérica que posteriormente se rebeló contra la monarquía española.

Biografía

Aguirre nació hacia 1510 en el Valle de Araotz del Señorío de Oñate, entonces perteneciente al Reino de Castilla. Araotz pertenece actualmente al municipio de Oñate en la Provincia de Guipúzcoa (País Vasco, Reino de España). Aguirre se rebeló contra el rey Felipe II de España, al que envió cartas con un lenguaje correcto pero rebelde. Como consecuencia, él y sus hombres fueron perseguidos a lo largo de miles de millas. Aguirre murió en 1561 en Barquisimeto, Venezuela.

Según el cronista del siglo XVI, Ibarguen-Cachopin, Lope de Aguirre había nacido en el Valle de Aramayona, Álava:

Uno deste apellido de Aguirre, llamado Pedro de Aguirre, que fue vezino del valle de Aramayona, en tienpo del enperador Carlo quinto nuestro señor de gloriosa memoria, se llevantó con una parte de la India, porque deseando benir de allá a su tierra de acá porque estava muy rico y balido, aunque pidió liçençia para ello dibersas bezes, no se la quisieron dar, por lo cual se amotinó y, juntándose con algunos de su cuadrilla y allegados, se apoderó de una gran parte de la tierra, de tal suerte que se llamava rey. Y a cavo de poco tienpo, no le suçediendo las cosas conforme su boluntad deseava, fue preso juntamente con una hija suya, a la cual él mató con una daga, diçiéndola que más balía que muriese siendo hija de rey que no que la llamasen después hija de traidor. Este Pedro de Aguirre, como digo, fue vezino e natural del balle de Aramayona, de la anteiglesia de Sant Estevan de Urívarri, y como su padre tuviese otros hijos en quien dexó su casería y açienda, le puso a este moço a çer çapatero en la çiudad de Vitoria, donde forçó una donçella, por lo cual fue condenado a pena de horca y açer cuartos. [fol.16r.] Y haziéndose diligençias defensibas sobre ello, y aviendo contentado a la parte, se tuvo horden e modo como el carçelero se descuidase, y con esto el moço uyó e pasó en Indias, donde se casó y enriqueçió. E por su sobervia le suçedió lo que abéis oido, donde pagó con la vida lo que escusó en Vitoria. Éste tomó el apellido de Aguirre sólo porque él se crió en la casa de Aguirre de Urívarri de Aramayona, e no por que fuese deçendiente de ninguna casa de Aguirre, porque su madre, después de muerto su padre, fue y se casó segunda vez a esta casa de Aguirre con Estívaliz de Aguirre, dueño desta casa, siendo ella primero casada en el barrio de Saola en la anteiglesia de San Joan de Ascoaga. Y este Pedro de Aguirre, porque la casa de su dependençia donde naçió y la casa de Aguirre donde se crió, por ser anbas a dos deudoras y tributarias al señor de Aramayona, por esto allá en las Indias sienpre dixo e publicó que hera natural vizcaíno e dependiente legítimo de la casa y solar de Aguirre del lugar de Gabiria del prinçipado de Areria, siendo al contrario la berdad, por pasar el cuento deste caso como está referido

Ibarguen-Cachopin Kronika del siglo XVI

Guerras civiles del Perú

Cuando Francisco Pizarro volvió de Perú con las noticias de los fabulosos tesoros, Aguirre se encontraba en Sevilla, con 21 años. Las noticias de grandes cantidades de oro le animaron a alistarse en una expedición de 250 hombres bajo el mando de Rodrigo Buran. Llegó a Perú hacia 1536 o 1537, y pronto fue conocido por su violencia, crueldad y tendencias sediciosas.

Se enrola junto con Cristóbal Vaca de Castro y en 1538 participó entre otras en la Batalla de las Salinas. En 1544 estaba del lado del primer virrey del Perú, Blasco Núñez Vela, que llegó de España con órdenes de implantar las Leyes Nuevas, acabar con las encomiendas y liberar a los nativos. A los conquistadores que ya estaban en Perú no les gustaron estas leyes, que les prohibían explotar a los indios. Esto llevó a que Gonzalo Pizarro y Francisco de Carvajal organizaran un ejército con la intención de suprimir estas leyes y derrotaran a Núñez en 1546. Lope de Aguirre, sin embargo, tomó parte en el complot de Melchor Verdugo para liberar al virrey y así se enfrentó a Gonzalo Pizarro. Después de que este intento fracasara, escaparon de Lima a Cajamarca y comenzaron a reclutar hombres para ayudar al virrey. Mientras tanto, el virrey había escapado por mar a Tumbes y había formado un pequeño ejército, pensando en que todo el país se levantaría en favor del poder real. Entre todas sus aventuras fue herido en el pie derecho, lo que provocó una cojera permenente, y sus manos fueron quemadas al disparar un arcabuz defectuoso.

La resistencia del virrey a Gonzalo Pizarro y su ayudante Francisco de Carvajal, conocido como El Demonio de los Andes, duró dos años. Finalmente fue derrotado en Añaquito el 18 de enero de 1546. Melchor Verdugo y Lope de Aguirre habían huido a Nicaragua embarcando en Trujillo con 33 hombres. Melchor Verdugo había otorgado el rango de capitán a Rodrigo de Esquivel y Nuño de Guzmán; sargento mayor, a Lope de Aguirre, y contador, a P. Henao. Henao participaría posteriormente en la expedición de Pedro de Ursúa a Omagua y El Dorado.

En 1551 Lope de Aguirre volvió a Potosí (entonces parte de Perú). El juez Francisco de Esquivel le arrestó, acusándole de haber infringido las leyes de protección de los indios. El juez no tuvo en cuenta las razones de Aguirre y su defensa, que argumentaba que era hidalgo de buena familia, y fue sentenciado a ser azotado públicamente. Con su orgullo herido, Aguirre esperó hasta el final del mandato del juez. Temeroso de la venganza de Aguirre, el juez se escondía y cambiaba de residencia constantemente. Aguirre lo persiguió a Quito y después, de vuelta, a Cuzco. Cuenta la leyenda que Aguirre persiguió a Esquivel a pie durante tres años y cuatro meses, durante los que recorrió unos 6.000 kilómetros. Finalmente, Aguirre consumó su venganza en la mansión del magistrado en Cuzco. Fue condenado a muerte por este asesinato

El viaje de los marañones

En 1560, poco antes de ser relevado en el cargo, el Virrey Andrés Hurtado de Mendoza organizó una expedición para la conquista del llamado El Dorado. Pensaba de esta forma alejar del Perú a los numerosos soldados y mercenarios, que pobres y/o resentidos tras las recién acabadas guerras civiles, pudieran causar nuevamente problemas o alterar el orden ahora vigente. Suponía el Virrey que las expectativas de pronta riqueza animaría a muchos de ellos a alistarse en la empresa.

Al frente del veterano Pedro de Ursúa, el 26 de septiembre de 1560 partieron los expedicionarios navegando por el río Marañón (por ello adoptaron el sobrenombre de marañones). Eran algo más de 300 españoles, algunas decenas de esclavos negros y unos 500 sirvientes indios, embarcados en dos bergantines, dos barcazas chatas y unas cuantas balsas y canoas. Entre ellos figuraban Lope de Aguirre y su joven hija mestiza, llamada Elvira. Úrsua dio rienda a la desconfianza porque solo pensaba en su amante mestiza Inés de Atienza.

Un año más tarde Aguirre participó en el derrocamiento y asesinato de Ursúa y poco después a su sucesor, Fernando de Guzmán, al que posteriormente sucedería Aguirre. Aguirre y sus hombres alcanzaron el Océano Atlántico (probablemente por el Río Orinoco) causando estragos entre las poblaciones nativas a su paso. El 23 de marzo de 1561, Aguirre instó a 186 capitanes y soldados a firmar una declaración de guerra al Imperio Español y que le proclamaba príncipe de Perú, Tierra Firme y Chile. Mandó una carta a Felipe II explicándole sus planes de libertad y autogobierno y firmando con el sobrenombre de el traidor. Se deshace de Inés matándola, al haber disputas entre sus hombres por estar con ella.

En 1561 tomó la Isla de Margarita, controlándola con medidas de terror, ya que entraron a sangre y fuego matándo a más de 50 pobladores. Las poblaciones cercanas también fueron borradas del mapa. Mandó una nueva carta al rey español insultándole y esta vez firmando como el peregrino y como el Príncipe de la Libertad. Sin embargo, cuando pasó al continente en su intento de tomar Panamá, su abierta rebelión contra la monarquía española cambió de curso. Rodeado en Barquisimeto, desesperadamente llegó a matar a puñaladas a su propia hija, Elvira, “porque alguien a quien quiero tanto no debería llegar a acostarse con personas ruines”. También mató a varios de sus seguidores que intentaron capturarle. Finalmente dos de los marañones le apuntaron con sus arcabuces; uno de ellos disparó pero solo consiguió rozarle, causando la mofa de Aguirre, sin embargo el otro marañón si acertó matándolo en el acto. Su cuerpo fue descuartizado y enviado a varias ciudades de Venezuela, en donde sus restos fueron comidos por los perros. Su cabeza fue enjaulada y enviada a El Tocuyo. En un juicio post mortem fue declarado culpable de delito de lesa majestad.

Durante 10 meses llegó a asesinar a 72 personas de su expedición que él consideraba que no eran útiles o no estaban implicados en la empresa.

Curiosidades

  • Simón Bolívar dejó escrito que la rebelión de Lope de Aguirre fue la primera declaración de independencia de una región de América.
  • Existen al menos dos adaptaciones al cómic de la historia de Lope de Aguirre, una del uruguayo Alberto Breccia, realizada originalmente para el mercado argentino, y otra de su hijo Enrique, para el mercado europeo. Curiosamente, ambas fueron realizadas y publicadas casi al mismo tiempo.
  • La Playa de El Tirano (también conocida como Puerto Fermín), al noreste de la isla de Margarita, nos recuerda el paso de Lope de Aguirre por tierras venezolanas.
  • La banda venezolana de Rock Gillman posee un tema referente a la historia de Aguirre en el álbum “Escalofríos” (1994), titulado “El tirano Aguirre”.
  • En España varias localidades tienen alguna calle dedicada al Conquistador; es el caso de Roquetas de Mar (Almería), Torre-Pacheco (Murcia), Pozo Estrecho (Murcia) y por supuesto, su localidad natal, Oñate.

Texto

Vincent van Gogh

Vincent van Gogh

Vincent Willem van Gogh [vɪnˈsɛnt vɑn'xɔx] (oriundo del pueblecito holandés de Groot-Zundert *30 de marzo de 1853 – † 29 de julio de 1890) fue un pintor holandés y figura destacada del Postimpresionismo. Llegó a pintar 900 cuadros (27 de ellos autorretratos) y 1.600 dibujos, además de 800 cartas, 650 de ellas a su hermano menor Theo Van Gogh.

Vida y muerte

Era el mayor de seis hermanos. Nació en Zundert, el 30 de marzo de 1853 Brabante Septentrional, hijo de un austero y humilde pastor protestante holandés, Theodorus van Gogh y de Anna Cornelia Carbentus. Recibió los mismos nombres -Vincent Willem- que se impusieran a un hermano que nació muerto justo un año antes que él, el mismo día 30 de marzo; como si fuera un presagio de su original y atormentada existencia. El primer paisaje que vio fue el de la tumba de su hermano muerto. Fue muy temperamental desde su infancia y siempre buscó la muerte, pero a través de la vida. Durante la infancia asistió a la escuela de manera discontinua e irregular y, aunque no fue buen estudiante, allí fue donde empezó a aficionarse a la pintura. Durante toda su vida se enorgulleció de ser un gran autodidacta. Pese a su dedicación a los dibujos, muchos maestros de este arte le dijeron que nunca iba a ser un pintor profesional porque no sabía pintar. A pesar de estos informes, Van Gogh no se rindió y a los diecisiete años entró como aprendiz en Goupil & Co. -luego Boussod & Valadon-, importante compañía internacional de comercio de arte, ramo en el que su familia tenía, al parecer, alguna tradición. Además de las oficinas de La Haya, trabajó en la sucursal de Londres entre 1873 y 1875. Tras ser destinado a París, donde ya había estado tres meses, la inadaptación de Vincent al negocio se hizo tan evidente que fue despedido. En Boussod & Valadon quedó, sin embargo, su hermano Theo, cuatro años menor que él, que trabajaría allí desde 1873 hasta su muerte y sin cuya abnegación nunca hubiera sido posible la corta e intensa carrera artística de su hermano mayor.

A su vuelta de Inglaterra se obsesionó con La Biblia y quiso hacerse teólogo y estudió para ello en la Universidad de Leiden. Para demostrar su profunda creencia en la religión cristiana pidió ser misionero en varias compañías, pero fue rechazado por no saber ni latín ni griego. Un dirigente se compadeció de él por su profundo fervor y lo mandó como misionero a las minas de Borinage, en Bélgica. Allí durante 22 meses dio todo lo que tenía a los mineros: ropa, dinero y comida, además de realizar sus primeras pinturas. Estuvo demasiado abstraído en la religión y muchos le llegaron a temer. Decía que estaba obligado a creer en Dios para poder soportar tantas desgracias.

La familia de Vincent van Gogh – Padres e hijos

La familia de Vincent van Gogh – Padres e hijos

En 1881 empezó su etapa de pintar de forma regular y empezó retratando a campesinos, que según decía eran lo único natural que quedaba ante la irrupción de la sociedad industrial. Una de estas obras fue la llamada “Los comedores de patata”.

En 1886 se mudó a París, para vivir junto a su hermano menor Theo Van Gogh, quien sería el soporte más fuerte de su vida y de sus aspiraciones artísticas. Se instalaron en Montmartre y empezó a codearse con los artistas de la época que allí se reunían creciendo como pintor y como ser humano. Conoció a Émile Bernard y a Henri de Toulouse-Lautrec, haciéndose gran amigo de ellos. Van Gogh como muchos pintores de la época admiraba el arte japonés-cífrense: Hokusai, Hiroshige, Utamaro…, prueba de ello son las réplicas que realizó de grabados japoneses y algunas pinturas suyas que reproducen pinturas de ese país a manera escenográfica.

A la izquierda, grabado de Hiroshige representando El puente Ōhashi en Atake bajo una lluvia repentina; a la derecha, copia de Van Gogh de este grabado japonés: Japonaiserie: Puente bajo la lluvia, 1887, óleo sobre lienzo, 73 x 54 cm, Rijksmuseum, Fundación Van Gogh, Ámsterdam

Puente bajo la lluvia, 1887, óleo sobre lienzo, 73 x 54 cm, Rijksmuseum, Fundación Van Gogh, Ámsterdam

Autorretrato dedicado a Gauguin

Autorretrato dedicado a Gauguin

En 1888 se instaló en Arlés al sur de Francia, con la intención de crear un taller de artistas en su casa, llamada la casa amarilla, el color favorito de Vincent. El único que atendió a su petición del taller fue Paul Gauguin, que se desplazó hasta allí. Vincent le hizo un cuadro de bienvenida, “La Habitación” y pasaron juntos una temporada, en la cual los desórdenes mentales de Vincent impidieron que la relación se mantuviera. En la tarde del 23 de Diciembre de 1888 Van Gogh y Paul Gauguin tuvieron un altercado en el cual se dijo que Van Gogh amenazó a Gauguin con una navaja. Más tarde esa noche Van Gogh volvió a la “Casa Amarilla” en Arles donde él vivía y se mutiló. Sosteniendo la navaja abierta en su mano derecha, rebanó su oreja derecha, comenzando arriba en la parte de atrás y descendiendo de forma que toda la parte inferior de la oreja fue cortada de un tajo. Esto dejó parte de la porción superior de la oreja asida como una horrible solapa de carne. Van Gogh luego envolvió la oreja en un paño y se las arregló para ir a su burdel favorito donde le presentó este “regalo” a una prostituta. Llamaron a la policía y Van Gogh fue posteriormente hospitalizado. El tejido dañado de la oreja fue puesto en un frasco con alcohol en caso que se necesitara como prueba. Algunos meses después fue desechado.

Regresó a Arlés junto con un amigo para ir a su casa, en donde descubren que sus cuadros estaban cubiertos por el moho y rasgados por los envidiosos vecinos lo que provocó otra depresión al artista. Los últimos años de Van Gogh estuvieron marcados por sus permanentes problemas psíquicos, que lo llevaron a ser recluido en sanatorios mentales de forma voluntaria, entre los que se encontraba el asilo de Saint-Remiy, donde realizó los cuadros de cipreses y La noche estrellada, expuesta en los independientes en 1889. En el sanatorio de Saint-Rémy-de-Provence le es habilitada una habitación para que siga pintando. Aquí empezó una frenética vida artística inspirándose en Rembrandt. En mayo de 1890 un amigo de Theo, el doctor Paul Gachet, le invita a que le haga diversas consultas y, como Vincent no tiene dinero, le paga haciéndole un retrato. Durante los últimos treinta meses de vida llegó a realizar 500 obras y en sus últimos 69 días firmó hasta 79 cuadros.

Pero la estrecha relación con su hermano, quien sostenía a Vincent económicamente, lo alentaba moralmente. Su comportamiento agresivo y solitario le hacía ser un paria en los diferentes sitios donde habitaba y vivir una existencia de frustraciones amorosas al ser rechazado por cada una de sus pretendidas.

Inmediatamente después de acabar su inquietante Cuervos sobre el trigal se disparó un tiro en el estómago el 27 de julio de 1890. A pesar de su herida se arrastró de vuelta a casa donde murió el 29 de julio de 1890 dos días después en brazos de su hermano Theo, “Yo arriesgué mi vida por mi trabajo, y mi razón siempre fue menoscabada”: éstas son las palabras de Vincent en su última carta encontrada en su bolsillo el 29 de julio de 1890. Realizó cerca de 750 cuadros y 1600 dibujos. En 1973 fue inagurado en Amsterdam el Museo de Vincent Van Gogh.

Antonin Artaud, con un extenso poema en prosa, da la noción de la calidad de Van Gogh; basta leer algunos fragmentos de tal poema:

(…) Regreso al cuadro de los cuervos;¿quién ha visto como, en ese cuadro, equivale la tierra al mar?(…)el mar es azul pero no de un azul de agua sino de pintura líquida(…)Van Gogh ha retornado los colores a la naturaleza, pero, a él, ¿quién se los devolverá?(…) aquél que supo pintar tantos soles embriagados sobre tantas parvas sublevadas, el Café de Arlés, la recolección de las olivas, los aliscampos; (…) ‘El puente’, sobre un agua en donde se tiene el irrefrenable deseo de hundir el dedo en un movimiento de regresión violenta a la infancia,(…).


Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe

Edgar Allan Poe (19 de enero de 1809 – 7 de octubre de 1849) fue un escritor, poeta y crítico romántico estadounidense, unánimemente reconocido como uno de los maestros universales del relato corto. Es considerado el padre del cuento de terror psicológico y del short story (relato corto) en su país. Fue el iniciador asimismo del relato detectivesco, precursor de la literatura de ciencia ficción, y renovador de la llamada novela gótica.

Ejerció gran influencia en la literatura simbolista francesa, pero su importancia llega mucho más lejos: son deudores suyos toda la literatura de fantasmas victoriana, y, en mayor o menor medida, autores tan dispares e importantes como Baudelaire, Dostoyevski, Kafka, Lovecraft, Borges, Cortázar, etc. Su obra poética magistral El cuervo, es traducida por primera vez al español en el año 1887, por el poeta venezolano Juan Antonio Pérez Bonalde.

En una de sus cartas, dejó escrito:

Mi vida ha sido capricho, impulso, pasión, anhelo de la soledad, mofa de las cosas de este mundo; un honesto deseo de futuro.
A James R. Lowell, 02/07/1844

Primeros años

Nacido en Boston, Massachussets, en 1809, era el segundo de los tres hijos de un humilde matrimonio de actores, David Poe y Elisabeth Arnold, de ascendencia irlandesa e inglesa respectivamente. Su hermano mayor se llamaba William Henry Leonard, y su hermana menor, Rosalie. Edgar pudo haber recibido dicho nombre por un personaje de William Shakespeare que aparece en la obra El rey Lear, que representaban los padres en 1809, año de su nacimiento. David Poe abandonó a su familia en 1810, y su madre murió un año después de tuberculosis; tenía 24 años. Lo único que conservó Poe de sus padres biológicos fue un retrato de su madre y un dibujo del puerto de Boston. A su hermana Rosalie le correspondió un joyero vacío. Fue entonces acogido por el matrimonio formado por Frances y John Allan, de Richmond (Virginia). Su padrastro, del cual Edgar tomaría el apellido, fue un acaudalado hombre de negocios de ascendencia escocesa. Sus negocios incluían el tabaco, tejidos, tés y cafés, vinos y licores, grano, lápidas, caballos y aun el comercio de esclavos;hombre colérico e intransigente, desempeñó un papel destacado —negativamente hablando— en la vida del escritor. Se sabe que John Allan tuvo hijos naturales fuera del matrimonio. Los Allan acogieron al niño, pero nunca lo adoptaron formalmente aunque le dieron el nombre de “Edgar Allan Poe”. Su madrastra, que no había podido tener hijos, sentía verdadera devoción por el muchacho y lo quiso y mimó siempre. Edgar recibió una buena educación sureña, y pasaba el tiempo leyendo las revistas inglesas que encontraba en los almacenes de su padrastro, y escuchando numerosas leyendas que nutrieron su imaginación, como las marineras que contaban los capitanes de veleros que se acercaban a Richmond. Alguna de estas leyendas inspirarían en su momento una de sus obras fundamentales: La narración de Arthur Gordon Pymm.

La familia Allan se trasladó a Inglaterra en 1815, cuando Poe contaba seis años. Poe asistió a un colegió en Irvine, Escocia (el pueblo donde había nacido John Allan), durante un corto periodo, pero que lo puso en contacto con la cultura y el viejo folklore escocés. Posteriormente la familia se trasladó a Londres (1816). Edgar estudió en un internado de Chelsea hasta el verano de 1817. Más tarde ingresó en el colegio del Reverendo John Bransby en Stoke Newington, que entonces era un suburbio al norte de Londres. Allí aprendió a hablar francés y a escribir en latín. De estas vivencias y de la contemplación paisajes y arquitecturas góticos de Gran Bretaña nacerían años después relatos como William Wilson.

Poe regresó a con los Allan a Richmond, Virginia, en 1820. En 1825, el amigo de John Allan William Galt, considerado el hombre más rico de Richmond, murió, dejando a Allan muchos acres de tierra en herencia. El monto de la misma fue estimado en 750.000 dólares, lo que en aquella época era una suma considerable. En ese mismo año, Allan celebró este espectacular aumento de fortuna comprando una imponente casa de ladrillo de dos plantas, llamada “Moldavia”.

Universidad de Virginia

Por esa época, Poe pudo haber tenido una relación sentimental con Sarah Elmira Royster, quien reaparecería al final de su vida. Esta relación sería previa a su matriculación en la Universidad de Virginia, en Charlottesville, en febrero de 1826, para estudiar lenguas. La universidad, en sus primeros años, acataba los ideales de su fundador, Thomas Jefferson. Estos eran muy estrictos en lo tocante al juego, los caballos, las armas, el tabaco y el alcohol, pero estas normas en realidad apenas se respetaban. Jefferson había establecido un sistema de autogobierno para los estudiantes, permitiendo a los mismos elegir sus materias de estudio, organizar su propia manutención e informar a las autoridades de las irregularidades o faltas que se cometiesen. Este régimen tan singular había convertido a la comunidad escolar en un caos, registrándose una tasa muy elevada de absentismo.

En el tiempo que Poe pasó allí, perdió contacto con Elmira Royster, y lo peor: se enemistó con su padrastro debido a sus deudas de juego. Según Cortázar, es en esta época en la que por primera vez se relaciona a Poe con el alcohol. «El clima de la Universidad era tan favorable como el de una taberna: Poe jugaba, perdía casi invariablemente, y bebía.» De todos modos, Poe lee y traduce las lenguas clásicas sin esfuerzo aparente, ganándose la admiración de profesores y condiscípulos. Lee también, infatigablemente, historia, historia natural, matemáticas, astronomía, poesía y novela. Poe se quejaba de que Allan no le enviaba suficiente dinero para las clases, para comprar libros y para poder amueblar su dormitorio. Pese a que Allan accedió a enviar dinero, las deudas de su hijo adoptivo no hicieron más que crecer El futuro escritor abandonó la universidad finalmente al cabo de un año, y no sintiéndose a gusto en Richmond (especialmente al enterarse de que Elmira acababa de casarse con un tal Alexander Shelton), se desplaza a Boston, en abril de 1827, manteniéndose mediante trabajos casuales como el de dependiente o periodista. En esta etapa uso el pseudónimo ‘Henri Le Rennet’.

Carrera militar, primeros escritos

Imagen de Edgar Allan Poe.

Imagen de Edgar Allan Poe.

El 27 de mayo de 1827, incapaz de sobrevivir por sí mismo, se alista en el ejército como soldado raso, bajo el nombre de ‘Edgar A. Perry’. Aunque tenía 18 años firmó que tenía 22. Sirvió por primera vez en Fort Independence, en el puerto de Boston. Su sueldo era de cinco dólares al mes.

En ese mismo año (1827) publicó su primer libro, un opúsculo de poesía de 40 páginas que tituló Tamerlane and Other Poems (“Tamerlán y otros poemas”), firmado: “By a Bostonian” (‘por un bostoniano’). En el prólogo afirmó que casi todos los poemas habían sido escritos antes de los catorce años. Sólo se imprimieron 50 copias, y el libro pasó prácticamente desapercibido. El regimiento fue destinado en Fort Moultrie en Charleston, South Carolina y fue transportado allí por barco, el bergantín Waltham, el 8 de noviembre de 1827. Poe fue ascendido a artificiero, el soldado encargado de preparar los proyectiles de artillería, y que cobraba doble paga.Tras servir durante dos años, llegando a obtener el grado de sargento mayor de artillería (el más alto rango de suboficiales), Poe trató de acortar sus cinco años de alistamiento, revelando su verdadero nombre y circunstancias al oficial que estaba al mando de su unidad, teniente Howard. Howard prometió ayudarle sólo si Poe se reconciliaba con su padrastro, y escribió a tal fin a John Allan, quien se mostró inflexible. Pasaron los meses y las súplicas a Allan fueron desoídas; parece que Allan ni siquiera participó a Poe la grave enfermedad que aquejaba a Francis. Francis Allan murió el 28 de febrero de 1829, y Poe sólo pudo acudir a su casa el día siguiente al funeral. Frente a su tumba, no pudo resistir el dolor y cayó inanimado. Quizá suavizado por la muerte de su mujer, Allan accedió finalmente a ayudar a Poe a licenciarse, aunque a condición de que se alistase en la Academia de West Point.

Poe se licenció finalmente el 15 de abril de 1829, tras encontrar un sustituto que lo reemplazase en su puesto. Antes de marchar a West Point, se trasladó a Baltimore a pasar un tiempo con su tía viuda, Maria Clemm, su hija, Virginia Eliza Clemm (prima del poeta), con su hermano Henry, y su abuela inválida, Elizabeth Cairnes Poe. En ese tiempo, publicó su segundo libro: Al Aaraaf, Tamerlane and Minor Poems (Baltimore, 1829).

Poe viajó a West Point y se inscribió como cadete el 1 de julio de 1830.En octubre de ese mismo año, John Allan contrajo matrimonio con Louisa Patterson, su segunda esposa.Este matrimonio, y las peleas de Allan con Poe por sus hijos naturales provocaron el distanciamiento definitivo entre ambos. Poe no aguantó mucho tiempo la disciplina militar y provocó con su conducta que le juzgase una corte marcial. El 8 de febrero de 1831 fue acusado de grave abandono del servicio y desobediencia de las órdenes al negarse a formar, y no acudir a las clases ni a la iglesia. Se declaró inocente para provocar directamente su expulsión, a sabiendas de que sería encontrado culpable

Partió hacia Nueva York en ese mismo mes de febrero. Publicó un tercer libro de poemas, que tituló simplemente Poems. La publicación fue sufragada por sus compañeros de West Point, muchos de los cuales donaron 75 centavos a tal efecto. Poe logró así recaudar en total 170 dólares. Los compañeros se llevarían una sorpresa, pues esperaban que los poemas fuesen del tipo satírico que Poe escribía en West Point para burlarse de los oficiales al mando, y la obra es netamente romántica.El libro fue imprimido por Elam Bliss, de Nueva York, y apareció como “Segunda edición” con la siguiente dedicatoria: “Este libro está respetuosamente dedicado al Cuerpo de Cadetes de los Estados Unidos”. El libro reeditaba los poemas largos “Tamerlane” y “Al Aaraaf”, además de seis poemas inéditos, entre los cuales se hallaba la primera versión de “To Helen”, “Israfel” y “The City in the Sea”. Regresó a Baltimore con su tía, hermano y prima en el mes de marzo de 1831. Su hermano mayor, Henry, que había estado delicado de salud, en parte debido a su alcoholismo, murió el 1 de agosto de 1831. Poe quedó instalado en la buhardilla que había compartido con su hermano, y pudo trabajar con relativa comodidad. Su atención literaria, hasta el momento enfocada en exclusiva a la poesía, va a trasladarse al cuento, género más “vendible”, lo cual en esos momentos era de importancia capital para el escritor y su familia.

Poe, periodista

Tras la muerte de su hermano, Poe se esforzó de firme por labrarse una carrera como escritor, encontrando, sin embargo, grandes dificultades, debido a la situación en que se hallaba en periodismo en su país. Fue el primer estadounidense en esforzarse por vivir en exclusiva de la escritura Lo que más le perjudicó a tal efecto, fue la no existencia en su tiempo de una ley internacional de copyright. Los editores estadounidenses preferían piratear obras inglesas en lugar de pagar a sus conciudadanos por las suyas. La industria editorial estaba, por añadidura, muy afectada por la grave crisis económica que supuso el llamado Pánico de 1837.A pesar del gran auge experimentado por las publicaciones periódicas estadounidenses en ese período de tiempo, lo que fue impulsado en parte por las nuevas tecnologías, la mayoría no tocaban más un número reducido de temas y por otra parte los periodistas encontraban grandes dificultades para cobrar lo convenido a tiempo. Poe, en sus intentos por abrirse camino en este mundo se veía continuamente constreñido a pedir dinero a sus empleadores y a todo tipo de situaciones humillantes relacionadas con la cuestión ecónomica. Esta situación no mejoraría en toda su vida.

Poe se casó con su prima de 13 años, Virginia Clemm. Su muerte temprana pudo haber inspirado algunos de sus escritos.

Poe se casó con su prima de 13 años, Virginia Clemm. Su muerte temprana pudo haber inspirado algunos de sus escritos.

Tras sus primeros intentos poéticos, Poe dirigió sus miras a la prosa, por los motivos antedichos. En 1832 consigue publicar cinco relatos en el periódico Saturday courier, de Filadelfia, y en esa época empezó a trabajar en su único drama: Politian. En abril de 1833 envió una última carta a John Allan en la que le pedía desesperadamente ayuda: «En nombre de Dios, ten piedad de mí y sálvame de la destrucción.» Allan no le contestó. Afortunadamente, en esa época, el Saturday Visitor, un periódico de Baltimore, otorgó al escritor un premio de 50 dólares por su cuento Manuscrito encontrado en una botella. En 1834 murió su padrasto sin dejarle herencia, cosa que le afectó grandemente.

El relato Manuscrito hallado en una botella llamó la atención de John P. Kennedy, un acaudalado caballero de Baltimore que ayudó a Poe a publicar sus historias y lo presentó a Thomas W. White, editor del Southern Literary Messenger, de Richmond (Virginia), periódico al que Poe estuvo muy vinculado. Poe llegó a ser redactor en agosto de 1835; sin embargo, perdió el puesto al cabo de pocas semanas por ser sorprendido en estado de embriaguez en varias ocasiones. De vuelta en Baltimore, contrajo secretamente matrimonio con su prima; la fecha fue el 22 de septiembre de 1835. Ella contaba 13 años en ese momento aunque en el certificado de matrimonio aparecía registrada una edad de 21. Poe tenía 25. Readmitido por White con la promesa de mejorar su comportamiento, Poe volvió a Richmond con Virginia y su tía y suegra, Maria Clemm. Se mantuvo en el Messenger hasta enero de 1837. Durante este periodo la tirada de este periódico pasó de 700 ejemplares a 3.500. Publicó en él poemas, reseñas de libros, críticas literarias y relatos de ficción. En mayo de 1836 se celebró un segund casamiento con Virginia en Richmond, esta vez la ceremonia tuvo carácter público.

A mediados de 1838, se traslada al centro literario norteamericano de la época, Filadelfia, donde la familia se instala en una pobre pensión. Debido a las estrecheces que pasaban Poe se prestó a publicar con su nombre un texto de conquiliología que luego le acarrearía grandes dificultades, ya que fue acusado de plagio. Su novela La Narración de Arthur Gordon Pim fue publicada en 1938, obteniendo gran repercusión crítica. En el verano de 1839, Poe se convirtió en redactor jefe de la publicación Burton’s Gentleman’s Magazine . En ella sacó a la luz numerosos artículos, historias y reseñas, lo que contribuyó a incrementar la reputación que ya se había creado en el Southern Literary Messenger. También en 1839, la colección Tales of the Grotesque and Arabesque (“Cuentos de lo grotesco y arabesco”) se publicó en dos volúmenes, aunque el escritor hizo poco dinero con esta obra, la cual recibió críticas de distinto signo. Poe dejó el Burton’s después de colaborar en él aproximadamente un año. Más tarde se enroló en otro periódico: el Graham’s Magazine . Estos trabajos permitieron a Poe mejorar la situación de su esposa y la madre de ésta. Se trasladaron a vivir a una casa más agradable, la primera vivienda digna desde los tiempos de Richmond. La casa estaba en las afueras de la ciudad, y Poe tenía que caminar varias kilómetros diariamente para acudir al trabajo.

En junio de 1840, Poe publicó una información en el que anunciaba su intención de crear su propio diario, el Stylus. En principio, su intención era llamarlo The Penn, ya que estaría radicado en Filadelfia, Pensilvania. En el número del 6 de junio de 1840 del Saturday Evening Post, de dicha ciudad, Poe contrató un anuncio a tal efecto: «Información acerca del ‘Penn Magazine’, publicación literaria mensual que se editará próximamente en Filadelfia a cargo de Edgar A. Poe.» Pero estas iniciativas nunca llegarían a cuajar. Hacia esas fechas trató de obtener un puesto en la administración del presidente John Tyler, alegando pertenecer al Partido Whig. Expresó la esperanza de ser nombrado para la aduana (“Custom House”) de Filadelfia con la ayuda del hijo del presidente, Robert, que era conocido de un amigo de Poe llamado Thomas Frederick.

Poe, sin embargo, a mediados de septiembre de 1842, no se presentó a una reunión con Thomas para tratar de su nombramiento. Puso como excusa encontrarse indispuesto, pero Thomas creyó que lo que estaba era borracho. Posteriormente se prometió al escritor una nueva cita, pero finalmente todos los puestos disponibles fueron cubiertos por otras personas.

Fama precaria

Ilustración de Paul Gustave Doré de El cuervo, Edgar Allan Poe.

Ilustración de Paul Gustave Doré de El cuervo, Edgar Allan Poe.

En 1840, en la ciudad de Filadelfia, (Pensilvania) logró publicar, en dos volúmenes, una recopilación de sus relatos aparecidos en prensa: Tales of the Grotesque and Arabesque (Cuentos de lo grotesco y arabesco), que contenía algunas de sus obras más importantes (La caída de la Casa Usher, Ligeia, Manuscrito hallado en una botella) y hoy es considerado uno de los hitos más importantes en la historia de la literatura fantástica de todos los tiempos. Además, con El escarabajo de oro consiguió ganar otro concurso literario. Durante esta época sus cuentos se valoran y obtiene una gran reputación. Sin embargo, fue uno de sus poemas, El cuervo, el que le otorgó por fin fama nacional, tras ser publicado en el periódico Evening Mirror el 29 de enero de 1845. Cubierto de gloria, realiza en esta época una gira por el país recitando poemas y relatos gracias a su magnífica y embrujadora elocuencia, hecho del cual quedan multitud de referencias de sus contemporáneos.

Pero los buenos tiempos fueron efímeros. En 1846 quiebra su publicación, y al año siguiente su amada Virginia muere de tuberculosis (30 de enero de 1847). La desesperación y la depresión llaman de nuevo a su puerta y se entrega de nuevo al alcohol y a vagabundear por las calles. Lo que siguió fueron meses de desvarío y excesos, aunque surgen poemas como Ulalume y el ensayo cosmogónico Eureka.

Final

Según se aprecia en su correspondencia, Poe sufrió durante toda su vida fuertes depresiones nerviosas, de las que se defendía, como se ha visto, por medio del láudano y el alcohol. Fue además continuamente asediado por problemas económicos, muchas veces derivados de dichas aficiones. La enfermedad y posterior muerte de su mujer por tuberculosis (al igual que su madre biológica) en 1847, y varios fracasos posteriores (ya al final de su vida) en sus relaciones amorosas, agravaron su alcoholismo.

Placa colocada en el lugar de entierro original de Poe en Baltimore, Maryland, antes de su traslado.

Placa colocada en el lugar de entierro original de Poe en Baltimore, Maryland, antes de su traslado.

Buscó la compañía de mujeres como Marie Louise Shew, Annie Richmont o Sarah Helen Whitman. Hubo incluso propuestas de matrimonio, pero que no llegaron a cuajar. Un postrer reencuentro con un antiguo amor de juventud, Elmira, lo animó una vez más a contraer matrimonio; la novia puso la condición de que dejara sus malos hábitos. La fecha de la boda se concertó finalmente para el 17 de octubre de 1849. Se vio al escritor en la ciudad de Richmond entusiasmado, e incluso feliz, pero cuando el poeta se dirige a Baltimore con el propósito de visitar a unos amigos, se le pierde el rastro.

Descubrimiento de la nueva tumba de Poe en el cementerio de Westminster, en Baltimore.

Descubrimiento de la nueva tumba de Poe en el cementerio de Westminster, en Baltimore.

El 3 de octubre de 1849 fue encontrado en estado de desvarío, y vestido con ropas que no le correspondían, frente a una taberna en la ciudad de Baltimore, Maryland. Probablemente afectado de delirium tremens, fue trasladado al Washington College Hospital, donde fue atendido por el doctor James E. Snodgrass. Sufrió alucinaciones, delirios y extravíos, y opuso resistencia a los enfermeros[cita requerida], alternado esto con episodios de lucidez. Al final murió en la madrugada del 7 de octubre. La leyenda, recogida por Julio Cortázar en el prólogo a sus traducciones de Poe, cuenta que en sus últimos momentos invocaba obsesivamente a un explorador polar, llamado Reynolds, que había servido de referente para su novela de aventuras fantásticas La narración de Arthur Gordon Pym, y que al expirar pronunció estas palabras: “¡Que Dios se apiade de mi pobre alma!”.

La causa precisa de su muerte es aún hoy controvertida, habiéndose señalado la posibilidad de que sufriera diabetes, varios tipos de deficiencias enzimáticas, e incluso rabia. El doctor James E. Snodgrass escribiría después de la muerte de Poe sobre las circunstancias en que se lo encontró y sus últimas horas.

Dentro de la obra epistolar de Poe, intensa durante toda su vida, es de lectura particularmente sobrecogedora la que se refiere a sus últimos meses. En estas cartas el poeta daba continuas pruebas de su deseo de morir, y en alguna ocasión incluso pidió a su tía, Maria Clemm, el único ser vivo con el que le unía una tierna afectividad, que muriera a su lado.

No nos queda sino morir juntos. Ahora ya de nada sirve razonar conmigo; no puedo más, tengo que morir. Desde que publiqué Eureka, no tengo deseos de seguir con vida. No puedo terminar nada más. Por tu amor era dulce la vida, pero hemos de morir juntos (…) Desde que me encuentro aquí he estado una vez en prisión por embriaguez, pero aquella vez no estaba borracho. Fue por Virginia.

A Maria Clemm, 07/07/1849

Personalidad

Dotado de una gran inteligencia, Edgar Allan Poe era un hombre muy cortés pero de una fiereza sin igual, lo que le enemistó con numerosas personas. Sus amigos se sorprendían por su aspecto cuidado al extremo y la claridad de su elocución. Sus manuscritos se caracterizan por la consistencia, la regularidad y la elegancia de su escritura además de por la ausencia de tachones. A menudo, escribía en hojas de cuaderno que posteriormente pegaba unas con otras hasta crear rollos. Sus manuscritos revelan una inteligencia que «no dormía nunca», una independencia extrema respecto a sus convicciones y que controla o busca siempre controlar una extraordinaria sensibilidad, después de todo, un «cerebral».

Obra

Aparte de las influencias de Walter Scott y Byron, estuvo muy versado por su trabajo en toda la literatura contemporánea y, por su tendencia natural, en la novela gótica anterior, así como en los románticos ingleses y alemanes. Poe cultivó tanto la narrativa como la poesía y el ensayo, realizando aportes originales (lo cual suponía una ley para él) en estos campos. Se le considera una gran influencia en el Simbolismo dentro del género poético, y especialmente sobre su traductor al francés, el poeta Charles Baudelaire, creador de esta escuela en Francia, aunque no está de más aclarar que esta influencia fue estrictamente temática y no formal. Se inspiró en escritores góticos como Nathaniel Hawthorne, Ann Radcliffe, William Godwin y E.T.A. Hoffmann y reformó la novela gótica al aportarle, por un lado, elementos más intensos y terroríficos (visiones de pesadilla, asesinatos monstruosos, cadáveres en descomposición…) y, por otro, el llamado terror psicológico, que consigue calar más hondo en el lector debido a la fácil identificación que éste establece con los personajes.

Cuentos

Su contribución más importante a la historia de la literatura la constituyen los relatos cortos de todo género. Es de destacar en los mismos su factura equilibrada y el elevado nivel artístico. Dotado de una gran inteligencia y de una poderosa imaginación, Poe era maestro absoluto en el campo del misterio, así como en la recreación de atmósferas preñadas de efluvios malsanos y fantasmales, mientras que, en el terreno técnico, su dominio del tempo o ritmo narrativo no tenía igual. Julio Cortázar, gran admirador suyo, hacía hincapié en la gran parquedad o «economía de medios» de que hacía gala para lograr sus propósitos (véase El barril de amontillado).

Sus cuentos más importantes pertenecen al género fantástico y de terror: Manuscrito hallado en una botella (por el que recibió su primer premio literario), El gato negro, El pozo y el péndulo, El corazón delator, La caída de la Casa Usher, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, El entierro prematuro, Ligeia, etc. Estos escalofriantes relatos han fascinado a generaciones enteras de lectores y cuentistas del género macabro, y sobre el oscuro simbolismo a ellos inherente han corrido ríos de tinta.

Ya no se advirtieron más señales de vida en Valdemar y, opinando que había fallecido, lo confiamos al cuidado de los enfermeros. En ese momento observamos un intenso movimiento vibratorio en la lengua. El hecho continuó por espacio quizá de un minuto. Al terminar este periodo, brotó de las distendidas e inmóviles mandíbulas una voz, una voz que sería una locura intentar describir.

(De «La verdad sobre el caso del señor Valdemar», 1845)

Para transmitir la sensación de inquietud y terror la acción a menudo transcurría en un solo lugar, en donde todos los detalles estaban subordinados al conjunto y cualquier elemento de poco interés sobraba. Un buen ejemplo de relato corto de terror de Poe puede ser el primero que publicó, Metzengerstein. Dicho relato es de gran interés en el contexto de la obra poeana, ya que revela como ningún otro la transición desarrollada por el autor entre la novela gótica tradicional y el moderno relato macabro. Metzengerstein reúne pasajes y elementos plenamente románticos: la ruina de una familia ilustre, un viejo castillo, un barón disoluto…, pero no cuenta el pasado de dicha familia, y tampoco contiene historia de amor alguna. De principio a fin es un relato de horror y fatalidad.

En cuanto a su técnica, en palabras de Cortázar, Poe «Comprendió que la eficacia de un cuento depende de su intensidad como acaecimiento (…) Cada palabra debe confluir, concurrir al acaecimiento, a la cosa que ocurre, y esta cosa que ocurre debe ser sólo acaecimiento y no alegoría (como en muchos cuentos de Hawthorne, por ejemplo) o pretexto para genealizaciones psicológicias, éticas o didácticas (…) La cosa que ocurre debe ser intensa. Aquí Poe no se planteó estériles cuestiones de fondo y forma; era demasiado lúcido como para no advertir que un cuento es un organismo, un ser que respira y late, y que su vida consiste -como la nuestra- en un núcleo animado inseparable de sus manifestaciones

Poe valoraba en el relato corto por encima de todo la imaginación, así como la originalidad y la verosimilitud. Por lo tanto, el criterio que primaba en este tipo de relatos era exclusivamente estético. Según el crítico Félix Martín, «Conocidos fueron sus pronunciamientos sobre la supremacía de la imaginación, su condena explícita de la intención moral en la obra de arte y de la alegoría moral, tanto en poesía como en narración, así como el rechazo de todo tipo de verdad inherente a los hechos del relato (…) Al descartar el didacticismo moralizante como objetivo de la obra de arte, Poe la libera de criterios de verosimilitud externos y da rienda suelta a aquellos elementos fantásticos y formales que la configuran estéticamente, configuración apreciable sobre todo a través de los efectos que produce en el lector.»

Como se ha dicho, Poe —junto con Mary Shelley y su Frankenstein— igualmente anticipó la narrativa de ciencia ficción (o ficción científica) como lo prueban las siguientes obras: La incomparable aventura de un tal Hans Pfaal (También conocida como: La aventura sin par de un tal Hans Pfaal), El poder de las palabras, Revelación mesmérica, La verdad sobre el caso del señor Valdemar, Un descenso al Maelström, Von Kempelen y su descubrimiento, etc. El mesmerismo muy en boga en aquella época aparece en varios relatos de Poe, pese a su declarado escepticismo sobre el tema.

Añadido a esto, fue precursor de la novela policíaca a través de historias, como El escarabajo de oro, en las que se resuelven analítica y lógicamente problemas de gran complejidad. Son de importancia en este sentido las narraciones detectivescas que tienen como protagonista al caballero Auguste Dupin: Los crímenes de la calle Morgue, La carta robada y El misterio de Marie Rogêt. En dicho personaje se inspiró probablemente Arthur Conan Doyle para desarrollar su Sherlock Holmes.

En el lugar más recóndito de esa maleza, no lejos del extremo oriental de la isla, es decir, del más distante, Legrand se había construido él mismo una pequeña cabaña, que ocupaba cuando por primera vez, y de un modo simplemente casual, hice su conocimiento.
Éste pronto acabó en amistad, pues se daban en el recluso muchas cualidades que atraían el interés y la estima. Le encontré bien educado, de una singular inteligencia, aunque infestado de misantropía y sujeto a perversas alternativas de entusiasmo y de melancolía.

(De «El escarabajo de oro», 1843)

Menos conocidos son sus cuentos «grotescos», en los que, para algunos, exhibía un muy discutible sentido del humor: Bon-bon, El aliento perdido, El Rey Peste, Los anteojos, El sistema del doctor Tarr y el profesor Fether, etc. Robert Louis Stevenson, en un conocido ensayo sobre Poe, llegó a afirmar: «El hombre capaz de escribir El Rey Peste había dejado de ser humano». Estas narraciones, sin embargo, debido a su extravagancia, fueron muy apreciadas por los poetas surrealistas.

Mención aparte merecen sus relatos de corte poético y metafísico, muchos de ellos auténticos poemas en prosa, de acendradas virtudes estéticas: La conversación de Eiros y Charmion, El coloquio de Monos y Una, El alce, La isla del hada, Silencio, Sombra, etc.

«Escucha», dijo el Demonio, imponiendo la mano sobre mi cabeza. «La tierra de que te hablo es una región sombría en Libia, a orillas del río Zaire. Y no hay tranquilidad allí, ni silencio.
«Las aguas del río son de un tono azafranado y enfermizo, y no fluyen hacia el mar, sino que palpitan eternamente bajo el ojo bermejo del sol, con agitación tumultuosa y convulsa».

(De «Silencio (una fábula)», 1839)

Entre sus relatos más populares, se cuentan:

  • El escarabajo de oro (The Gold Bug), 1843.
  • Los crímenes de la calle Morgue (The Murders in the Rue Morgue), 1841.
  • El gato negro (The Black Cat), 1843.
  • El barril de amontillado (The Cask of Amontillado), 1846.
  • La caída de la Casa Usher (The Fall of the House of Usher), 1839.
  • La esfinge (The Sphinx), 1846.
  • Manuscrito hallado en una botella (MS. Found in a Bottle), 1833.
  • La carta robada (The Purloined Letter), 1844.
  • La verdad sobre el caso del señor Valdemar (The Facts in the Case of M. Valdemar), 1845.
  • La caja oblonga (The Oblong Box), 1844.
  • El Rey Peste (King Pest), 1835.
  • La máscara de la Muerte Roja (The Masque of the Red Death), 1842.
  • Berenice, 1835.
  • Ligeia, 1838.
  • Morella, 1835.
  • El misterio de Marie Rogêt (The Mystery of Marie Roget), 1843.
  • Un descenso al Maelström (A Descent into the Maelström), 1841.
  • El entierro prematuro (The Premature Burial), 1844.
  • El hombre de la multitud (The Man of the Crowd), 1840.
  • El corazón delator (The Tell-Tale Heart), 1843.
  • El pozo y el péndulo (The Pit and the Pendulum), 1842.
  • El retrato oval (The Oval Portrait), 1842.
  • El demonio de la perversidad (The Imp of the Perverse), 1845.
  • William Wilson, 1839.
  • La cita (The Assignation), 1834.

Novelas

Poe es autor de una única novela corta: La narración de Arthur Gordon Pym (The Narrative of Arthur Gordon Pym of Nantucket) (1838). Se trata de un relato de aventuras marineras de tipo episódico, centrado en su intrépido protagonista, quien encontraría eco posteriormente en las obras de Stevenson. Debido a la abundancia de detalles macabros que contiene y a su indescifrable desenlace, la obra ha estado siempre rodeada de polémica.

Poemas

El cuervo ilustrado por Gustave Doré.

El cuervo ilustrado por Gustave Doré.

Copia del manuscrito original The Spirits of the Dead, un poema de Edgar Allan Poe.

Copia del manuscrito original The Spirits of the Dead, un poema de Edgar Allan Poe.

Poe definió la poesía como “creación rítmica de la belleza”. En su género más controvertido, le debemos composiciones de extraordinaria musicalidad, como Las campanas y Annabel Lee, las cuales, debido a sus complicaciones estructurales, hicieron casi imposible su traducción a otros idiomas, a no ser en prosa. El más popular de todos sus poemas es El cuervo, un canto narrativo de corte romántico en el que se cuenta la llegada de una de estas aves a la estancia de un hombre solitario, en una noche de tormenta. A las atribuladas preguntas del personaje sobre el destino y sobre su amada muerta, “Leonore”, el siniestro pájaro responde invariablemente con el latiguillo “nevermore” (“nunca más”).

Entre sus principales poemas cabe destacar:

  • El cuervo (The Raven)
  • Lenore (Lenore)
  • Travesía Fantastica
  • Annabel Lee
  • Las campanas (The Bells)
  • A Mi Madre (To My Mother)
  • Himno (Hymn)
  • Un Valentín (A Valentine)
  • Tierra de Hadas (Fairy Land)
  • A Elena (To Helen)
  • Israfel (Israfel)
  • La Ciudad en el Mar (The City in the Sea)
  • La Durmiente (The Sleeper)
  • El Valle de la Inquietud (The Valley of Unrest)
  • El Coliseo (The Coliseum)
  • Soneto a Zante (Sonnet to Zante)
  • Balada Nupcial a … (Bridal Ballad to …)
  • Soneto del Silencio (Sonnet-Silence)
  • Tierra de Sueños (Dream Land)
  • Eulalie, Una Canción (Eulalie, A Song)
  • A F… (To F…)
  • A F-S S. O-D (To F-S S. O-D)
  • A M. L. S. (To M. L. S.)
  • Ulalume (Ulalume)
  • A … … (To … …)
  • A Helen (To Helen)
  • Un Enigma (An Enigma)
  • Para Anne (For Anne)
  • Eldorado (Eldorado)
  • Un Sueño Dentro de un Sueño (A Dream Within a Dream)
  • Estancias (Estancias)
  • Un Sueño (A Dream)
  • El Día Más Feliz, La Hora Más Feliz (The Happiest Day, The Happiest Hour)
  • El Lago: A … (The Lake: To …)
  • Soneto a la Ciencia (Sonnet To Science)
  • Al Aaraaf (Al Aaraaf)
  • A … (To …)
  • Al Río (To the River)
  • A … (To …)
  • Tamerlane (Tamerlane)
  • A … … (To … …)
  • Sueños (Dreams)
  • Espíritus de los Muertos (Spirit of the Dead)
  • Estrella del Anochecer (Evening Star)
  • Elizabeth (Elizabeth)
  • Serenata (Serenade)
  • Imitación (Imitation)
  • Himno a Aristogeiton y Harmodius (Hymn to Aristogeiton and Harmodius)
  • Un PÆan (A PÆan)
  • A Isadore (To Isadore)
  • Solo (Alone)
  • A Alguien en el Paraíso (To Someone in Paradise)

Ivan IV,el terrible

ivan el terrible

Iván IV fue el primer zar de Rusia (el primero en usar este título) a los tres años, sucediendo a su padre, Basilio IV. Su madre se llamaba Elena Gliviski, que murió cuando el pequeño heredero contaba apenas ocho años. Ya huérfano de su padre, sufrirá toda clase de violencias y humillaciones por parte de una nobleza que utilizará al niño en sus intrigas y ambiciones. Pero la existencia del pequeño será aún peor cuando, cumplidos los ocho años, asista a la muerte por envenenamiento de su madre, ya que se desató entonces, con más virulencia aún, la guerra entre las enfrenta das facciones nobles.

Esta infancia tempestuosa marcará su futuro y, a través de él el de toda Rusia, de tal forma que se vengará terriblemente de la clase social que tanto daño le había hecho. Aunque tampoco estuvo solo en su animadversión hacia los nobles, ya que le apoyaban en esta lucha a muerte, en un primer momento, la pequeña nobleza, su poderosa guardia personal e, incluso, la Iglesia y el pueblo.

Será al cumplir los trece años cuando empiece a hacer efectivo su odio acumulado durante su niñez y declarará una guerra abierta y sin piedad contra los que él consideró siempre sus peores enemigos, y se desembarazó en primer lugar de los miembros más peligrosos de la casta odiada de los boyardos. De hecho, implantó un régimen de terror continuado contra las clases altas de Rusia, y este fue el origen, probablemente, del sobrenombre y de la leyenda terrorífica de Iván IV. Patrocinador de una centralización férrea que le robaba prerrogativas a las clases altas, puede que esta animadversión para con los nobles, que nunca decayó en el ánimo del zar, ennegreciera aún más su biografía, si bien hay que admitir el hecho de que, por mucho que se rebaje, su reinado fue, realmente, temible y odioso.

En cuanto a su sello y estilo personal impuesto en la gobernación de su Imperio, apoyó sin fisuras la civilización autóctona, evitando en lo posible toda influencia extranjera. En esta dirección le influyó mucho el metropolitano de la Iglesia Ortodoxa, Makary. Este príncipe eclesiástico deseaba que el Zar (equivalente a César) y al utilizarlo los soberanos rusos se autoproclamaban descendientes de los emperadores romanos) fuese el brazo armado y protector de la religión, e hiciese de la ciudad de Moscú la tercera Roma (tras la verdadera Roma y Constantinopla). De hecho, y para que quedara meridianamente claro, Iván adoptó como enseña real el águila bicéfala bizantina.

Aunque alentó la creación de la Rada o Consejo Privado, poco trabajo les dio a sus miembros pues su poder fue, desde el principio, prácticamente omnímodo. La aparición de sus instintos sádicos datan de muy pronto, como lo evidenciaba uno de sus pasatiempos preferidos, como era el de lanzar desde lo más alto de la muralla del Kremlin a docenas y docenas de gatos contra el suelo. Si bien era una diversión bastante gratuita y un tanto bestia, tampoco hubiera pasado de eso a no ser porque, muy pronto, este desprecio por la vida lo trasladaría a la de sus súbditos, a los que utilizó de forma masiva y como carne de cañón en sus guerras contra tártaros, polacos o suecos. No obstante no pudo evitar la entrada de los primeros en Moscú, ciudad a la que, así mismo, los polacos prendieron fuego y en la que perecieron medio millón de personas. Además, estos últimos invasores se llevaron un gran botín y cien mil doncellas para ser vendidas a los turcos.

Tras el regreso de su larga guerra contra los turcos, Iván reanudó, y enfatizó, su odio contra los boyardos (nobles), pronunciando su temible frase: «Ya no les temo!»

(temor por los odiados nobles que permanecía inamovible en el monarca desde su infancia), a partir de la cual emplearía medios aún más coercitivos en su gobierno autocrático. Dejó de residir en el Kremlim y se trasladó a vivir al barrio moscovita de Oprichni Dvor, donde residirá rodeado de más de 6.000 guerreros (500 de ellos presentes en todas las habitaciones por las que se movía su señor y a su servicio personal), formados por miembros de los nuevos nobles creados por Iván, escogidos en esta oportunidad no por su ascendencia aristocrática, sino por el valor y falta de escrúpulos de sus componentes. Ellos le hicieron fácil al zar el hecho de imponer su reinado despótico, empezando por su acongojante presencia, pues iban uniformados de negro y lucían un distintivo compuesto por una cabeza de perro (símbolo de la lealtad) y una escoba (como objeto transparente cuyo uso era el de barrer a los traidores a su señor, el zar Iván).

Adelantado de los malos tratos a la mujer, acabó a puñetazos con una de sus esposas a los pocos días de la boda. La primera de sus mujeres se llamaba Anastasia Romanova, con quien se había casado en febrero de 1547 y de la que tuvo seis hijos. La forma utilizada para elegir compañera daba ya una pista de la soberbia de Iván. En un acto de soberbia pocas veces superada, obligó a que los nobles se presentaran en Moscú con todas sus hijas casaderas, que llegaron a sumar más de 700.

De entre todas las obligadas aspirantes, eligió a Anastasia con la que, increíblemente, se mantuvo unido durante trece años. Ella intentaría, sin mucho éxito, atemperar las orgías de sangre en que se refocilaba su esposo y, al cumplirse esta fatídica cifra del calendario conyugal, la Zarina murió envenenada. Sin duda porque había amado de veras a la extinta, el Zar acusó un inmenso dolor por el fallecimiento de la zarina Anastasia, pesadumbre que obligó a compartir a todo su pueblo, pues a partir de ese instante, sería realidad el auténtico —todavía más— Iván Grozny, el Temido. Después pasarían por el lecho y la vida del Zar otras cinco esposas que, indefectiblemente, acabaron sus días a causa de muerte violenta o, en el mejor de los casos, enclaustradas en conventos de por vida. Años más tarde, en 1580, se decidió de nuevo a casar y contrajo nuevas nupcias con la hija de un boyardo llamada María Nagaia, de quien nacería su hijo Dimitri.

Tras la muerte de su mentor, el metropolitano Makary, creó a su servicio una poderosa casta, la de los oprichnina, una milicia policial con todos los poderes para perseguir y eliminar a los crecientes enemigos de su poder absoluto. Estos pretorianos cumplieron la orden de Iván de dividir a Rusia en dos mitades, una para los siempre revoltosos boyardos (un cebo para entretenerlos y que se olvidaran de él), y la otra una exclusiva y extensísima posesión personal del Zar. Incluso actuando así (realmente, el regalo era extraordinario), sus muchos enemigos no cejaban en compli carie las cosas, obligándole a guerrear y perseguir a los descontentos. Serán siete años de crueldades sobre crueldades. Así, en el año 1543 hizo torturar a un gran amigo suyo, Verontzev. El mismo año mató a golpes al príncipe Chuiski.

Después el exterminio no sería individual, sino masivo. Empezó éste por la muerte de un número indeterminado de miembros de la buena sociedad de Novgorod, algunos ajusticiados por su propia mano, extremidad que gustaba de exhibir y junto a la que utilizaba una extensión artificial en forma de temible mazo de hierro del que sobresalía un espantable bastón del que nunca se separaba. Años después, y como sintiese una enfermiza antipatía por esta misma ciudad de Novgorod, volvió a atacar a la misma a sangre y fuego, produciendo una auténtica matanza entre toda la población durante las cinco semanas que duró la ocupación. La ciudad vio aterrorizada cómo acabaron pereciendo cerca de 60.000 de sus habitantes. No obstante, y como solía hacer en ocasiones semejantes, tras esta orgía de sangre el Zar sintió la necesidad ineludible de entrar a rezar en el convento de San Nicolás, en la misma diezmada ciudad de Novgorod. Aparentó en aquel templo un sincero arrepentimiento de sus crímenes que, a la postre, resultaba temporal.

Ya se ha visto antes que, como tantos déspotas, Iván IV era un hombre muy religioso, de tal forma que, antes del alba, se levantaba a decir sus oraciones y él mismo tañía las campanas llamando a los fieles a la oración. Así solían finalizar muchas de sus madrugadas en las que permanecía en absoluto recogimiento y meditación. También sabemos que —ya se ha dicho anteriormente—, tras cada nueva atrocidad cometida por él mismo o por orden suya, le invadía un pasajero arrepentimiento que le empujaba a entrar en el primer templo a mano y a rezar escandalosamente, darse fuertes golpes de pecho y estrellar su frente contra el altar, hasta el punto de producirse heridas de consideración. En este sentido, Iván IV levantó, como agradecimiento por sus triunfos bélicos, la hermosísima catedral moscovita de San Basilio dentro del recinto del Kremlin, que todavía causa la admiración de millones de visitantes con sus nueve hermosas cúpulas cromáticas.

En 1568 apuñaló al príncipe Federov, tras lo cual lo hizo descuartizar en el pa-tic del palacio imperial. No contento con este crimen, eliminó también a la viuda, hijos y demás familia del desgraciado. No fue un caso aislado, ya que el Zar borró del mundo de los vivos a sagas familiares enteras. Realmente actuaba como lo que era:

dueño absoluto de tierras y personas, exigiendo a estas últimas una sumisión absoluta rayana en la esclavitud. Nadie podía sentirse seguro pues, antes o después, le tocaría ser señalado por el huesudo dedo del Zar. Ni tan siquiera el clero estuvo siempre a salvo, pues tras la aristocracia, sus enemigos más perseguidos fueron, precisamente, los jerarcas de la iglesia, llegando a ordenar el estrangulamiento del

arzobispo metropolitano Felipe. No comprendía la actitud de los otros monarcas europeos (a los que despreciaba), que consentían, según él, los abusos de sus súbditos díscolos, cuando debían aplastarlos sin contemplaciones. Curiosa visión de sus colegas que, como él, pasarían a la posteridad también con el sambínito de la sangre y el despotismo.

Poco después de 1570 organizó un Auto de Fe en la plaza de Kitaii-Gorod, durante el que hizo descuartizar a un príncipe llamado Viskovati. Como hiciera en otras ocasiones similares, tras la ejecución, Iván violó a la viuda de la víctima, mientras el Zarevítch, su hijo, hacía lo mismo con la hija mayor del príncipe ya muerto, humillaciones para con tan desgraciadas mujeres que ni siquiera privó a ambas de acabar también asesinadas. Era la evidencia de una locura sangrienta y a la que nadie parecía poder, o querer, poner freno. Era, por lo demás, el mismo sistema de otros déspotas: empapar el aire de miedo, un miedo insuperable, de tal forma que todos quisieran salvarse, aunque para ello tuvieran que denunciar, calumniar o, por otro lado, lamer las sandalias del autócrata de turno.

En 1581, en pleno delirio homicida, mató con aquella temible maza de hierro de la que nunca se separaba a su propio hijo mayor, llamado como él, Iván (tuvo otros dos: Dimitri y Fiódor, este último retrasado mental). Parece que, una vez más, arrepentido por este deleznable crimen, se impuso a sí mismo una agotadora penhtencia consistente en escribir una larguísima lista de 3.000 nombres a los que había ordenado asesinar pero que, por supuesto, no había decidido perdonar. ¡Curiosa penitencia y arrepentimiento por el que se pedía perdón a costa de miles de nuevas víctimas! Pero no era eso lo peor, porque en un afán miserable —~,y sincero?— por salvar su alma, envió copias de estos listados funerarios junto a copiosos donativos a todos los monasterios del país para que los monjes rezaran por la salvación de tantas almas separadas a la fuerza de sus cuerpos por aquellos elegidos para figurar en tan macabra lista.

Tres años más tarde la muerte ponía punto y final a una existencia nefasta para unos y, posteriormente (al intentar su rehabilitación), en cierta forma liberadora para otros. Pero hasta el último aliento de su vida no dejó de hacer la guerra, tan querida por él, e inició con sus guerreros la difícil conquista de los enormes espacios siberianos que su propio fin le impediría ver totalmente ocupados. En este sentido Iván IV había otorgado a una poderosa familia, los Stroganov, el derecho de posesión sobre las tierras inabarcables de Siberia, a cambio del compromiso, por sí y por sus descendientes, de colonizar tan vasto territorio. Esta decisión daría nacimiento a los después legendarios cosacos, que serían los auténticos amos de aquella sabana inmensa.

La doncella de Orleans,Juana de Arco

Juana de Arco (c. 1412 – 30 de mayo de 1431)[1] , también conocida como la Doncella de Orléans (o, en francés, la Pucelle), fue una heroína y santa francesa. Su festividad se celebra el día del aniversario de su muerte, como es tradición en la Iglesia Católica, el 30 de mayo.

Nacida en Domrémy, pequeño poblado situado en el departamento de los Vosgos en la región de la Lorena, Francia, entre 1407 y 1412, ya con 17 años encabezó el ejército real francés. Convenció al rey Carlos VII de que expulsaría a los ingleses de Francia y éste le dio autoridad sobre su ejército en el sitio de Orléans, la batalla de Patay y otros enfrentamientos en 1429 y 1430. Estas campañas revitalizaron la facción de Carlos VII durante la Guerra de los Cien Años y permitieron la coronación del monarca. Como recompensa, el rey eximió al pueblo natal de Juana de Domrémy del impuesto anual a la corona. Esta ley se mantuvo en vigor hasta hace aproximadamente cien años. Posteriormente fue capturada por los borgoñones y entregada a los ingleses. Los clérigos la condenaron por herejía y el duque Juan de Bedford la quemó viva en Ruán. La mayoría de los datos sobre su vida se basan en las actas de aquel proceso pero, en cierta forma, están desprovistos de crédito pues, según diversos testigos presenciales del juicio, fueron sometidos a multitud de correcciones por orden del obispo Cauchon, así como a la introducción de datos falsos. Entre estos testigos estaba el escribano oficial, designado sólo por Cauchon, quien afirma que en ocasiones había secretarios escondidos detrás de las cortinas de la sala esperando instrucciones para borrar o agregar datos a las actas.

Veinticinco años después de su condena, el Rey Carlos VII instigó a la Iglesia a la revisión de aquel juicio inquisitorial, dictaminando el Papa Nicolás V la inconveniencia de su reapertura en aquellos momentos, debido a los recientes éxitos militares de Francia sobre Inglaterra y a la posibilidad de que los ingleses lo tomaran, en aquellos delicados momentos, como una afrenta por parte de Roma. No obstante la familia de Juana también reunió las pruebas necesarias para la revisión del juicio y se las envió al Papa, pero éste se negó definitivamente a reabrir el proceso. A la muerte de Nicolás V, fue elegido papa el español Calixto III (Alfonso de Borja) el 8 de abril de 1456 y es él quien dispuso que se reabriera el proceso. La inocencia de Juana Domrémy fue reconocida ese mismo año en un proceso donde hubo numerosos testimonios y se declaró herejes a los jueces que la habían condenado. Finalmente, ya en el siglo XX, en 1909 fue beatificada y posteriormente declarada santa en 1920 por el Papa Benedicto XV. Ese mismo año fue declarada como la Santa Patrona de Francia.

Su fama se extendió inmediatamente después de su muerte: fue venerada por la Liga Católica en el siglo XVI y adoptada como símbolo cultural por los círculos patrióticos franceses desde el siglo XIX. Fue igualmente una inspiración para las fuerzas aliadas durante la Primera y la Segunda guerra mundial.

Popularmente, Juana de Arco es contemplada por muchas personas como una mujer notable: valiente, vigorosa y con una gran fe. Hoy en día es objeto de especial interés en la República de Irlanda, Canadá, Reino Unido y los Estados Unidos. En el movimiento del Escultismo es la Santa Patrona de las guías (rama femenina)

El origen de Juana y el contexto de su tiempo

Su nombre

Firma de Juana.

Firma de Juana.

De acuerdo con los datos recabados en el proceso de Ruán, Juana se hizo llamar siempre «Juana la Doncella». No obstante, como ella misma comentó, «dentro de mi pueblo se me llamaba Jehannette. En Francia, se me llamaba Jehanne desde mi llegada».

Posteriormente, se le añadiría la palabra «Darc» como apellido, para referirse a ella de forma oficial (la falta de apóstrofo en su versión francesa —D’Arc— se debe a la inexistencia de tal signo en la Edad Media). Arco (arc) proviene del apellido de su padre, Jacques Darc, cuyas raíces familiares estaban posiblemente en dos pueblos, Arc-en-Barrois o Art-sur-Meurthe, pueblos muy cercanos donde se cree que nació «la Pucelle». El nombre, no obstante, varía (Arc, Ars, Ai…) dadas las diferencias en la versión antigua de Art sur Meurthe (donde se reduce la erre).

La denominación de «Jehanne de Arco» se encuentra en la obra de un poeta de Orléans hacia 1576; «Jehanne» se transcribe hoy en día como «Jeanne».

Sus padres

En el proceso Juana dijo sobre sus padres lo siguiente: «Mi padre se llama Jacques Darc y mi madre Isabelle». De esta manera se sabe que sus padres fueron Jacques Darc e Isabelle Romée.[4] Isabelle Romée no era el nombre original, sino que era el sobrenombre que se dio a Isabelle de Vouthon (que pertenecía a la parroquia de Vouthon, hoy en el departamento de Charente), como se hizo a otros una vez que realizaban el peregrinaje «de Puy» (de la montaña) en vez del de Roma. De hecho Juana no dio el apellido. Su padre Jacques era agricultor. No era pobre pero vio a regañadientes la venida de otro nuevo vástago más a su familia, ya que Juana tuvo tres hermanos mayores.

El nacimiento

Casa natal de Juana de Arco, en Domrémy, actualmente convertida en museo.

Casa natal de Juana de Arco, en Domrémy, actualmente convertida en museo.

El debate sobre la fecha de nacimiento de la Doncella de Orléans, no lo consiguió resolver ni la misma Juana durante el proceso, Cuando le preguntaron qué edad tenía, respondió: «Alrededor de diecinueve años, creo».[1] Aunque no estaba segura, la historiografía ha interpretado esta declaración al pie de la letra. De esta manera, restándole su posible edad a la fecha en la que se realizó la pregunta durante el proceso, 24 de febrero de 1431, aparece 1412 como la fecha más probable de nacimiento.

Sin embargo, en el mismo interrogatorio confesó que tenía visiones desde los trece años; luego detalló que hacía siete años que estas voces le aconsejaban y la protegían. Lo que significa que tendría 13 años en 1424, y 1411 como fecha de nacimiento.

El lugar donde nació, teóricamente es Domrémy, tal y como dijo en el interrogatorio de identidad de su proceso, el 21 de febrero de 1431; «Yo he nacido en la villa de Domrémy». Además añadió que era una villa dependiente de Greux (inmediatamente al norte de Domrémy), y que hoy ha pasado a llamarse Domrémy-la-Pucelle, gracias a ella. Ambas pertenecen actualemente al departamento de los Vosgos, en la región de la Lorena. Domrémy fue también el lugar donde recibió el bautismo de manos del Padre Jean Minet.

El conflicto de la Guerra de los Cien Años


Felipe VI de Francia, en la Biblioteca Nacional de Francia

Felipe VI de Francia, en la Biblioteca Nacional de Francia

Desde la conquista de Inglaterra por el francés Guillermo el Conquistador, duque de Normandía, se había suscitado un feroz enfrentamiento entre ambos reinos. Con el tiempo los reyes de Inglaterra reunieron varios de los mayores ducados de Francia: Aquitania, Poitiu, Bretaña… Eran supuestos vasallos del rey galo que vivían en Londres, y comandaban un imperio rival. De hecho, los vasallos habían pasado a ser más poderosos que su señor.

Los intentos de Francia por recuperar los territorios perdidos precipitaron uno de los más largos y sangrientos conflictos de la historia de la humanidad: la Guerra de los Cien Años, que duró en realidad 116 y produjo millones de muertos y la destrucción de casi toda la Francia Septentrional.

Cerca del estallido de la Guerra de los Cien Años, en 1337 los intereses de unificar las coronas se concretaron a la muerte del rey francés Carlos IV en 1328. Felipe de Valois, francés y sucesor gracias a la ley Sálica (Carlos IV no había tenido descendencia masculina), se proclamó rey de Francia el 27 de mayo de 1328 (reinó como Felipe VI de Francia). Felipe ya se había convertido en regente a la muerte de carlos IV por ser un Valois y de la rama de los Capetos como Carlos IV, además de ser el primer primo, mientras se esperaba el nacimiento del hijo póstumo del rey difunto, que finalmente resultó ser una niña.

Felipe VI reclamó en 1337 el feudo de la Gascuña a Eduardo III (aferrándose a la ley feudal) después de incursiones por el Canal de la Mancha en un intento de restaurar en el trono escocés, al rey David II (aliado francés exiliado a Francia desde junio de 1333), pretextando que no respetaba a su rey. Entonces, el 1 de noviembre Eduardo III responde plantándose en las puertas de París y por medio del obispo de Lincoln declarando que él era el candidato adecuado para ocupar el trono francés.

Inglaterra ganaría batallas como Crécy (1346) y Poitiers (1356) ya con el relevo de Juan II en lugar de Felipe VI y obtendría la increíble victoria de Agincourt bajo la dirección del competente Enrique V.

Una grave enfermedad del rey francés propició la lucha por el poder entre su primo Juan I de Borgoña o Juan sin Miedo y el hermano de Carlos VI, Luis de Orleans. El 23 de noviembre de 1407, en las calles de París y por orden del borgoñón, se comete el asesinato del armagnac Luis de Orleans. Las dos ramas de la familia real francesa se dividen en dos facciones: los que daban soporte al duque de Borgoña (borgoñones) y los que apoyaban al de Orleans y después a Carlos VII, Delfín de Francia, (que fue desheredado o ilegitimado desde 1420) (armagnacs), ligados a la causa de Orleans a la muerte de Luis. Con el asesinato del armagnac, ambos bandos se enfrentaron en una guerra civil, y buscaron el apoyo de los ingleses. Los partidarios del Duque de Orleans, en 1414, vieron rechazada una propuesta por los ingleses que finalmente pactaron con los borgoñones.

Con la muerte de Carlos VI, en 1422, se corona rey de Francia Enrique VI de Inglaterra (por lo tanto Enrique VI de Inglaterra y I de Francia); mientras que los armagnacs no dieron su brazo a torcer y se mantuvieron fieles al hijo del rey, Carlos VII al que coronaron también en 1422 de forma nominal en Berry, a falta de imponerlo como rey de facto pero destronando al inglés de jure.

El misticismo de Juana

«Yo tenía trece años cuando escuché una voz de Dios», declaró Juana en Ruán el jueves 22 de febrero de 1431. Eso fue sobre el mediodía en el jardín de su padre. Añadió que la primera vez que la escuchó notó una gran sensación de miedo. A la pregunta de sus jueces, añadió que esta voz venía del lado de la iglesia y que normalmente era acompañada de una gran claridad, que venía del mismo lado que la voz.

La Iglesia Católica y la inmensidad de fieles, reconoció como verdaderas estas apariciones.

Cuando le preguntaron cómo creía que era aquella voz, ella respondió que le pareció un voz muy noble de tal manera que creyó que era enviada de parte de Dios («y yo creo que esta voz me ha sido enviada de parte de Dios»). Así pues, cuando la escuchó por tercera vez le pareció reconocer a un ángel. Y aunque a veces no la entendía demasiado bien, primero le aconsejó que frecuentara las iglesias y después que tenía que ir a Francia y en este sentido la empezó a presionar. Además esta voz la escuchaba unas dos o tres veces por semana. No mucho después, reveló otro de los mensajes clave que le envió, que sería el que ella levantaría el asedio en que estaba sometida Orleans: «Ella me decía que yo levantaría el asedio de Orleans».

Juana de Arco recibiendo el mensaje del arcángel Miguel por Eugene Thirion (1876).

Juana de Arco recibiendo el mensaje del arcángel Miguel por Eugene Thirion (1876).

El 27 de febrero, Juana identificó estas voces: se trataba de la voz de Santa Catalina de Alejandría y de Santa Margarita de Antioquía, las santas más veneradas del momento, si nos atenemos a la iconografía anterior a Juana.[5] Catalina, es definida a veces como una figura apócrifa a caballo de los siglos III y IV que murió a una edad similar a la de Juana; también erudita (patrona de muchas especialidades intelectuales) y habiendo persuadido al emperador Maximiliano II de que dejase de perseguir cristianos. Después sería condenada a morir en la rueda (un sistema de tortura que fractura los huesos), aunque se dice que ella al tocar la rueda la rompió y finalmente acabó decapitada. Por otro lado, la leyenda de Margarita dice que fue una doncella despreciada por su fe católica a la que ofrecieron matrimonio a cambio de la renuncia a esta fe. Ante su negación, fue torturada de manera que se escapó milagrosamente diversas veces, hasta su muerte definitiva. Así pues, además de morir virgen fue mártir.

Juana, afirmó que las había reconocido gracias a que ellas mismas se habían identificado, algo que ya había declarado en Poitiers cuando la interrogó la corte del Delfín sobre las visiones. Se negó a dar más explicaciones, emplazando a los jueces a ir a Poitiers si querían conocer más detalles.

Sobre el año en que sucedió, primero había dicho que fue cuando tenía trece años y luego detalló que hacía siete años que estas voces le aconsejaban y la protegían; por lo tanto, restando siete años al día del interrogatorio, se encuentra que en 1424 se le habrían aparecido por primera vez las visiones.

Juana, explicaría entonces, antes de mencionar el nombre de las santas, la misión que la voz le encargó. Pero después de mencionar a éstas, los jueces le preguntaron de quién era entonces la primera de las voces que había escuchado, aquella que le había causado tanto miedo siete años atrás. Ella, que todo lo que iba respondiendo, lo hacía con muchas reservas y a cuentagotas resistiéndose varias veces, respondió que fue San Miguel (San Miguel, protector del reino de Francia), al que vio con sus propios ojos y no solo, sino acompañado de ángeles del cielo. Así, por orden de Dios partió a liberar Francia.

El asedio de Orleans

En sus apariciones, las voces le indicaron qué era lo que tenía que hacer. El detonante fue el asedio de la ciudad de Orleans, en octubre de 1428. Se trataba de una de las ciudades más importantes del momento.

Ella trató de recurrir a Robert de Baudricourt, comandante de la guarnición armagnac, establecida en Vaucouleurs, un poco al norte de Domrémy; lo cual hizo mediante su tío, Durant Laxant. Quería obtener una pequeña escolta para ir a buscar al delfín allí donde se escondía, en Chinon. Y es que para eso tenía que atravesar territorio hostil, defendido por los angloborgoñones, en alianza. Así, la Pucelle daría un mensaje secreto al rey que le había sido revelado por las voces.

Pasó cerca de un año hasta que Baudricourt hacia enero de 1429 aceptó concederle la escolta deseada, ante la insistencia de la joven doncella. Ciertamente, ella ya había hecho un primer intento en la Ascensión de 1428 (el 13 de mayo, según Poulengy), pero había encontrado la resistencia del armagnac. Seguramente hubo otra entrevista a fines del de año, hasta que Baudricourt claudicó. Durante su posterior juicio, los jueces aprovecharon para discutir sobre las vestimentas de hombre que había usado la joven durante este viaje. La interrogaron sobre el motivo y ella respondió que había sido por orden de Dios el cual de haberle ordenado vestir de otra manera también lo hubiera hecho. Los jueces le preguntaron si no fue realmente por orden de Baudricourt, afirmación que ella negó rotundamente. Así pues ella misma valoró positivamente haber vestido de hombre ya que era el criterio y designio de Dios. Así mismo, para persuadir a Robert de Baudricourt, le trasladó aquello que ya corría por boca de todo el mundo; que la virgen de Lorena salvaría el reino perdido por una mujer (seguramente refiriéndose a la hija póstuma del difunto rey Carlos IV).

El 29 de abril de 1429 Juana llegó al asedio de Orleans. Sin embargo, Jean De Orleans, cabecilla de la familia ducal de Orleans, inicialmente la excluyó de los consejos de guerra y rehusó informarla de cuándo el ejército se medía contra el enemigo Esto no evitó que ella estuviera presente en la mayoría de consejos y batallas. El grado de liderazgo militar que llegó a ejercer sigue siendo objeto de debate entre historiadores. Los historiadores tradicionales como Edouard Perroy concluyen que ella principalmente llevaba el estandarte y ejercía un gran efecto en la moral de los soldados. Esta clase de análisis suelen basarse en su testimonio durante el juicio, en el cual dijo que prefería su estandarte a su espada. La investigación académica actual que se centra en el juicio posterior anulatorio asevera que sus compañeros oficiales señalaron que ella era una tacticista de mucho talento y una estratega de éxito. Stephen W. Richey opinaba lo siguiente, por ejemplo: “Ella procedió a liderar un ejército en una serie de victorias impresionantes que cambiaron el curso de la guerra. En cualquier caso, los historiadores están de acuerdo en que el ejército tuvo un gran éxito durante la corta carrera de Juana.

El segundo paso: el viaje hacia Chinon

Robert de Baudricourt en razón del fervor religioso que ya comenzaba a levantar envió a Juana a ver al convaleciente Duque Carlos II de Lorena a la ciudad de Nancy, René de Anjou le sucedería a su muerte en 1431, ya que estaba casado con su hija y heredera, Isabel de Lorena, quien era además cuñada del delfín, ya que su hermana, María d’Anjou estaba casada con éste (desde el 18 de diciembre de 1422). Juana, tenía el deseo de que René le acompañase a Chinon, pero en un primer momento sólo consiguió buenas palabras, dinero y un caballo, antes de partir Juana ira a rezar a la Basilica de Saint-Nicolas-de-Port dedicada al santo patrón de la Lorena.

En el período que Juana intentaba conseguir una escolta para ir a Chinon, fue albergada durante casi un mes por la familia Le Royer: Henri y Catherine Le Royer. Finalmente, sería Baudricourt el que le concedería una pequeña escolta de seis hombres que le harían iniciar el viaje a Chinon el 13 de febrero de 1429 aproximadamente. Entre ellos, estaban los dos que tendrían que cuidarla: Poulengy y Jean Nouillompont, es decir, Jean de Metz.

Jean de Metz (o Mès) y señor de Nouillonpont (o Novelenpont), fue uno de los hombres fuertes en el recorrido epopéyico de Juana, ya que estuvo a su lado en todas las batallas a partir de este momento. Poulangy, Bertrand de Poulengy (Poulangy o Polongy), «Pollichon», fue señor de Grondecourt, su familia fue ennoblecida en 1425 y como Jean de Metz, fue el otro responsable de llevar sana y salva a Juana a Chinon, además de acompañarla a lo largo de su trayectoria militar.

Jean de Metz hizo su declaración en el proceso de nulidad el 31 de enero de 1456, ya con una edad que rondaba los 57 años, mientras que Poulangy, un poco mayor, lo hizo el 6 de febrero del mismo con una edad aproximada de 63 años. Ambos declararon muy a favor de Juana (Metz: «Y cuando le pregunté quién era su señor, me respondió que era Dios. Entonces le concedí mi fe hacia ella, tocándole la mano, y prometiéndole que, con la guía de Dios, yo le conduciría hacia el rey») de lo cual se extrae la gran admiración y aprecio por la que consideraron su heroína. En cuanto a Jacques Darc, el padre de Juana, fue el más reticente al inicio de la misión de ésta.

Hacía el 13 de febrero de 1429 Juana emprendió el viaje que le iba a hacer atravesar territorio enemigo. Este viaje la haría muy famosa y todo el mundo conocería su aventura, pero desde un primer momento la escolta asignada no tenía realmente una idea clara de qué era la misión ni de quién era Juana.

Es cuando Juana iba vestida de hombre, como ya dijo por orden de Dios («Todo lo que yo hago es por orden de Nuestro Señor. Si él me ordenara tomar otro hábito yo lo tomaría, porque sería por orden de Dios»). Jean de Metz, diría al respecto en el proceso de nulidad: «Cuando Jehannette era a Vaucouleurs, la vi vestida con un vestido rojo, pobre y gastado […] Le pregunté si quería hacer el viaje vestida como iba, y ella me respondió muy enérgicamente que quería ponerse ropa de hombre. Entonces le di el traje y el equipamiento de uno de mis hombres. Después, los habitantes de Vaucouleurs, tenían un traje de hombre hecho para ella, con todos los requisitos necesarios».

El viaje hacia Francia del sur a través de territorio borgoñés, le hizo cabalgar de noche en horas intempestivas para disimular y no despertar la atención de ningún destacamento. Algunas de las ciudades más importantes por las que pasó fueron: Auxerre, Gien y Sainte Catherine de Fierbois.

Del paso por Auxerre, se sabe que llegó a participar en una misa en su catedral, lo cual probaba que circulaba pasando muy desapercibida por una ciudad muy hostil. De Gien, no se sabe casi nada de su paso, pero parece que pasó alrededor del mismo febrero por el único puente sobre el río Loira que quedaba en manos francesas, y fue el lugar donde comenzó a circular el rumor de que una doncella aseguraba que liberaría la ciudad de Orleans de su asedio y que coronaría al delfín en Reims. Habría vuelto a pasar hacia el 25 de junio del mismo año, 1429, para reencontrarse con delfín y viajar hacia Reims. Y finalmente, el paso por Sainte Catherine de Fierbois, por donde habría pasado a finales de febrero, seguramente el día 22. Esta localidad era muy valiosa, ya que se trataba de un santuario milagroso de carácter caballeresco. Fue allí donde escribió la carta a Carlos VII anunciando su llegada y donde quedó a la espera de la respuesta de la corte, que finalmente la recibió en audiencia.

La desconfianza del delfín

Aún con la gran memoria que se otorga a la gente de la Edad media, dados los medios de ésta, además de la inteligencia de «la Pucelle», es muy difícil saber si realmente sabía leer y escribir. Pruebas gráficas hay, de su firma como mínimo. Pero la cuestión está en el aire aunque se acostumbra a decir que en el período que estuvo en la corte del delfín, el verano de 1429, podría haber aprendido, o bien haber recibido vagas nociones.

Asimismo, la carta llegó a la corte de Chinon acompañada de la fama de «la Pucelle», lo cual originó un gran debate donde se discutió si era adecuado recibirla, es decir, si era cierto todo aquello que decía ser o era alguien que urdía un engaño. Hace falta decir que no faltó curiosidad por ver a aquella que decía portar la salvación de Orleans y la coronación del propio rey. Pero el factor detonante, fue la declaración de Baudricourt, que era un hombre de confianza del delfín. De esta manera, decidieron recibirla.

Tapiz del castillo de Chinon (Francia) representando a Juana reconociendo a Carlos VII entre la muchedumbre.

Tapiz del castillo de Chinon (Francia) representando a Juana reconociendo a Carlos VII entre la muchedumbre.

Esta fue la primera prueba que le hicieron pasar. Si el reino de Francia dependía de cómo pudiera reaccionar la corte de Chinon, no se podían arriesgar a que una joven, puede que iluminada, puede que mística, se presentara delante del rey y lo pudiera matar. De esta manera, el delfín se ocultó entre la gente que ocupaba la sala.

Cómo Juana consiguió reconocer la figura del rey entre el resto ha suscitado una gran discusión. Una de las tesis más razonables y lógicas es que ya se lo habían descrito previamente. Pero Juana en el proceso dijo lo siguiente: «Cuando entré dentro la habitación del rey lo reconocí de entre los otros por consejo y revelación de mi voz, y le dije que quería hacer la guerra a los ingleses».

Con habilidad, los jueces le presionaron y le preguntaron: «Cuando vuestra voz os señaló a vuestro rey, ¿había alguna luz?», a lo que ella se negó a contestar, como a tantas otras preguntas, con un francés seco y tajante «passez outre». Entonces añadieron si vio algún ángel encima del rey, a lo cual respondió de la misma manera. Con estas respuestas se han creado muchas opiniones, pero el hecho es que la revelación de su voz se podría haber producido antes de ir a Chinon, es decir que hubiera tenido un conocimiento previo como apunta la tesis de que ya se lo habían descrito con anterioridad. También podría ser que los propios ropajes le delataran.

Finalmente, el rey la recibió sola y ella le habría expuesto una plegaria para persuadirlo a que le diera un ejército y la enviara a Orleans; una de las curiosidades más buscadas de este tramo de su vida. Pero gracias al testimonio de Juan II, Duque de Alençon en el proceso (un hombre de gran peso, con sangre real), habría sido el siguiente:

Fue el señor y conde de la Vendôme el que la llevó al apartamento del rey. Cuando éste la miró, le preguntó su nombre. «Señor Delfín —contestó ella—, me llamo Jehanne, la Pucelle; y el Rey del Cielo te envía una palabra a través de mí, por la que tú serás consagrado y coronado en Reims, y que tú serás el lugarteniente del Rey del Cielo, que eso es ser rey de Francia». Después de que el rey le hubiera hecho unas cuantas preguntas, ella le dijo: «Con mis respetos, te digo que tú eres el verdadero heredero de Francia e hijo del rey, y él me envía para guiarte hacia Reims al final, donde puede que recibas tu coronación y consagración. Si tú quieres». Al acabar la entrevista, el rey dijo que Juana le había confiado secretos que no podían ser sabidos por nadie, excepto por Dios, el cual había puesto mucha confianza en ella. Todo esto he oído sobre Juana, pero no tengo testimonios sobre esto.

Parece ser entonces, que según el Duque de Alençon estas habrían sido las palabras que convencieron al delfín y también a su joven esposa Yolanda de Aragón; el delfín entonces le asignó dos oficiales, Ambleville y Guyenne, para protegerla. Jean d’Aulon se encargó de su intendencia. De todos modos, el delfín no dio carta blanca a Juana, ya que las presiones en su corte estaban diversificadas. Así pues decidieron hacerle una especie de proceso en Poitiers, para verificar si ella era quien decía que era. De este proceso, ella hizo muchas referencias a Ruán delante de sus jueces, pero lo cierto es que los documentos de Poitiers se han perdido, después de haber pasado por la Universidad de París (reticente al delfín) y por los propios jueces de Ruán.

Sobre Poitiers, lo que se sabe es a través de las declaraciones en el proceso de nulidad, y así se sabe para empezar que su duración fue de tres semanas, y que Juana, consiguió dejar una buena impresión a los teólogos que la examinaron. Maître François Garivel, que era Consejero General del rey, dio los primeros detalles, diciendo que ciertamente el proceso duró tres semanas y básicamente se trataba de plantearle muchas preguntas a Juana, para después poder examinar sus respuestas y su expresión; proceso que resultó satisfactorio, ya que ella siempre se mantuvo dentro de sus creencias y con gran firmeza, siempre defendiendo que era una mensajera de Dios y venía a llevar al delfín a Reims para consagrarlo. Comenzando porque tenía que escribir una carta a los ingleses pidiéndoles que se retirasen. También añadió que le sorprendió que ella siempre llamase al rey, delfín; y cuando le preguntó por qué no le llamaba nunca rey, obtuvo esta respuesta: «Ella me respondió que no lo llamaría Rey hasta que no fuese coronado y ungido en Reims, ciudad a la cual pretendía conducirlo».

En Poitiers, uno de los puntos clave, fue la manera como Juana se ganó esta confianza demostrando la solidez de sus creencias, además de conseguir el ejército para salvar a Orleans del asedio en que se encontraba. La pregunta de los jueces fue, naturalmente, que les diera alguna señal para que ellos pudieran confirmar que ella realmente era la mensajera de Dios que decía ser. Ella respondió que no había ninguna otra manera que darle el número de soldados que el delfín creyera conveniente, con los cuales ella misma levantaría el asedio.

Gobert Thibaut, terrateniente del rey de Francia y amigo de Poulengey, enriqueció con sus declaraciones los detalles del proceso en Poitiers, explicando que durante las tres semanas, se alojó en casa de Jean Rabateau. Además de hacer unas declaraciones muy positivas respecto a ella, concretó que los doctores y jueces consideraron cierto, además de que viniera de Dios, el hecho de sus profecías.

Maître Jean barbin, doctor en leyes y abogado del rey, siguió en la misma línea e hizo un recordatorio: una referencia a María de Avignon «la gasque d’Avignon», una mujer que hizo ciertas predicciones a inicios de siglo, causando una gran conmoción. Esta se dirigió al rey de Francia anunciándole que a su reino le venían encima grandes calamidades por sufrir, y habló de unas visiones en las que veía el reino desolado mientras en otras se le aparecía un ejército que se ponía en sus manos. Ella se acobardó ante la idea de tener que hacerse cargo, pero dijo que algún día vendría una joven maga que tomaría el ejército y salvaría Francia. Así, concluyó diciendo que naturalmente pensaron que Juana era esta doncella de la que hablaba María.

Finalmente testificaría el hermano Seguin de Seguin, dominico, profesor de teología y decano de la Facultad de Teología de Poitiers. Éste comentó cómo había escuchado de mano de Maître Jean Lombart la aventura de Juana hasta Poitiers, y después explicó que quiso poner a prueba su fe, preguntándole en qué dialecto le habían hablado las voces. La respuesta fue: «Uno mejor que el vuestro». Entonces él le pidió pruebas y ella, irritada, le replicó pidiendo un ejército, de número a decidir por el rey, con el que se haría con Orleans. Entonces, él, como valoración personal expresó que realmente había visto completados tales objetivos sin ningún tipo de duda.

Campaña del Loira


La Campaña del Loira fue la primera operación ofensiva francesa en más de una generación. Con el ejército francés comandado por Juana, consistió en la liberación del sitio de Orleans y en la recaptura de varios puentes sobre el río que estaban en poder del enemigo desde hacía mucho tiempo, fracturando el territorio francés en dos partes (norte y sur) e imposibilitando a los franceses para trasladar tropas, logística y suministros de una orilla a la otra.

Por añadidura, se sabía que el plan inglés preveía utilizar al río Loira como cabeza de puente para lanzar una enorme operación ofensiva que, seguramente, hubiese culminado en la conquista de toda la Francia meridional y la destrucción total y absoluta del estado francés.

La campaña del Loira, en consecuencia, consistió en cinco acciones:

  1. La liberación del sitio de Orleans.
  2. La Batalla de Jargeau.
  3. La Batalla de Meung-sur-Loire.
  4. La Batalla de Beaugency.
  5. La decisiva Batalla de Patay.

A estos combates se suma el extraño caso de la Batalla de los Arenques.

Tras romper el cerco de Orleans, el ejército de Juana se desplazó a lo largo del río, liberando en menos de una semana los tres puentes de Jargeau, Meung y Beaugency. Luego de la victoria decisiva de Patay, quedó por fin expedito el camino de las tropas galas para poder dirigirse al norte y atacar a los ingleses en sus bastiones, frustrando al mismo tiempo el plan anglosajón de invadir Francia completa.

La confirmación de la validez de la palabra de Juana: Reims

El viaje hacia a Reims

Artículo principal: Coronación de Carlos VII

El viaje que tenía que llevar a Carlos VII hacia su consagración se presentaba muy difícil aun con la alta moral del ejército tras Poitiers, pues tanto la ciudad como el trayecto estaban en manos de los borgoñones. Sin embargo, Juana había dicho que ella libraría a Orleans de su asedio y llevaría el rey a Reims.

La comitiva de la corte inició el camino hacia esa ciudad, pero se encontró con que la fama de la Pucelle se había extendido por buena parte del territorio y había hecho que el ejército armagnac del delfín fuese temido. Aquello fue una sorpresa que se fueron encontrando al paso por las diferentes villas de renombre que habían en la ruta que llevaba a Reims, bien al norte de Francia. Así pues, Juana pasó sin demasiados problemas por sucesivas ciudades como Gien, Saint Fargeau, Mézilles, Auxerre, Saint Florentin y Saint Paul (ruta que hizo desde la victoria de Patay el 18 de junio, hasta el 5 de julio en Troyes).

Desde Gien, se fueron enviando invitaciones a diversas autoridades para asistir a la consagración del delfín, quien quería hacer saber a todo el mundo que sería oficialmente el nuevo rey legítimo de Francia. El 29 de junio, el Delfín organizó a sus tropas. De Auxerre se llegó a prever una guerra dado que había una pequeña guarnición enemiga, pero después de tres días de negociaciones se consiguió obtener la colaboración de estos con Carlos VII y las consecuentes provisiones con tal de proseguir la ruta (aproximadamente el 1 de julio).

Idéntica situación presentó Troyes; una ciudad con guarniciones borgoñonas de más de medio millar de hombres. Los nobles de sangre real y la mayoría de los capitanes creyeron conveniente llevar la batalla a la zona de Normandía como siguiente paso, antes de pasar por Reims y así aconsejaron al Delfín, con la oposición de Juana, cuyas voces le habían indicado que el camino a seguir en aquel momento no era otro que la coronación definitiva del delfín en Reims, porque aquello ayudaría a menguar la autoridad, el soporte y el poder de sus enemigos. Y con esta idea fue a convencerlo, acompañada de Jean de Orleans, el Bastardo, en Troyes, después de haber convencido a la mayoría de los capitanes, según el propio Bastardo confesaba en el proceso de nulificación. Mientras tanto, la ciudad de Troyes se dividía entre los que estaba dispuestos a aguantar y los burgueses de la ciudad, temerosos de las duras consecuencias que podía tener verse involucrados en un asedio.

Juana consiguió convencer al rey gracias al argumento de sus voces. El Bastardo recordó en el proceso lo siguiente:

Noble Delfín —dijo ella—, ordena a tu gente que vaya y ponga en asedio el pueblo de Troyes, y no perdáis más tiempo en tales largos consejos. En nombre de Dios, antes de que hayan pasado tres días, yo os llevaré hacia el interior del pueblo, de buenas maneras o por la fuerza, y dejaremos atónitos de gran manera a los falsos borgoñones.

De esta manera, el rey aceptó. La villa cual no se atemorizó inicialmente mientras Juana desplegaba a las tropas. Una de los encuentros más importantes fue entre Juana y el hermano Ricard, enviado por los troyenses. De este encuentro, Ricard resultó convertido en un hombre fiel a la causa armagnac, según un burgués de París en el libro titulado Le Journal d’un Bourgeois de Paris. Es un libro anónimo, pero se sobreentiende que lo escribiría aquel que se puso en el título de este.

El ejército permaneció a las puertas de Troyes durante cinco días con las negociaciones, del 5 al 10 de julio, cuando pudieron entrar en la ciudad. La guarnición borgoñona permaneció pasiva, sin oponer resistencia. Tras esto, las siguientes villas no supusieron dificultad alguna. El 12 de julio se llegó a Arcy y un día después a Châlons. Fue por estos pueblos, cercanos a su Domremy natal, en los que Juana se reencontró con gente de Domrémy, como un primo suyo cistercense llamado Nicholas Romée, o Jean Morel, padrino de ella, entre otros villanos.

Catedral de Reims.

Catedral de Reims.

El día 15 de julio, la cabalgada (la chevauchée, como se conoce en francés) llegó al castillo de Sept-Saulx no muy lejos ya de Reims, que ese mismo día se sometió formalmente al Delfín. Finalmente el 16 de julio entró la comitiva armagnac en la ciudad de Reims.

Sabemos que el día de la consagración definitiva del rey francés en Reims fue el 17 de julio. No fue la ceremonia más espléndida del momento, ya que las circunstancias de la guerra lo impedían, pero el ritual se llevó a cabo de todos modos. Juana asistió y parece que en una posición privilegiada y con su estandarte, lo que delató uno de los momentos claves en la historia de Juana, representado en algunos cuadros. Este momento es tomado tradicionalmente como el clímax de la epopeya de Juana, el punto más álgido.

La otra epopeya: el camino hacia Ruán

La campaña en la Île de France

Llegados a este punto, teóricamente Juana ya no tenía nada más que hacer en el ejército. Había cumplido su promesa perfectamente, o según ella, simplemente había cumplido correctamente las órdenes que le habían asignado sus voces. Pero ella, como muchos otros, vio que mientras la ciudad de París estuviese tomada por las tropas inglesas, difícilmente el nuevo rey podría hacerse claramente con el control del reino de Francia.

El mismo día de la coronación, Juana envió una carta al Duque de Borgoña, haciendo una referencia a otra enviada tres semanas antes en la que le pedía que acudiera a la coronación del delfín. De aquella no obtuvo respuesta. El motivo de la carta era la demanda de una tregua a petición del nuevo rey de Francia. Ella fue respetuosa en el tono de la demanda, aunque le recordó, una cosa muy usual en aquella época, quizás intentando dejándole entrever una contradicción en sus alianzas contra el armagnac: «…como los cristianos fieles tendrían que hacer; y si os complace hacer la guerra, entonces id contra los sarracenos». Esta carta es un testimonio más que refleja la presencia de las luchas entre cristianos e islámicos en la Edad Media. Así, incluso para ella, el objetivo islámico era normal y legítimo, siguiendo el dogma cristiano del momento.

El mismo día de la coronación aún llegaban emisarios del Duque de Borgoña y se iniciaron las negociaciones para llegar a la paz, o a una tregua, que fue finalmente lo que se pactó. No fue la paz que deseó Juana, pero por lo menos se obtuvo durante quince días. Sin embargo la tregua no fue gratuita, ya que hubo intereses políticos detrás de esta.

Así pues, Carlos VII necesitaba tomar París para ejercer la autoridad de rey con poder efectivo sobre el reino, además de que no tenía interés en crearse un mala imagen llevando a cabo una conquista violenta de tierras que entonces pasarían a sus dominios y un día u otro le podrían pasar factura; pero por otro lado, lo que movió al Duque de la Borgoña a firmar la tregua, fue la necesidad de ganar el tiempo suficiente para rehacerse. Es decir, poder hacer un examen general de la situación, resituarse sobre el terreno y rehacer las alianzas con el inglés Bedford, regente por aquel entonces de Inglaterra (Enrique VI no alcanzó la mayoría de edad hasta 1437).

Una tregua con el Duque de la Borgoña no quería decir cesar las luchas contra los ingleses. De este modo, el ya rey Carlos decidió con el objetivo claramente fijado en París, aprovechar la tregua llevando al ejército real de campaña por la actual región francesa de Île de France con la esperanza de irlas avasallando poco a poco, así sacrificaba la opción de atacar directamente la capital en favor de poderla atacar después con más puntos a favor. Así el ejército pasó sucesivamente sin tropiezos por ciudades como Corbeny el 21 de julio, Soissons el 23 de julio, el Castillo de Thierry cuatro días después, Montmirail ya el 1 de agosto, Provins el 6, Coulommiers un día después, La Ferté-Milon el 10 de agosto, y Crépy el once. El objetivo era ir colocando sus tropas de forma estratégica para amenazar la capital del reino.

Los días siguientes, el doce y el trece de Agosto, Carlos probó desde Crépy el ataque directo contra París. De la villa restante al nordeste de la capital francesa, hicieron un pequeño desplazamiento, primero a Lagny le-Sec y después a Dammartin. Pero la guarnición anglo-borgoñona, alerta, hizo una buena anticipación saliendo al encuentro de estos y los consiguieron parar, haciéndolos retroceder otra vez hasta Crépy. Aquella tentativa armagnac llamó la atención inglesa que mediante Bedford, les envió una contraofensiva, un reto de duelo el 14 de agosto en Montépilloy, al cual accedieron a ir los franceses al día siguiente. Allí los ingleses tenían una resistencia bien formada, capaz de hacer frente al ejército real francés conducido enérgicamente por Juana.

Montépilloy era una villa que quedaba en medio de Crépy y París, y allí los ingleses estructuraron su guarnición de la forma tradicional: con los arqueros delante esperando al adversario. La batalla fue en sí lo suficientemente extraña como para provocar, después de diversos ataques, la retirada a París de las tropas inglesas mientras su comandante, Bedford, iba a Ruán a sofocar unas revueltas que habían estallado. De hecho, los franceses, que hasta aquel momento no habían encontrado una resistencia de cierta entidad en la Île, habían preferido hacer de esta gira alrededor de París una exhibición, evitando enfrentamientos directos con los borgoñones. Esta actitud no gustaría apenas a Juana. La batalla de Montépilloy dejó entrever que el ejército inglés no mostraba una actitud muy diferente del armagnac.

De esta manera, quien salía ganando en todo esto, aparte de los armagnacs haciéndose con Montépilloy, era Felipe el bueno, el Duque de la Borgoña, a quien Bedford confiaba la defensa de la capital francesa. El borgoñón se saldría con lo que buscaba, ya que tenía a favor la propia ciudad, que era potencialmente pro-borgoñona.

París

Juana pisaría Compiègne (una villa que toca al Oise, un afluente del Sena estando en territorio borgoñón) por primera vez a mediados del mes de agosto, aproximadamente el 18 junto con el ejército y el rey. Una vez allí la ciudad abrió las puertas a su llegada. La situación llegó a ser un poco peculiar, porque el avance de las tropas francesas hacia París contrastaba con la propia diplomacia armagnac, que se dedicaba a ofrecer pactos y entendimientos con los borgoñones, los verdaderos enemigos en aquella zona. El 21 de agosto incluso se llegó a una pintoresca tregua que tenía como finalidad cesar los ataques durante cuatro meses además de ceder algunos pueblos al Duque de Borgoña, asimismo se llegó a prometer un Conferencia de Paz de cara a la primavera del siguiente año. Naturalmente se trataba de una estrategia para confiar al enemigo borgoñón; ya que dos días después de la tregua, el 23, Juana y el Duque d’Alençon se fueron de Compiègne, dejando al rey, para atacar finalmente el objetivo final: París.

En dos días se plantaron en Saint Denis (justo delante de la capital de Francia siguiendo el curso del Senna) con un batallón. Desde allí querían lanzar los ataques contra las puertas de la fortificación parisina. Pero tuvieron que esperar a la llegada del rey para un ataque contundente y definitivo, que se hizo efectivo en Saint Denis el 7 de septiembre. Así pues, al día siguiente se decidió atacar por la puerta de Saint-Honoré, que quedaba al noroeste de la ciudad. La ofensiva resultó un fracaso dada la resistencia borgoñona combinada con la ya anticipada tendencia también pro-borgoñona de sus habitantes. Además, Juana fue herida por una flecha en un muslo. Esto aceleró la decisión de que el rey estaba destinado a tomar: la retirada (efectiva el 10 de septiembre). Esta decisión era totalmente la contraria de la que habría querido Juana, que como en las otras batallas había demostrado coraje y valentía.

Juana en el parlamento de Par�s (1429), grabado de Clément de Fauquembergue.

Juana en el parlamento de París (1429), grabado de Clément de Fauquembergue.

Juana retornó a Saint Denis el día 9, donde dio gracias a Dios de que no fuera mortal. A partir de aquel momento, el delfín, entonces rey, tomó plenamente el control de la situación en el seno de su ejército y su corte, pasando a ser la figura más influyente en las decisiones del mismo; obviando las voces de Juana que hasta ahora había tenido en cuenta. Así pues, puso freno y detuvo la campaña militar, lo que, a partir de aquí, supuso un factor de tensión con la propia Juana. Con aquella parada el rey francés no expresaba la intención de abandonar definitivamente la lucha, sino que simplemente optaba por pensar y defender la opción de conquistarla mediante la paz, tratados y otras oportunidades en un futuro. Precisamente esta es la vía que decidió priorizar como máximo dirigente, la vía del pactismo.

El 21 de septiembre disolvería el ejército real en Gien; después de hacer un recorrido que lo llevó camino del valle del Loire, saliendo del núcleo parisino el 11 de septiembre, y atravesando ciudades destacadas como Provins o Montargis.

Seguir por la vía del pactismo significaba reafirmarse en la idea de que Juana ya no le era necesaria. Ella había prometido coronarlo en Reims y así había sido. Una vez consagrado quería aplicar la política que él creía conveniente aplicar con legitimidad para ser el rey. Su objetivo final era el de rehacer la armonía entre la nobleza de Francia, rehacer la estructura familiar y llegar a la paz definitiva con los borgoñones, con tal de afrontar con mucha más fuerza la expulsión definitiva de la presencia inglesa en su reino. Para hacer esto, necesitaría el tiempo que estaba dispuesto a pasar evitando incomodar a los borgoñones no humillándolos con victorias militares. Según su filosofía sólo así podría hacer frente a Enrique VI (en 1435, finalmente el rey de Francia obtendría la ciudad de París de manos del Duque de la Borgoña, Felipe el Bueno mediante el Tratado de Arrás). Esta estrategia nunca se la dio a saber a Juana, aunque probablemente no tenía ninguna obligación de hacérsela saber, como tampoco la tenían sus consejeros, dado que, de hecho, ella nunca había pertenecido al Consejo Real.

Las desavenencias de Juana con la Corte

Juana comenzó a inquietarse profundamente ante la nueva estrategia del rey, pausada y sin la urgencia de los últimos tiempos. Ella no podía acabar de comprender sin explicación alguna cómo el rey había decidido dejar de lado la componente militar por los procesos de tregua. Además, decidió separar a los generales dividiéndolos y destinándolos a diversas regiones. De este modo, cuando Juana quiso reemprender la campaña militar, lo tuvo que hacer sin la presencia del Bastardo ni del Duque de Alençon; este último pidió sin éxito a la Corte que Juana le acompañase en la campaña en Normandía.

En este período de treguas, Juana residió en Mehun-sur-Yèvre con la corte. Allí, Carlos VII establecería su residencia favorita y en 1461 moriría. Mehun es un castillo que había sido restaurado por el tío de Carlos VII y que quedaba bastante lejos de París, en la zona de influencia del Loira. Así pues, sola, preparó allí una serie de enfrentamientos con la intención de reemprender la campaña militar, empezando por Saint Pierre-le-Moûtier y La Charité-sur-Loire. Pero primero tuvo que pasar por Bourges, hoy importante ciudad atravesada por el río Cher, para encontrar los refuerzos necesarios. Jean D’Aulón lo explicaba en el proceso de nulificación: «…para conseguir esto y reclutar hombres, la Pucelle fue al pueblo de Bourges, en el que reunió a sus fuerzas; y desde allí, con un cierto número de hombres armados, de los cuales Lord Elbret era el cabecilla, fue a asediar el pueblo de Saint Pierre le Moustier».

Sobre Saint Pierre, ciudad también del entorno del Loira como La Charité, Juana se dirigió a finales de octubre, y la tomó el 4 de noviembre. No obstante, había fallado en un primer momento, según explicó Juan Daulon escudero y por lo tanto testimonio de los hechos:

…y los que habían lo hicieron lo mejor posible por tomarlo [St. Pierre], pero a causa del gran número de gente en el pueblo […] los franceses se vieron obligados y forzados a abandonar […] y en este momento, el «Testificante» [Juana siempre habló autodenominándose «el Testificante», expresión comparable a «una servidora» y expresándose además en tercera persona (muy utilizado en esa época) como si estuviera hablando de otra persona] fue herido por un golpe en el talón, que no se rompió pero que lo dejó sin aguantarse de pie ni poder caminar. Entonces se dio cuenta que la Pucelle se había quedado acompañada por un número muy reducido de su gente y de otros; y el Testificante, viendo que el problema podría ir más allá, [recuérdese que una buena parte del ejército había huido] montó un caballo y acudió inmediatamente su auxilio, exigiéndole qué estaba haciendo allí sola y por qué no se había ido como el resto. Ella, después de sacarse el casco de la cabeza, replicó que para nada estaba sola, y que todavía le quedaban en su compañía cincuenta mil de sus hombres, y que no se iría hasta no tomar el pueblo. Y el Testificante dijo que en aquel momento ella podía decir lo que quisiera, que con ella no había más que cuatro o cinco personas [no en el sentido literal, sino utilizando una figura retórica, como «sólo cuatro gatos»], y esto él lo sabe perfectamente […] quien de manera parecido la veía.

Jean le volvería a exigir que se retirara del campo de batalla, en respuesta de lo cual obtendría la orden de ir a buscar un puñado de hoces y vallas para construir un puente que les permitiera atravesar la trinchera con el pueblo. Los pocos que quedaban, así lo hicieron de forma eficiente, de lo cual obtendrían la entrada y la victoria sobre aquel pueblo y que su resistencia fuera más reducida. Añadiría que aquellas acciones crearían en él una imagen mucho más divina de «la Pucelle».

Antes de proseguir con La Charité, el 20 de noviembre de 1429 Juana dirigió una carta al Rey, implicando a Catherine de La Rochelle, defensora del punto de vista de las treguas, como el Rey. Esta mujer se asociaba con el hermano franciscano Ricard. En este caso, Juana respondió a las afirmaciones de Catalina en las que expresó que había tenido unas visiones en las que se le aparecía una mujer vestida de blanco (en alusión a Juana) y con unos zapatos de oro diciendo que iría a por todas las ciudades reclamando el oro y la plata, al igual que lo reclamaría al Rey (haciendo referencia a que finalmente todas estas riquezas irían a parar a las manos de Juana en «Gratitud» por los servicios prestados). Juana desmintió con la carta todas las afirmaciones de Catalina y le recomendó que volviera con su marido a las tareas domésticas y a criar a la descendencia. Además añadió que cuando viera al rey le informaría del estado de «Locura completamente sin sentido» de aquella mujer.

Y seguidamente preparó el asalto a La Charité, un asalto que se alargaría profundamente. Este es uno de los puntos más relevantes en la historia de la marginalización de Juana. El rey le proporcionó un ejército que nunca estuvo a la altura de la resistencia de la ciudad. No demasiado bien equipado y de número bajo. Juana pidió unos refuerzos a las ciudades de alrededor que nunca llegaron, excepto el material que envió Clermont-Ferrand. Y finalmente, el día de Navidad, después de un mes y un día, Juana decidió abandonar el asedio contra aquella ciudad dejando la artillería que quedaba. Además, las condiciones climatológicas se hicieron más difíciles, ya que poco a poco se adentraba en las fases más profundas del inverno, un período tradicionalmente poco dado a las guerras.

¿El ennoblecimiento de su familia?

Sobre este tema se vuelve a encontrar diversidad de opiniones, por lo tanto la discusión está abierta entre los teorizadores «clásicos» y los «ortodoxos». Para empezar, para la mayoría de los primeros acostumbra a ser la prueba que clarifica que se tiene que llamar Jehanne con el apellido, es decir, «Jehanne Darc» (hoy «Jeanne d’Arc») con el simple razonamiento de que se trata de un documento oficial. Esta afirmación ultrapasa la palabra de Juana en el proceso (anteriormente nombrada), declaración de esta que defienden los «ortodoxos» tendiendo a afirmar que este documento se trata de un fraude y, por lo tanto, es falso.

Teóricamente el rey tramitó una carta de ennoblecimiento a la familia de Juana (que englobaba también su descendencia masculina y femenina) el 29 de diciembre en Mehun. Este es el presunto hecho que es considerado por los defensores de su validez como una especie de recompensa por los servicios prestados.

La polémica por la oficialidad del apellido «Darc» se amplía además cuando el otro sector de historiadores analiza el texto. De este modo se incluye en la discusión la paternidad y maternidad real de Jacques e Isabelle, que aparecen en el texto como padres de ella, en un texto supuestamente oficial. Los puntos más relevantes que se acostumbra argumentar para demostrar que el texto es falso y que, por consiguiente, no hubo ningún ennoblecimiento, son los siguientes:

En primer lugar, haciendo referencia al nombre Jehanne Darc, ella nunca se llamó de ninguna otra manera que de la que declaró en el proceso, es decir: «Dentro de mi pueblo se me llamaba Jehannette. En Francia desde mi llegada se me llamaba Jehanne». El mismo juez principal de Ruán no la llamó de ningún otro modo que «Jehanne, comúnmente llamada la Pucelle» durante todo el proceso. Juana, «la Pucelle», es la fórmula que siempre utilizó en todas sus cartas ella misma, como tampoco le pusieron ningún apellido los villanos declarantes en el proceso de nulificación.

En segundo lugar se pone en entredicho la veracidad concreta de ciertos fragmentos, los más discutidos son en los que se hace referencia a aquello que hizo Juana por la corona francesa: «Es por eso que nosotros hacemos saber que, teniendo en cuenta aquello de más arriba [se refiere a los términos que se habían expresado en el párrafo de más arriba de la letra], considerando además agradables los muchos y aconsejables servicios que Jehanne la Pucelle ya prestaba, y prestará en el futuro, lo esperamos, por nosotros y por nuestro reino, y por otras ciertas causas que nos mueven, con esto ennoblecemos la susodicha Pucelle…»

Entonces la pregunta que se hacen los detractores es la siguiente: ¿por qué la letra no describe las campañas, los méritos en sí que la han llevado a este reconocimiento? Afirman pues, que todos los documentos de este tipo del siglo XV contienen una detallada descripción de los hechos que, en efecto, provocan estas letras de ennoblecimiento. En este caso, Juana consiguió conducir a Carlos a Reims después de las ya nombradas gestas, que el propio rey había reconocido.

En tercer lugar, se habla del ennoblecimiento para toda la familia, tanto en línea masculina como femenina: «…y a pesar de su parentesco y linaje, y en favor y contemplación d’icelle Jehanne, toda su descendencia masculina y femenina…». En este caso, se puede remitir a debatir esta sentencia afirmando que en Francia ya había una ley sálica y por lo tanto, las mujeres no podían beneficiarse de estos favores por línea hereditaria. Los «ortodoxos» afirman que Carlos V de Francia, primer Delfín de Francia, hacía una ordenanza en 1368 con la que reforzaba que la nobleza únicamente se transmitía por línea masculina. Así de este modo quedaría sin validez el tema de la descendencia vía línea femenina.

El último punto que se acostumbra a criticar es el del sello que se usó para la letra. Los estudios realizados nos dicen que se trata del sello ordinario que el rey utilizaba, y del Gran Sello, guardado por Regnault de Chartres, quien parece ser que durante aquellos días no se separó. El Gran Sello era obligatorio para las Cartas de ennoblecimiento.

Finalmente los defensores de las afirmaciones de que la letra es falsa, hacen un salto en el tiempo y viajan a los años 1550 con Robert de Fournier (barón de Tornebeu), y al 1600 con Charles du Lys, los cuales parece ser que eran descendientes de la familia «Darc» y reclamaron los derechos nobiliarios que teóricamente les pertenecían. Pues bien, paerce que tuvieron que litigar para conseguirlos; un hecho una poco extraño, ya que les deberían venir de herencia.

Otras tesis sobre este hecho no responden necesariamente a la «clásica»; se habla de una confirmación de la carta de ennoblecimiento con Robert (barón de Tournebeu), que en octubre de 1550 hizo una petición junto con su sobrino Lucas de Chemin, señor de Féron, los dos descendientes de una hija de Pierre du Lys. Por otro lado, se dice que de los tres hermanos de Juana, dos tuvieron descendencia: Jean y Pierre. Los descendientes del primero adoptaron el nombre «Du Lys», y del segundo salieron dos hijos del mismo nombre: Jean. El primero tuvo una hija y el segundo se convirtió en Regidor de Arràs. Este último volvería a Francia y adoptaría también el nombre «Du Lys» y tendría dos bisnietos, Charles du Lys y Luc du Lys, que reclamarían los derechos.

Todavía otra hipótesis nos dice que Pierre du Lys, hermano de Juana, tuvo un hijo, Jean du Lys, que murió sin descendencia en 1501. Así, durante los siglos XVI y XVII, aprovechando que uno de los privilegios del ennoblecimiento de las familias era la exención de pagar los impuestos, habrían aparecido falsos familiares o descendientes de la familia de Juana que habrían querido aprovecharse. Así explican la demanda y los litigios de Charles du Lys y del barón de Tornebeu. También se afirma en este sentido, a la hora de explicar los litigios, que Carlos IX (1550-1574) suprimió los beneficios de transmisión para las mujeres y así estos tuvieron de apoyarse en la descendencia del hermano de Juana, Pierre du Lys, del único que se sabía que había tenido un hijo. Probaron inventándose otra mujer para Pierre, que tuvo únicamente un hijo, sin descendencia (Jean du Lys) y a partir de aquí una serie de hijos que no aparecen registrados en las encuestas de nobleza hechas de 1476 a 1551. Así pues el ennoblecimiento de Juana y de su familia sigue siendo un misterio.

El declive definitivo: las últimas campañas

Juana pasó el resto del invierno, después del abandono de la campaña en La Charité, en el castillo de Sully, el cual pertenecía a Georges de la Trémoille, después de algunas estadas en Bourges y en Orleans. Mientras seguían los trámites que llevaban el delfín y el Duque de la Borgoña con Compiègne. El rey de Francia había aceptado que esta ciudad, que estaba en territorio borgoñón, pasara a este a cambio de la neutralidad del Duque. Pero el Borgoñón todavía seguía con las negociaciones paralelas con Inglaterra, lo cual no gustó nada al rey, que le había ofrecido su confianza y finalmente decidiría volver a tomar la ciudad, que ya tenía a su favor en cuanto a sus habitantes.

Retrato hagiográfico de Juana de Arco

Retrato hagiográfico de Juana de Arco

Este fue uno de los motivos del retorno de Juana al panorama militar. Ella seguía con la intención de hacer lo posible para expulsar definitivamente a los ingleses, sin pasar por las treguas que intentaba pactar Carlos VII. Estas treguas finalizaron en marzo de 1430 y Juana, que pacientemente las había respetado, volvió al campo de batalla, en dirección a Compiègne con un modesto batallón y lo hizo sin esperar a que el rey se lo permitiera. Paralelamente a esto, Juana dictó diversas cartas desde Sully: dos dedicadas a los ciudadanos de Reims (los días 16 y 28 de marzo) donde les aseguraba que los auxiliaría en caso de asedio (estos se habían dirigido antes a ella temiéndose uno) y otra carta el 23, mucho más atrevida y después polémica, a los husitas. De hecho se trataba de un ultimátum en el que los trataba de herejes llamándolos a que volvieran a la fe católica y así a la luz verdadera si no querían que ella misma liderara una cruzada contra ellos. La utilización que se hizo después por parte de sus detractores es la que se quiso poner en el lugar del Papa, que acababa de anunciar una, en la que pretendían tomar parte junto a los borgoñones y los ingleses.

Parece ser que esta carta amenazadora fue influida por hermano Jean Pasquerel, su confesor. Junto con con él y su hermano Pierre, Jean d’Aulón y el pequeño batallón, partieron de Sully. El primer reto de esta nueva etapa en los campos de batalla fue en Lagny-sur-Marne, al lado del río Marne, afluente del Sena muy cerca de París. Allí había guarniciones inglesas y destacamentos borgoñones. Juana los pudo derrotar el 29 de marzo gracias también a la ayuda de las tropas mercenarias itálicas de Berthelemy Baretta que reforzaron el regimiento de Juana con unas 200 unidades.

Ya en abril del mismo año, Juana protagonizaría la última de sus victorias en el campo militar. Fue en un encuentro con las tropas borgoñonas dirigidas por Franquet d’Arras. Necesitó cargar tres veces contra la defensa mercenaria borgoñona que había salido de París con más de 300 unidades, frente a las cerca de 400 que dirigía Juana sin refuerzos por parte del rey. La batalla acabó pues con la rendición d’Arras, que le ofreció su espada como prueba. Este aspecto sería tratado en el proceso de Juana el 24 de marzo de 1431, ya que ella dijo que a partir de aquel momento utilizó la espada ganada mientras que no quiso dar detalles de la que llevaba habitualmente, la que había recibido en Sainte Catherine de Fierbois. El destino d’Arras fue convertirse en prisionero, y de aquí a su ejecución después de un proceso de unos quince días en Lagny mismo, a manos de un oficial de Senlis de la justicia de Lagny.

El 10 de marzo de 1431, Juana declaraba en su proceso, que en la semana de Pascua de 1430 (se cree que el 22 de abril), estando en Melun, sus voces, las de Santa Catalina y Santa Margarita, le hicieron saber que sería capturada antes del día de San Juan, es decir, el 24 de junio, pero no tenía por qué sufrir porque Dios le ayudaría a pasar el trance. Además ella probó de pedir a qué hora sería tomada presa, pero las voces no se lo dijeron.

El 24 de abril Juana llegaría a Senlis, donde teóricamente esperó por unos refuerzos del delfín. De aquí hasta el 14 de mayo no se sabe con certeza qué es lo que hizo. Se sabe que habría pasado por Crépy, Compiègne y por Soissons (que no permitió que Juana actuara excusándose con que la gente no quería problemas. Guiscard Bournel, el capitán de esta ciudad, vendería semanas después de forma secreta la ciudad a los borgoñones), volviendo el 14 a Compiègne. De todos modos, lo que está más claro es que mientras tanto la alianza anglo-borgoñona se rehacía y el Duque de Borgoña comenzaba a ganar terreno con el afán de hacerse con la ciudad de Compiègne. El objetivo era asediarla, ya que los ciudadanos se mostraban pro-armagnacs y no ofrecían su rendición. El 6 de mayo la corte armagnac reconocía el desastre que habían producido las últimas treguas pactadas con los borgoñones, sobre todo la tregua de neutralidad con Compiègne (afirmación reforzada por el arzobispo de Reims), que las habían aprovechado para rehacerse y rehacer las alianzas con Inglaterra e iniciar otra vez toda una serie de batallas.

Así el Duque consiguió avanzar bastante durante el mes de mayo con el objetivo de llegar pronto a Compiègne. Primero tomó el puente de Choisy-au-Bac, ciudad que cayó el 16 de mayo, siguió haciéndose con el monasterio de Verberie y finalmente consiguió llegar a Compiègne a finales de mes, el 22, día en que la puso en asedio. Por su lado, se sabe que Juana del 17 al 21 de mayo pasó nuevamente por Crépy, lugar del cual sacó más refuerzos para poder redirigirse a Compiègne contribuyendo así a mejorar la defensa de los villanos.

Justo el día que la ciudad cae en asedio, Juana llega con los refuerzos después de cabalgar con sus hombres por los bosques cercanos hasta llegar a la villa. El resto de la noche la pasaría en el interior de la ciudad conociendo que esta estaba siendo asediada y a pesar de las recomendaciones de peligro de sus propios soldados.

Compiègne: la captura

La mañana del día 23 de mayo de 1430, Juana hizo unas plegarias en una de las iglesias de la ciudad. Compiègne estaba capitaneada por Guillaume de Flavy y fue con este con el que Juana trazó sus últimas estrategias para preparar la batalla que se libraría aquella misma tarde, en un puente en el exterior de las murallas de la ciudad, el cual significaba un enclave de asedio muy peligroso. Los borgoñones ya sabían que de esta manera lo querían tomar.

Las tropas francesas salieron de la ciudad, pero se encontraron con una coalición borgoñona muy fuerte, pero aun así los pudieron hacer retroceder diversas veces. Se encontraron con una especie de emboscada que las crónicas narran como la entrada de los ingleses en la lucha, lo que hizo retroceder a los armagnacs. Los ingleses se posicionaron entre el ejército de «la Pucelle» y el puente al mismo tiempo que una parte de los borgoñones se colocaban detrás del ejército francés; así quedaba rodeado y con muy pocas opciones de resistencia a pesar del apoyo desde las murallas de los arqueros de la ciudad de Guillaume.

Fue cuando la propia compañía de Juana le reclamó que «¡Considerad hacer un esfuerzo para volver a la ciudad, o vos y nosotros estaremos perdidos!». Según las crónicas, la Pucelle tuvo para esto una respuesta bastante furiosa: «¡Quietos! Su derrota depende de nosotros. Pensad sólo en atacarlos». Pero entonces los anglo-borgoñones vieron que Juana hacía maniobras para volver a la ciudad; con un gran esfuerzo se apresuraron a tomar el puente, lo cual provocó una gran escaramuza al extremo de este.

Este fue el momento en el que Guillaume de Flavy, capitán de la ciudad, cometió el error más grande de su vida, lo que le costó muchas críticas y acusaciones. El hecho es que delante de una predecible derrota, se atemorizó y con el propósito de proteger la ciudad para no perderla, ordenó cerrar las puertas de la ciudad de Compiègne, con lo cual ya nadie podría penetrar, ni siquiera «la Pucelle». Naturalmente, las valoraciones posteriores sobre esta decisión son difíciles de hacer y dependen de la óptica con la que se enfoquen. Pero Guillaume no quedó exento de acusaciones de traición.

Según las crónicas, en aquel momento, Juana asumió las riendas de la batalla y se puso al frente con la mayor bravura demostrable. El enemigo vio con astucia que los armagnacs estaban colgando de un hilo y quedaban a merced de ellos y dieron órdenes de tratar capturar a toda costa a Juana. Ella, a su vez, mostró gran resistencia, pero fue sorprendida por cinco o seis hombres de los cuales uno le puso la mano encima mientras los otros sostenían el caballo y le gritaban que se rindiera, aunque sólo consiguieron negativas de Juana en medio del forcejeo.

Los compañeros de Juana intentaron poner medios para recuperarla, pero un arquero borgoñón del Bastard de la Vandonne le consiguió desenganchar del caballo definitivamente y Juana tuvo de rendirse finalmente al Bastardo, Lionel de la Vandonne, vasallo del Duque de Luxemburgo, Jean de Luxembourg dado que este, que estaba justo al lado en el momento de la caída de Juana, era un noble. En esta misma captura, el hermano de Juana, Pierre también fue aprisionado, (y liberado años después) como Jean d’Aulón a quien se le permitiría seguir con la intendencia de Juana en cautividad.

El fin del viaje: el proceso en Ruán y la condena definitiva

El último año restante de la vida de Juana, de mayo de 1430 a mayo de 1431, se divide en dos partes, dado que ella todavía tuvo que pasar por un enfermizo periplo de una villa a otra siendo vendida hasta su llegada final a Ruán, donde el obispo de Beauvais, Pierre Cauchon, lideraría un proceso eclesiástico irregular, que ocuparía los últimos meses de la vida de Juana, y que acabaría con una sentencia de muerte en la hoguera después de haber pasado a justicia secular los días restantes de vida de «la Pucelle»; obviando de momento las tesis que hablan de su supervivencia. Así pues, este proceso sería uno de los más famosos de la historia, la cual convertiría a la joven Doncella en un mito para Francia, además de su patrona.

La primera etapa del cautiverio de Juana

La primera de las dos etapas se inició con su traslado a una localidad muy cercana a Compiègne, al noreste, concretamente a Claroix, donde había una fortaleza. Allí pasó unos pocos días, desde su captura el día 23 hasta el día 27, cuando fue trasladada a Beaulieu-lès-Fontaines. En mitad del camino, cerca de la villa de Elancourt, le dieron permiso para ir a hacer unas plegarias a Santa Margarita, cuya voz dijo que había escuchado. Juana se entrevistó entre los días 27 y 28 con el propio Duque de la Borgoña, Felipe el Bueno. En aquellos momentos Juana era propiedad del Duque de Luxemburgo. Desafortunadamente de la entrevista entre Juana y el Duque borgoñón no se sabe qué se dijeron.

Antes de proseguir su periplo en cautividad hacia el nuevo punto geográfico, Beaurevoir, Juana pasó por diversas experiencias en Beaulieu. El 6 de junio llegaron a la villa de Noyon Felipe el Bueno y su esposa Isabel de Portugal. Juana fue trasladada allí, concretamente al lujoso Palacio episcopal que había que quedaba cerca de la Catedral. Allí también pudo encontrar al Conde de Luxemburgo, Jean y su esposa Jehanne de Bethune. No se sabe tampoco qué sucedió, pero se apunta a que Juana le causó cierta simpatía a la duquesa Isabel, la cual fue artífice de su traslado a una prisión más digna en Beaurevoir, a finales de junio o a principios de julio.

Pero el mismo junio (no se sabe a ciencia cierta qué día), Juana intentó escaparse por primera vez de la torre donde estaba como prisionera en Beauvais, pero fue detenida antes de salirse con la suya. Mientras, la Universidad de París, representada por Pierre Cauchón, proinglés, obispo de Beauvais y ahora en el exilio en Ruán, iba haciendo escritos al Duque de la Borgoña; el más conocido el del día 22, reclamando la deportación de Juana. Además, advirtieron que los armagnacs, que en aquel momento podrían estar negociando el retorno de la joven doncella, estaban haciendo todo lo posible para rescatarla. Se añade la posibilidad también de que el Bastardo de Orleans y La Hire, buenos amigos de «la Pucelle», protagonizaran diversas tentativas militares por su cuenta con tal de intentar rescatar a Juana, aunque solo se sabe que coincidieron en Louvain en marzo de 1430.

Juana finalmente fue trasladada al Castillo de Beaurevoir, donde pasó el verano recibiendo la amabilidad y el buen trato de tres damas: Jehanne de Luxemburgo que era la tía de Jean de Luxemburgo, Jehanne de Bethune, la esposa de este, y Jehanne de Bar la hijastra del matrimonio. Juana que, por orden de sus voces vestía de hombre, intentó ser persuadida por estas mujeres para que retomara los hábitos femeninos. Juana pasaría esta época relativamente tranquila. De hecho esta fue la mejor época de la etapa como prisionera, sobre todo en comparación con la que tendría que vivir en el marco del proceso eclesiástico venidero.

A partir de julio su estancia con las tres damas (casualmente del mismo nombre que ella) es tranquila y no acabó trascendiendo nada durante los dos meses siguientes, agosto y septiembre. De todos modos la documentación vuelve a llegar en octubre de 1430, cuando se comenzarían a multiplicar las negociaciones para vender a Juana. De hecho, Jean de Luxemburgo aprovechó el contar con una prisionera tan valiosa para obtener el máximo rendimiento político y económico. Pero se cree que su mujer, la duquesa Jehanne, al ver que su marido hacía tratos, le habría intentado persuadir de que no la vendiera a los ingleses. Por desgracia para Juana, la duquesa de Luxemburgo moriría el 18 de septiembre, la cual dio vía libre a su marido para seguir negociando con los ingleses.

Será aproximadamente alrededor de septiembre a octubre cuando Juana hiciera su segundo y último intento de fuga, cuando intentó saltar desde una altura de unos sesenta pies de altura desde la torre donde estaba prisionera. A pesar del riesgo de muerte, sobrevivió milagrosamente sin romperse ni un hueso, sólo con algunas contusiones. Después confesaría que lo hizo aunque sus voces le rogaron que no lo hiciera, porque sabedora de la llegada de los ingleses hacia Compiègne, y de que ella podía acabar vendida a los mismos, se vio en la obligación de prestar ayuda a los ciudadanos y amigos de Compiègne antes que acabasen masacrados a causa del asedio que estaban sufriendo. Dio gracias a los ángeles por haberle salvado la vida y pidió perdón a Dios por haber pecado, el cual le perdonó según ella. De todos modos quedaría tumbada sobre el suelo a los pies de la torre, inconsciente y se cree que durante tres días no comió ni bebió, pero que finalmente se recuperó perfectamente.

Otro hecho destacable al recuperarse del choque de la caída, es que Juana advirtió que sus voces le indicaron que de todas maneras el pueblo de Compiègne recibiría los refuerzos suficientes para levantar el asedio alrededor del día de San Martín, que es el 11 de noviembre. Ciertamente el asedio sobre Compiègne sería levantado, gracias principalmente a la llegada providencial de Ponton de Xantrailles, que junto con un regimiento de hombres armados el 25 de octubre, con la ayuda del pueblo, enloquecieron en un fuerte ataque contra la bastilla inglesa de Pierrefonds. Así pues los ingleses tuvieron que huir y su bastilla fue quemada.

El 2 de noviembre se iniciaría el traslado hacia a Arras en la deportación definitiva hacia Ruán, efectiva un mes después, a consecuencia de la consolidación de su venta definitiva a los ingleses a mediados de noviembre, después de unos meses de negociación. Jean de Luxemburgo sacaría unas 10.000 libras turnesas. Paralelamente, se discutido profundamente la actitud de Carlos VII hacia esta situación. Lejos de profundizar en juicios fáciles sobre una posible traición del rey sobre Juana, como se ha acusado a Guillaume de Flavy, las circunstancias reales del rey son difíciles de conocer.

Así pues, a la pregunta de si el rey de Francia intentó rescatar a Juana comprándola a Jean de Luxemburgo, nos tenemos que atener a las dos opciones más plausibles: la primera es si intentó negociar por la compra de su libertad y por otro lado si Jean estaba dispuesto a devolverla a los armagnacs. La documentación sobre este asunto falta, con lo cual no se puede demostrar que ni siquiera se hubieran iniciado las negociaciones para intentar recuperar «la Pucelle», lo que puede hacer pensar que los armagnacs podrían haber dado la causa por perdida, hubiera hecho algún intento que no consta o la hubieran abandonado a su suerte.

Por su lado, Jean de Luxemburgo prefirió hacerse rogar un cierto tiempo de forma hábil para intentar encarecer la venta. Otras opiniones atribuyen el atraso de tantos meses a las presiones que estuvo recibiendo Jean por parte de damas como su esposa.

Finalmente, Juana pasaría por pueblos como Arras, Saint Riquier, Drugy y Le Crotoy donde pudo contemplar por primera vez en su vida el océano, ya que esta villa está situada en el canal de la Mancha, al lado de Somme. En Le Crotoy pudo ir a parar al mismo sitio donde el Duque d’Alençon había estado prisionero por los ingleses después de la batalla de Verneuil, durante cinco años, desde el 14 de agosto de 1424. Ella supo que no tenía ya ninguna opción de salir con vida a diferencia de su amigo.

A Le Crotoy, pueblo que probablemente abandonó alrededor del 20 de diciembre de 1430, también recibió la visita de unas damas procedentes de Abbeville, que quedaron maravilladas con la recepción que la joven Doncella les ofreció. Además pudieron conocer a otro prisionero: Nicholas de Queuville, Canciller de la Catedral de Amiens, con quien le permitieron celebrar alguna misa.

El siguiente pueblo por donde Juana pasó, en un viaje que estaba siendo bastante discreto, fue el de Saint Valéry, para eso tuvieron que atravesar el río Somme en un trayecto que les estaba haciendo hacer una ruta de noreste a noroeste para bajar un poco hacia el sur bordeando la costa atlántica francesa hasta llegar a Ruán, destino final. A partir de allí se desconoce qué ruta siguió para llegar a Ruán, ciudad que vuelve a quedar una poco tierra adentro; dos opciones se perfilan como las más probables: por un lado la ruta costera: Saint Valéry-Le Trepport-Dieppe-Ruán, o la que iría directamente tierra adentro: Saint Valéry-Eu-Arques-Bosc-le-Hard-Ruán. En cualquier caso, las tropas que protegieron el traslado de Juana hacia Ruán llegaron la noche de Navidad: el 24 de diciembre.

El proceso de Juana en Ruán

La Torre «Juana de Arco» en Ruán, donde estuvo prisionera durante el juicio

La Torre «Juana de Arco» en Ruán, donde estuvo prisionera durante el juicio

El primer cambio que la joven Doncella, ahora ya esposada, pudo notar fue el lugar donde la aprisionaron y el trato que recibió, que fue el de prisionera de verdad. Juana fue encerrada en una celda bastante oscura de forma hexagonal dentro de una torre. Esta celda tenía una pequeña abertura que ejercía de ventana y adjunta otra celda menor que servía de letrina. Mientras una comunidad de eclesiásticos comenzaba a mover hilos para preparar los puntos básicos de la acusación de Juana, con ánimo de venganza como después quedaría impreso años después en las diversas declaraciones de algunos de los miembros. Buena parte de los miembros del proceso de Juana estarían comprados, según documentos que han sobrevivido. Estos estaban dirigidos por el obispo de Beauvais, Pierre Cauchon.

Mientras Juana era vigilada por cinco hombres: Jean Baroust, Nicholas Bertin, Julian Floquet, William Mouton y William Talbot; sabiendo que ya había intentado escaparse dos veces, y que era una verdadera prisionera de guerra muy cara. El proceso comenzaría el 9 de enero de 1431, después de ser pasada finalmente a jurisdicción de la Inquisición de la Iglesia, tal y como reclamaban la Universidad de París y Cauchon desde hacía meses con el apoyo de muchos teólogos seis días antes. Un proceso que pasaría a la posteridad y que convertiría a Juana en la heroína nacional por el modo como se desarrolló y el final de la joven y la leyenda de la que hoy en día todavía se intenta distinguir la realidad de la fantasía, como acostumbra a pasar en estos casos. Juana no estuvo presente en estas diez sesiones preliminares que hubo hasta su aparición frente sus acusadores el 21 de febrero del mismo año.

Pero antes de su entrada en escena, hay que destacar las condiciones en las que se vio sumergida la joven Doncella. La vigilancia por parte de cinco hombres no fue pasiva. Ana de Borgoña, duquesa de Bedford, tuvo que amonestar y suplantar dos de los hombres, por los intentos de violación a que sometieron a Juana, que hasta aquel momento todavía seguía siendo una Doncella, ya que la misma Anna la sometió a un examen médico el 13 de enero donde una de las testadoras, Ana Bavon corroboró su virginidad.

Juana iría vestida con ropa de hombre, la que enfadaba a sus jueces, pero se cree que esta vez lo hizo para protegerse de los intentos de violación. Teóricamente era más prudente llevar a la prisionera, como ella misma pidió, a ser recluida en un ambiente femenino para evitar las ambiciones de ciertos hombres. Esta petición no la quisieron entender los jueces que se encabezonarían en obviar las reglas excepcionales de Santo Tomás de Aquino (1225-1274) por ejemplo, en la que contemplaba ciertas excepciones en caso de necesidad a la hora de vestir. Así pues, nunca fue aceptada la petición de la joven.

Ya en materia judicial, se dice que el proceso empezó con diez sesiones preliminares el nueve de enero, que se sucedieron durante los siguientes días:

  • Enero: Los días 9, 13, 23
  • Febrero: 13, 14, 15, 16, 19 (mañana) 19 (tarde), 20.

En estas sesiones se presentaron las pruebas de la acusación. Para los jueces estaban a punto de interrogar a un personaje peligroso, de la que creían que se regía por fuerzas diabólicas u ocultas, en clara referencia a las visiones y las voces. Una especie de insumisa y hereje, lo que no deja de sorprender sabiendo de la religiosidad de «la Pucelle». Naturalmente estaban preparando meticulosamente un proceso de Inquisición. Para los teólogos se trataba de una causa en materia de disciplina y teología muy importante. Y así en las sesiones preliminares comenzaron exponiendo las causas de que se le acusaba, principalmente herejía y el asesinato, al que ella declararía que había preferido llevar el estandarte para no tener que matar a nadie. Ante esto Juana prácticamente no podía hacer nada, ni tan sólo apelando a la autoridad del Papa de Roma ni al Concilio de Basilea.

El día 20 de febrero, Juana fue advertida que finalmente al día siguiente haría ya su primera intervención en el juicio. Ella pidió que hubiera paridad en cuanto al número de representantes franceses como ingleses. Ya sabia, pues, que seguramente no tomaría parte en el proceso más imparcial y objetivo de todos. También pidió asistir a misa antes de comenzar el juicio, peticiones que fueron ignoradas.

El oficial Jean Massieu escolta el día 21 de febrero finalmente a Juana hacia la capilla real del Castillo. Al principio le hicieron jurar que diría la verdad a lo cual ella se resistió como tantas otras veces; la primera vez aludiendo que no sabía de qué se le interrogaba: «Ignoro la materia del interrogatorio». Finalmente Cauchon le hizo prestar juramento haciendo referencia a las materias relacionadas con la fe. Así se iniciaría entonces el interrogatorio de identidad.

Los jueces vieron pronto que a pesar del origen humilde de la joven doncella y su educación tradicional y típica del campo, no estaba falta de inteligencia. Ya lo demostró con la resistencia que ofreció sólo comenzar. A lo largo del proceso (decidido en sesiones privadas y públicas), Juana poco a poco manejaría con más precisión la dialéctica y el modo de expresar sus voces. La teórica desventaja de la que partía en un inicio era que estaba poco habituada al manejo de la dialéctica y de los conceptos. En cuanto al trato, los jueces estuvieron lejos de tratarla con menosprecio, tanto por su origen o formas, ya que eran conscientes de a quien tenían delante y de la importancia de aquel proceso; no se esperaban que llegara a ofrecer tanta resistencia como les podía haber parecido a priori.

Hay diferentes partes dentro del interrogatorio, es decir, diferentes temáticas dentro de las preguntas que le hicieron. Ella demostró un arraigo muy profundo en sus tesis y convicciones además de misticismo al que intentaron contradecir mediante la introducción de algunas trampas en sus formulaciones, refiriéndose a las señales, las voces, los cultos, la personalización de los tres santos que se le presentaban, el gusto por vestir como un hombre… trampas en las que ella no cayó precisamente por la firmeza de su voluntad permitiéndose incluso pedir a los jueces más credibilidad en sus acusaciones. Juana resistiría hasta el extremo sobre la certeza de que las palabras de las voces que escuchaba ocultaron una misión que llevó hasta done estaba ahora, en un juicio.

Juana también fue interrogada sobre la iglesia militante de la cual los jueces decían representarla el 15 de marzo. A esto, Juana respondió no saber qué era y los jueces, próximos a la desesperación, creyeron que estaba negando la jerarquía eclesiástica y que ella se presentaba como si fuese una mediadora entre Dios y la gente terrenal, lo cual venía a decir ella cuando afirmaba que había sido enviada por Dios. No obstante, se le explicaron las diferencias entre la Iglesia militante y la Iglesia triunfante.

Juana de Arco es interrogada por el cardenal de Winchester en su prisión (1824) de Paul Delaroche en el Museo de Bellas Artes de Ruán

Juana de Arco es interrogada por el cardenal de Winchester en su prisión (1824) de Paul Delaroche en el Museo de Bellas Artes de Ruán

El 24 de marzo es cuestionada sobre el tema de la ropa femenina, al que ella respondió que aceptaría llevar un vestido si se la devolvía a su pueblo con su madre. Además pidió permiso para asistir a misa el día siguiente, que era el 25 de marzo, domingo de ramos. Esta petición le sería denegada, pero ella respondería que si era su mayor deseo estaría de todos modos, mas que seguía los designios de Dios a la hora de vestir como un hombre.

Entre los días 27 de marzo y 28 de marzo, Thomas de Courcelles hace la lectura de los 70 artículos de la acusación de Juana, a los que habría que responder y que después serían resumidos en doce el 5 de abril. Estos 70 artículos suponían la acusación formal hacia «la Pucelle» buscando ya la condena. Tras lo que se llevaba de juicio, notarios y asesores dudaron de la culpabilidad de Juana y del procedimiento de su proceso y fue el momento en que propusieron recurrir al Papa, a la que estuvo de acuerdo Juana. Ante el peligro que suponía para los jueces que el Papa los desacreditara, rechazaron la propuesta.

El mismo 27 de marzo se le propone entrar en la Iglesia militante, y escuchar los consejos de los asesores del proceso. Al último le dio las gracias pero se remitía a los consejos de Dios, superiores. Sobre la Iglesia militante, la rechazo del siguiente modo: «…y tengo la firme creencia que no he faltado a nuestra fe cristiana. Por lo que no deseo pertenecer». Esta cuestión se le volvería a presentar unos cuantos días después, el 31 de marzo y rechazó igualmente la propuesta. Una de las frases recurrentes de Juana, cuando sobreponía Dios como motivo principal para justificar una acción cualquiera, era la expresión: «¡Dios primer servido!».

Como ya se ha comentado, los setenta artículos se resumieron en doce. Este proceso ocupó tres días, del dos al cuatro de abril de 1431, y el día 5 son transmitidos a consulta, pero no a la acusada. Los cambios que se quisieron reintroducir fueron omitidos. El escriba Guillaume Manchon declaró en el proceso de nulificación que efectivamente se habían propuesto una serie de cambios que no se aceptaron, la cual cosa pudo demostrar. El mismo día 5 Juana comienza a perder salud a causa de ingerir alimentos venenosos lo que le hace vomitar. Aquello alertó Cauchon y a los ingleses, que trajeron un médico. La querían mantener viva, sobre todo los ingleses porque la querían ejecutar públicamente. Durante la visita del médico, Jean d’Estivet acusó a Juana de haber ingerido los alimentos envenenados siendo consciente para de suicidarse.

Aguanta este proceso enfermizo aproximadamente hasta el 18 de abril, cuando finalmente ella se ve en peligro de muerte y pide la confesión y la Eucaristía. Así reclama que su cuerpo sea incinerado y dejado en un camposanto. Si eso no se produce encomienda su cuerpo a Dios. De todos modos, Juana tendría que seguir la larga agonía unas semanas más todavía, y no de manera médica, porque poco a poco se fue recuperando. Se trataba de la evolución del proceso, que llegaba al último mes. Tras la enfermedad, Juana volvió a participar en una sesión el 2 de mayo.

Aquel mismo día, el 2, hubo un enfrentamiento previo. El hecho es que tenía que responder sobre los doce artículos de la acusación. Le habían pedido si quería corregir o mejorar algún aspecto sobre la deliberación de los jueces, ella respondió: «Leed vuestro libro» y seguidamente: «Yo me atengo a Dios, mi Creador, de todo; yo lo quiero de todo corazón». Después añadió: «Yo me atengo a mi juez, él: él es el Rey del Cielo y de la Tierra». De este modo, en presencia del obispo y de 63 testigos, el arzobispo de Evreux, J. De Chatillon, procedió a la lectura de los artículos a la espera de algún comentario de Juana. Pero después de hacer la lectura no obtuvieron ninguna respuesta más y de este modo se la llevaron otra vez a la celda.

Después del proceso que había habido y ya consciente de cuál podría ser su devenir, Juana entró en una fase bastante más cerrada, de la que fue una prueba el día 2 de mayo. Probablemente a estas alturas Juana ya había dicho todo lo que tenía que decir y sabía que la sentencia sería definitiva, por lo que no tenía ninguna opción de escapatoria. El día 9 de mayo Juana es conducida a la cámara de tortures donde se le enseñan los instrumentos como prueba de fuerza, después ella hizo la siguiente afirmación: «Verdaderamente, si vosotros me arrancaseis extremidad por extremidad y separaseis mi alma de mi cuerpo yo no os diría nada. Y si dijera alguna cosa después declararía que me lo hicisteis decir a la fuerza».

Después encontraron poco provechoso someterla a tales máquinas de tortura. De todos modos, el sábado 12 de mayo se hizo una votación entre los jueces en la que resultó ganadora, por 11 votos a 3, la opción de no torturarla. Los tres que votaron a favor de la tortura fueron Aubert Morel, Thomas de Courcelles y Nicolas Loisileur. El caso de este último es curioso, ya que antes de comenzar el proceso a la joven Doncella, junto con un otro compañero (que era Jean d’Estivet), la intentaron estafar del siguiente modo: se hicieron pasar por gente de su tierra «natal» y Loisileur se hizo pasar por un confesor para extraer toda la información posible a Juana. Esta no cayó en la trampa y no pudieron aportar nada interesante en la maquinaria previa al proceso de Juana.

Llegados a este punto del juicio, los ingleses acabaron con la paciencia que les había hecho pasar con discreción hasta aquel momento. El Conde de Warwick dijo en Cauchon que el proceso se estaba alargando demasiado. Incluso el primer propietario de Juana, Jean de Luxembourg se presentó en la celda de Juana. Fue un momento muy tenso que podría haber acabado mal, pero seguidamente apareció Warwick para calmar los ánimos. Jean le hizo la propuesta de que pagaría para liberarla si ella prometía no atacar más a los ingleses. Ella le respondió del siguiente modo: «En nombre de Dios, vos os estáis mofando de mí, pero sé muy bien que no tenéis ni el poder ni el valor para hacer eso». Después de unas cuantas discusiones más, Juana le acabó diciendo: «Sé que estos ingleses me quieren muerta, porque creen que después de mi muerte se harán con el reino de Francia. Pero antes había 100.000 Godones [palabra en argot para denominar a los ingleses] más de los que hay ahora presentes, los cuales no podrán conseguir ahora el Reino». El Conde de Stafford, enseguida puso su daga en el cuello de la Pucelle, pero fue cuando Warwick intervino.

La fase final: los últimos días de Juana

Las cosas se acelerarán a partir del 23 de mayo. Juana recibió la enésima amonestación de parte de Pierre Cauchon, acompañado por el vice-inquisidor y diversos miembros más, en una cámara del Castillo de Ruán donde pretendían que Juana claudicara. Además sirvió como una advertencia de la muerte cercana que le esperaba. Le pidieron que aceptara el veredicto de la Universidad de París y de los jueces por el bien de ella, pero esta se rehusó alegando que no tenía nada más que decir. «…si yo estuviera en el fuego, incluso seguiría sin decir nada más, y querría mantener todo lo que he dicho en el proceso hasta la muerte. No tengo nada más que decir».

Estas serían las jornadas en las que puede que los jueces eclesiásticos se mostraran más de acuerdo con su fe, es decir, un poco más caritativos y le advirtieron con toda sinceridad que por una vez les hiciera caso sino quería acabar entre las brasas. Esta fue la amonestación suavizada, después de leerle los escritos que habían redactado la gente de la Universidad de París, con gran violencia. Finalmente, aquel día se hizo una convocatoria que tendría lugar el día siguiente al lado del cementerio de Saint Ouen; se trataba de una sesión pública.

Un día después, el 24 de mayo, Juana fue trasladada cerca de la abadía Saint Ouen, al cementerio que había al lado. Loisileur, uno de los que había apostado fuerte por su tortura, se mostró esta vez también bastante caritativo y cuando llegaron le hizo el siguiente comentario «Juana, créeme, si quieres tu vida se puede salvar. Toma este vestido de mujer y haz todo aquello que se te diga; de otro modo estás en peligro de muerte» después de estas súplicas, y mientras los ingleses se frotaban las manos habiendo conseguido reunir una masa de gente; todos escucharon el pequeño sermón por parte Guillaume Erard, que leyó unos pasajes de Juan, concretamente los 15:6. Seguidamente comenzó a blasfemar contra el rey de Francia, Carlos VII, dirigiéndose directamente a Juana, que después de ver cómo el hombre repetía una y otra vez las críticas con soberbia apuntándola con el dedo, no se mordió la lengua y respondió interrumpiéndolo: «No habléis de mi rey. Te reto a decir y jurar, en mi vida, que él es el más noble de todos los cristianos, quien mejor estima la fe y Iglesia, y no es como tú dices»

En aquel momento, Juana había cortado el sermón de Erard, que quedó atónito y se puso nervioso. Juana hizo otra referencia a Dios, que era por qué lo hacía todo pasando por el Papa de Roma. Acto seguido, Pierre Cauchon se dispuso a leer la sentencia, en la que le declaraban hereje y la excomulgaban a la vez que la enviaban a la justicia secular. Un hecho que no ha de extrañar, ya que la iglesia difícilmente cometía los delitos de sangre fruto de las Inquisiciones directamente. Antes enviaban a los presos a la justicia secular, como en este caso.

Pero Massieu se levantó, y delante de la presencia de los ingleses, se acercó a Juana y le suplicó que firmara unos papeles, teóricamente la sentencia de abjuración. Ella no sabia qué era eso que le pedían, pero la urgencia corría y firmó con una cruz en un círculo, según se cree. El documento no ha quedado para la posteridad y las informaciones son controvertidas. Al principio se creyó que fue un documento de decenas de líneas, pero más tarde, Massieu diría que iba de seis a ocho líneas. En cualquier caso, Juana había salvado su vida por el momento aunque renunciando a todas sus creencias, según había firmado, y así, además, aceptaba vestirse otra vez de mujer. Una de las teorías que podrían barajarse es que en la transcripción del juicio Cauchon hubiera cambiado la sentencia de abjuración larga por la corta. De todos modos, Juana acabaría siendo llevada hacia la celda otra vez. Pero antes Cauchon tendría un enfrentamiento con los ingleses a quienes no les gustó nada aquel último gesto de los clérigos, y acusaron a Cauchon de favorecer a Juana mientras él lo negaba. Llegaron a decirle: «El rey ha malgastado el dinero en ti». Warwick le dice a Cauchon que puede llegar a ser contraproducente para los ingleses este suceso, ya que ella ahora podría escaparse. Pero rápidamente alguien le comenta: «Señor mío, no os preocupéis, la volveremos a capturar». Naturalmente nadie quedó demasiado contento con lo que había sucedido aquel día. Los ingleses no habían obtenido el golpe definitivo que buscaban y mientras la Iglesia sabia que había abierto una puerta a la clemencia. Al saber lo que había firmado, Juana tampoco quedaría nada contenta, ya que no podría soportar el peso de haber negado todo aquello en que siempre había creído y que le había movido a viajar por toda Francia.

Pero el día 28 de mayo, Juana apareció otra vez vestida con ropa de hombre, la que llevaba antes de volverse a poner la de mujer. Este hecho se cree que es debido a que fue forzada a ponérsela a causa de los ingleses, que habrían entrado en su celda; la habrían desnudado antes de mediodía según Massieu y le habrían dejado la ropa de hombre al lado, con lo cual no pudo hacer más que ponérsela. Rápidamente alguien llamó a los jueces, y estos pudieron comprobar visualmente el hecho. Remitiéndonos a lo que ella dijo, alegó que había reprendido el hábito de hombre, porque lo prefería y que lo había hecho por propia voluntad. Dijo que prefería morir antes que continuar así, mas reafirmó que lo habían dicho sus voces y su misión; Santa Catalina y Santa Margarita. Ella realmente sería condenada si negaba estas revelaciones.

Condenada por reincidencia, no hubo más que hacer; se dice que después de que Cauchon comprobara de primera mano que Juana se había sentenciado cambiándose nuevamente de ropa, al bajar de la torre, dejó caer una frase a un Warwick triunfante: «Farewell [adiós], alegraos, ya está hecho». Implicando así a Warwick en la trama que habían urdido los ingleses para provocar la sentencia definitiva. Juana había sido sorprendida con ropa corta, una capa y otras piezas masculinas. Un día después, el 29 de mayo, llegaría a la capilla del Arzobispo en Ruán, la última deliberación.

Como declaraciones más destacadas, N. De Vendères la condenó por hereje a la justicia secular; rogando que esta la tratara más dulcemente de lo que se merecía. Gilles, abad de Fécamp, la acusó de reincidente, de recaída, de hereje y también apeló por el buen trato a la justicia secular. J. Pinchon simplemente dijo que era reincidente y que el resto era cosa de los teólogos.

Muerte

Estatua de Juana de Arco en Compiègne (Francia)

Estatua de Juana de Arco en Compiègne (Francia)

Place du Vieux Marché (Plaza del Viejo Mercado), Ruán, a las 09:00 de la mañana del 30 de mayo de 1431. Previamente, Juana había sido escuchada en confesión por Jean Totmouille y Martin Ladvenu y le habían administrado los sacramentos de la Comunión. Juana hizo una pequeña declaración que se puede interpretar de modo que ella podía haber sido violada o como mínimo agredida físicamente el día 27, cuando la desnudaron para que no tuviera más remedio que vestirse como un hombre. Ladvenu (que después declararía que Juana había muerto injustamente a su parecer) le acababa de decir que sería ejecutada en la hoguera. Al poco rato, entró en la cámara Cauchon. Juana, desesperada, arremetió contra él con duras palabras «Yo muero a través tuyo». Pero él respondió que su muerte estaba en sus propias manos. Pero con habilidad (aún estando destrozada y terriblemente desesperada) apeló a que si la hubiera aprisionado en una prisión eclesiástica como ella reclamó, con gente competente, no habría pasado nada. Entonces apareció en la cámara el hermano Pierre Maurice al que Juana se dirigió en busca de consuelo, pidiéndole donde estaría aquella misma noche. Él le preguntó si aún creía en Dios, y entonces ella afirmó que con la buena voluntad de Dios, aquella noche ya estaría en el paraíso: «Sí, con la ayuda de Dios, estaré en el paraíso», tal como le habían prometido los ángeles el 1 de marzo. De este modo, la joven doncella de no más de 19 años perdió el miedo y se preparó para el reto definitivo.

Juana será escoltada esposada hacia una plaza llena de gente. Unas diez mil personas más mil soldados ingleses más, todos expectantes a las nueve de la mañana de aquel día. Iba vestida de blanco y llevaba algunos detalles en recuerdo de Jesús. En el centro había una hoguera montada; una plataforma con una estaca en el medio a la cual sería atada, con un montón de ramitas de madera para poder calar fuego a sus pies. Delante de esta había una mesa con una inscripción en la que se decía que Juana, la que a sí misma se hacía llamar la Pucelle, había cometido una serie de delitos y de pecados.

Mientras se acababa de preparar la plataforma, Nicholas Midi (el autor de los doce artículos de la acusación) comenzó a leer un sermón al que Juana guardó silencio. Éste acabó con la siguiente frase: «Juana, ve en paz, la Iglesia ya no te puede proteger más y te libra a las manos del brazo secular». Juana en aquel momento arrodillada, realizó unas plegarias a Dios con contrición, penitencia y fervor de fe. Invocó además de a Dios, a la Virgen María, la Santísima Trinidad y todos los ángeles del paraíso. Asimismo, también invocó el perdón por los males que hubiera podido causar. Estuvo una media hora aproximadamente, según Jean Massieu. Algunos jueces y algunos ingleses, incluso lloraron viendo que no era más que una buena chica. Finalmente, un soldado inglés acabó una pequeña cruz con dos palos que ella besó repetidamente.

Le tocó a Massieu acompañarla los últimos metros junto con el hermano Martin. Ella siguió rezando y rogando a San Miguel y a otras criaturas celestiales. En aquel momento, Cauchon dijo que Juana era enviada a la justicia secular, por enésima vez «Como miembro podrido, te hemos desestimado y lanzado de la unidad de la Iglesia y te hemos declarado a la justicia secular». Si bien en aquel momento se podía esperar una sentencia secular; esta nunca fue pronunciada si es que alguna vez fue elaborada. Juana fue puesta sobre la hoguera y antes de ser quemada, un soldado inglés interrumpió con un grito de fondo gritando «¡Sacerdote! ¿Nos dejarás acabar el trabajo antes de la hora de la cena?». Entonces un alguacil dio la orden de ejecución y el verdugo la llevó a la estaca llevaba un papel clavado en la parte superior con las palabras «hereje, reincidente, apóstata, idólatra».

Como último deseo, Juana reclamó que los Sacerdotes alzasen una cruz delante de sus ojos hasta que ella muriese, para que así acabara sus últimos momentos acompañada de Dios. El hermano Isambard de la Pierre fue a buscarla a Saint Sauveur, la iglesia más cerca y volvió bajo las risas de los ingleses, mientras ella invocaba Santa Catalina, Margarita y Miguel. Juana entonces gritó: «Ruán, Ruán, ¿puedes sufrir por ser el lugar de mi muerte?». Pierre subió a la plataforma y alzó la cruz, y ya entre las llamas, ella todavía le pidió que bajara para que no se llevara ningún disgusto, pero siempre con la cruz alzada, para que fuese lo último que ella viera. Así lo hizo y Juana se perdió entre las llamas. Pero todavía pudo gritar la palabra «¡Jesús!» varias veces. Con un fogonazo del verdugo, Juana sería rápidamente reducida a cenizas.

Al secretario del rey de Inglaterra, John Tressart, se le escuchó exclamar «Estamos todos perdidos, porque ha sido quemada una buena y santa persona». Después diría que pensó que ahora su alma quedaría en las manos de Dios. Parece ser, según diversos testimonios como Massieu, que de Juana quedó su corazón, intacto y lleno de sangre. El propio verdugo, Geoffroy Therage muy consternado fue a buscar a Ladvenu e Isambard de la Pierre a una taberna y así lo demostró diciendo que había quemado una santa. Se contó que sus restos se lanzaron al Sena. Algún soldado inglés, también afligido, afirmó haber visto el alma de la joven marchándose del cuerpo, y algún otro afirmó haber visto el reflejo de Jesús, como otros dijeron también haber visto salir una paloma.

Durante estos últimos días de Juana, un compañero de armas de ella llamado Gilles de Rais planeó un ataque con un contingente de mercenarios a Ruán para rescatar a la Doncella. Sin embargo se demoró demasiado y solo pudo llegar para contemplar sus cenizas. Este hecho dejó consternado a Gilles ante la posibilidad de haber llegado a tiempo, lo que unido a una mente ya de por si desequilibrada, transformará a Gilles en un ser terrible que se dedicó a asesinar a niños hasta el final de sus días, por lo que también fue ejecutado en 1440.

Gilles de Rais,barba azul.

Gilles De Rais.Barba Azul

Gilles de Montmorency-L aval, baron de Rais, llamado Gilles de Rais (o Gilles de Retz) (10 de septiembre de 1404 – 26 de octubre de 1440), fue un noble francés del siglo XV que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre. En esta guerra logró convertirse en mariscal de Francia y amasó una gran fortuna. La buena fama que tuvo en su época de grandioso combatiente contra los ingleses se vio truncada por las atrocidades que cometió cuando se retiró de sus labores militares, después de la muerte de Juana y la caída en desgracia del hombre que lo llevó a la cumbre, George de La Tremoille. Es posible que las acciones escabrosas que realizó tengan que ver con una mentalidad psicópata originada en su infancia. Asesinó a centenares de niños junto a una corte macabra, que le hacía compañía en su castillo, formada por brujos, alquimistas, videntes, adoradores del diablo, etc. Ha sido considerado uno de los aristócratas asesinos (segunda fortuna de Francia) que utilizaban su poder para cometer fechorías, como en el caso de Erzsébet Báthory. Fue un hombre que actúo siempre por impulsos, que cometió numerosos crímenes que contrastaban con una exacerbada fe y crencia en la religión cristiana, siguiendo la frase de San Agustín “Felix culpa!” (“Dichosa culpa“), y su anhelado deseo del perdón de Dios. Georges Bataille lo calificó de “niño con poder” o de poseer una “monstruosidad esencialmente infantil” y un carácter “arcaico”.

En los juicios que se le practicaron expresó que actuaba según la natulareza impuesta por los astros y que no la podía controlar. Según estudios psicológicos pudo sufrir una gravísima esquizofrenia.

La truculenta historia de su vida inspiró unos de los cuentos más famosos de Charles Perrault, titulado Barba Azul, que cuenta los asesinatos de un noble contra sus diferentes esposas.

Infancia y juventud

Nació en 1404 en el castillo de Champtocé (en su torre negra), bañado por el río Loira en la región de Bretaña. Fue el primogénito de uno de los grandes linajes de Francia, Guy II de Laval quien se casó con Marie de Craon, la madre de Gilles. Tuvo un hermano, René de Susset, nacido en 1407, con el cual estuvo muy unido en su infancia. Los padres dirigieron la educación de los pequeños a varias tutores eclesiásticos y nodrizas, despreocupándose de ellos. Estos tutores los abandonaron por la ya incipiente conducta desmesuradamente sádica y cruel de Gilles.

Un hecho terrible marcó a Gilles cuando tan solo tenía 10 años; su padre Guy fue atacado por un verraco moribundo mientras cazaba con otros nobles una mañana de febrero de 1414. Resultó que llegó a herir al animal pero este en su último estertor le dio una enorme embestida que consiguió incrustar los colmillos en su estómago. Guy fue llevado a su casa, en donde nada pudieron hacer por él. El pequeño Gilles vio como agonizaba su padre desangrándose lentamente, mientras sus visceras se esparcían por su lecho. Esta sangrienta visión la tuvo presente durante toda su vida y la repetiría con muchas de sus víctimas en el futuro, cuando les rajaba el estómago y se quedaba ensimismado con el espectáculo de sangre y entrañas. Poco después de este hecho su madre Marie también murió y Gilles y su hermano quedaron bajo a la tutela del abuelo materno, Jean de Craon. Este hombre inculcó a los dos hermanos el narcisismo, la soberbia, el poder, el orgullo, con los que Gilles fue desarrollando su personalidad. Al principio Jean no prestó mucha estimación a Gilles y le dedicó más tiempo a su hermano. Entonces Gilles se fue refugiando en las bibliotecas de la casa Craon, en donde encontró a sus alter ego y héroes en el libro de La vida de los doce Césares de Suetonio. Libro que marcó profundamente el sentir de Gilles. En este recopilatorio de cómo fueron las vidas y milagros de Julio César y los primeros emperadores romanos, Gilles vio que todos ellos ostentaron riqueza y poder y se dedicaban a los mayores placeres de la vida además de cómo impartían poder sin verse obligados a dar explicaciones. Tomó buena nota de todos los césares y de sus personalidades para después repetir esos perfiles a lo largo de su poderosa vida de noble. Sus emperadores favoritos fueron siempre Nerón,Tiberio y Calígula, personajes claramente desequilibrados. Según dijo el propio Gilles en los juicios que lo acusaron de sus crímenes, en su infancia y adolescencia no tuvo ningún gobierno de su abuelo e hizo siempre todo lo que quiso moviéndose por impulsos violentos la mayoría de veces.

A los 14 años su abuelo le regaló una gran armadura milanesa y fue proclamado caballero. Manejó pronto la espada y también fue temprano en aburrirse al prácticar sólo con peleles (muñecos construidos precisamente para la práctica) y empezar a relucir toda su agresividad hacia todo ser viviente. Primero animales, pero luego con seres humanos, como fue el caso de su compañero y amigo de la infancia, Antoin. Un día propuso un duelo entre ellos con machetes, que al principio fue inofensivo, pero que luego a Gilles se le escapó de las manos y asestó con su machete en el cuello de Antoin. Gilles no ayudó a su compañero mientra este se desangraba en el suelo y se quedó disfrutando de la visión del brotamiento de la sangre. Fue su primer asesinato, a los 15 años. Quedó sin condena debido a su condición de noble y la intermediación de su abuelo Craon. La familia de Antoin de origen humilde acepto la exigua indemnización que se les ofreció y así todo quedó zanjado. Otros hechos criminales de su adolescencia fueron alguna que otra perversión sexual.

Su abuelo era un hombre sin escrúpulos con tal de engrandeceer su fortuna y poder; era calculador y astuto, todo lo contrario que lo que ya demostraba su nieto, que aunque también sin escrúpulos, siempre actuaba sin ninguna reflexión y era un inútil en materia de política y obtención de poder y riquezas. Un hecho marca la personalidad de abuelo y nieto; fue el del acto de extorsión mediante rapto de una gran dama a la que sus tres hermanos quisieron rescatar y que fueron encarcelados por Craon, mueriéndo de hambre uno de ellos.

Acciones militares

Escudo de armas de Gilles de Rais

Escudo de armas de Gilles de Rais

Su enorme agresividad y psicopatía le llevó a alistarse en el ejército para desahogarse con los enemigos a los que se enfrentaba. Su abuelo Craon quería que llegase a la cumbre del poder francés y para ello le recomendó a Guillaime La Jumelliers como consejero en política, estrategias militares y finanzas. Se puso a las órdenes de Juan V, duque de Bretaña en las querellas residuales de la Guerra de Sucesión Bretona, entre los Montforts y los Penthièvres. Luchó siempre en la vanguardia con sus soldados (tropas pagadas por él), y sus compañeros de armas lo admiraban porque parecía poseído cuando luchaba dando mandobles, con una rapidez y fuerza increíbles, pareciendo que eran los demonios quienes regían sus movimientos.

Después de esta campaña, y de vuelta a casa, raptó a su prima Catherine de Thouarscon de 15 años de edad, que pertenecía a una casa nobiliaria bretona. Se casó con ella el 24 de abril de 1422, el mismo día del rapto de forma clandestina. Tenía 17 años. Los Thouars poseían varios castillos que, juntos con los de Rais-Laval, harían de la unión la más rica y potente de Francia. Pero la familia de Catalina o Catherine no aprobó el casamiento y rechazó unir las propiedades. Gilles de Rais hizo raptar entonces a la madre de Catalina y la encerró en un castillo a pan y agua hasta que le cedió los castillos de Pauzauges y Tiffauges. Tardaron en procrear a su única hija, Marie, siete años después de su matrimonio (en 1429). Tardaron tanto en tener un hijo debido a las tendencias homosexuales de Gilles que se desinteresó por su esposa al poco de casarse. Ésta lo abandonó junto a su hija para refugiarse en una de las propiedades de su padre. Gilles nunca mostró mayor interés en ambas.

Poco después de la campañas con Juan V, Gilles rindió tributo al que en esos momentos era el Delfín de Francia, Carlos VII, para combatir contra los ingleses y sus aliados de Borgoña. Lo reclutó el gran chambelán del rey, Georges La Tremoille. Este hombre hábil y astuto sabía ya de la valiente capacidad combativa y guerrera de Gilles, que arrastraba a los soldados hacia adelante en las batallas, lo que le serviría al chambelán para mantenerse en el poder mediante los éxitos militares. En esta época para los nobles la guerra era un juego y gente como Gilles y La Tremoille disfrutaban grandemente. En 1429 conocería a Juana de Arco, quedándose fascinado por lo que revelaban las voces que ella escuchaba, y dicen que también quedo maravillado por su belleza.

El Delfín Carlos entregó un pequeño ejército a Gilles y a Juana para liberar Orleans del asedio inglés. Junto a ellos estaban otros generales como el Bastard de Órleans (Conde de Dunois), el Duque de Alençon y La Hire. En sólo 8 días las fuerzas francesas lograron levantar un sitio que duraba ya varios meses. Entraron triunfales en la ciudad y todo el mundo los veían como los salvadores de Francia. Poco después contribuyó en las victoria francesas en la Batalla de Jargeau y en la Batalla de Patay. Su audacia y violencia en combate era comparable a la de los berseker vikingos. Gilles llegó a decir durante las campañas con Juana que ella era Dios y que si debía de matar ingleses por mandato de Dios, así lo haría. Se convirtió en su escolta y protector salvándola en varias ocasiones en los fragores de las batallas, como en el ataque a París a finales de 1429. Pese a la matanzas y crueldades de la guerra Gilles se sentía desarrollado espiritualmente, ya que se estaba inspirado por Juana y había dado un gran servicio a su país. Además en este mismo año de 1429 fue proclamado mariscal de Francia con tan sólo 25 años (caso único en la historia francesa), amansando una inmensa fortuna, y adoptó la flor de lis en su escudo de armas, mientras Carlos VII fue proclamado rey el 17 de julio en la Catedral de Reims.

Mientras disfrutaba de su mando de mariscal de Francia, ocurrió otro hecho que le marcaría: la captura y condena a muerte en la hoguera de Juana de Arco el 31 de mayo de 1431. Pese a que intentó ayudarla contratando un pequeño ejército de mercenarios, aún no se sabe que pasó para que no llegara a tiempo, ya que tan sólo se encontraba a 25 km. de Ruán, localidad dónde se llevó a cabo el juicio. Acusó publicamente a Carlos VII de esta muerte y llegó a llorar amargamente ante las cenizas de Juana y sintió que todo había acabado, que la vida sin ella no tenía ya sentido, que no había pureza en la guerra que se estaba librando. Su última acción en la Guerra de los Cien Años fue en la batalla de Lagny en agosto de 1432, saliendo victorioso.

Se retiró de la vida militar a la caída en desgracia de su protector el chambelán La Tremoille en 1434 después de la campaña de amparo al duque de Bourbon contra el duque de Borgoña que sitiaba la ciudad de Grancey. Después de este hecho Gilles perdió su condición de mariscal y se refugió en sus posesiones de la Bretaña francesa (concretamente al castillo de Tiffauges, ubicado en la Vendée) en donde se convirtió en todo un demonio y sus instintos más perversos afloraron. Entre la muerte de Juana y la falta de acciónes violentas en guerra que tanto necesitaba, desequilibraron más aún la mente enfermiza del mariscal, ya que se había acostumbrado a las campañas, los ataques alocados contra los ingleses, la sangre y a los muertos por doquier. Esta vorágine de sangre se impulsó con la muerte de su abuelo Craon en noviembre de 1432, dejándolo con plena libertad de acción y dinero.

Declive y crímenes

Su negra barba de azulados reflejos hizo que se le llamara Barba Azul. Era culto, aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero más despilfarrador. Desde este momento se entrega a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. No se recuerda príncipe o rey que hubiese llevado un lujo semejante. Este hombre tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos llegando al éxtasis. Si oía decir que si había escuchado una hermosa voz, no descansaba hasta conseguir llevar a su servicio a quien la poseía, por muy lejos que estuviera, como los cantores contratados en Poitiers, André Buchet, de Vannes y Jean de Rossingol, de La Rochelle, a quienes pervirtió haciéndoles partícipes de sus orgías y crímenes. Poseía muchos pares de órganos, de todos los tamaños. El sonido de este instrumento le producía tal enajenación, que se los hizo construir portátiles para que le acompañaran en sus menores traslados. Consiguió en su exaltación religiosa, que fuera designado canónigo de Saint-Hilaire-de-Poitiers y se rodeó de una comitiva de 50 eclesiásticos junto con 200 soldados de caballería cuya sede se encontraba en la capilla de los Saints-Innocents, en Machecoul.

Por otra parte, todo el que acudía a él participaba de su generosidad; el extranjero era bien recibido, cualquiera que fuese su condición, a cualquier hora del día o de la noche; tenía hospitalaria mesa, y era raro que abandonase esa mansión sin salir colmado de dones en especies o en metálico. Gastaba dinero en ostentación para recuperar el prestigio perdido. Realizaba grandes banquetes que recordaban a relato de Edgar Allan Poe La máscara de la Muerte Roja. Gastó la mayoría de su fortuna en obras teatrales que recordaban sus campañas con Juana y en fiestas para sus extraños amigos y consejeros. Especialmente significativa fue la representación de la batalla del Orleans en mayo de 1435. Esta representación teatral contaba más de 150 actores, trajes lujosamente detallados, infantaría dispuesta con auténticas armaduras y cuadros que simulaban multitudes. La entrada a este espectáculo era gratuita. E incluso agasajaba a los asistentes con comida y vinos. La representación costó unas 80.000 coronas de la época. Gracias a la representación de la batalla de Orleans Gilles rememoró sus días de gloria. Además mandó contruir autómatas sobre distintos tipos de pájaros, algo que le hizo menguar su fortuna, pero que levantó gran expectación entre las personas que le frecuentaban.

El castillo de Tiffauges en la actualidad

El castillo de Tiffauges en la actualidad

Para procurar el dinero, que le había llegado a ser cada vez más necesario, ¡a cuántos recursos tendría que apelar, a cuántos ruinosos contratos habría de someterse! Aposentadores, burgueses y mercaderes son puestos a contribución, y le adelantan a un interés usurario las sumas que, por una generosidad imperiosa, se funden entre los dedos y se hunden en un abismo sin fondo. En 1437 vendió Ingrandes y Champtocé a Juan V de Bretaña por escasos 100.000 escudos. Gilles se aproxima al momento en que se anuncia, amenazadora, la ruina inevitable. Sus cofres están vacíos; su crédito, agotado; los que le rodean en las horas dichosas, presintiendo el desastre, se alejan de él. Ante esta situación se vuelve hacia el esoterismo buscando en la alquimia el modo de fabricar el oro que le falta (se interesó por el secreto de la Piedra filosofal). Se rodeó de una corte grotesca de brujas, nigromantes, alquimistas, entre los que se encontraban Guillaume de Sillé, Roger de Brinqueville, Antonio de Palerno, Heriet, Poitou, Corrillaut, … Finalmente, cae en manos de un embaucador florentino llamado Prelati quien le asegura que llenará sus arcas gracias a la magia negra.

El mariscal visita con frecuencia a su cómplice, se informa con ansiedad del resultado de las investigaciones. Prelati asegura a su señor que, en una de sus invocaciones, ha visto cerca de él al demonio, pero que esta aparición fantástica se desvaneció sin que hubiera podido pronunciar palabra alguna. El crédulo mariscal tenía un pánico atroz al diablo aunque nunca lo veía, hizo caso de Prelatti, con quien tenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y las conjuras. En otras ocasiones Prelatti salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se relizaban en un cuarto escondido, causándo en Gilles más pánico. Sillé fue el proveedor de todos los elementos para las invocaciones en Tiffauges y el padre Eustache Blanchet el de contratar a los invocadores como Prelatti o La Riviére (el cual vio al demonio en una invocación en un bosque en forma de leopardo, ante la credulidad de Gilles) o alquimistas como Jean Petit, el cual realizó varios hornos para trabajar con mercurio. Sin embargo los hornos creados deben ser destruidos ya que el futuro Luis XI, el delfín, visita a Gilles por una orden del rey Carlos V que condenaba la alquimia como herejía. Es imposible que el mariscal salga bien de sus empresas -ha dicho uno de los familiares de Gilles de Rais- si no ofrece al demonio la sangre y los miembros de niños llevados a la muerte. Porque su lectura habitual la constituyen los más ardientes poemas de Ovidio y el relato que hace Suetonio de los criminales sacrificios que exige el rey del Infierno. ¿Qué le importa el sacrificio de vidas humanas si adquiere a ese precio el poderío que codicia? A esto se unía además de su voluntad de matar a niños para su disfrute y placer personal.

En su afán por procurarse víctimas para sus sacrificios, servidores de Gilles de Rais como Henriet y Poitou recorrían los pueblos y las aldeas buscando niños y adolescentes prometiéndoles que les harían pajes en los castillos del señor de Rais. Siempre en lugares lejanos; incluso en algunas el propio Gilles con amabilidad acudía a casas de los plebeyos para asegurar a los parientes de los niños un prometedor futuro. De las víctimas los padres no tenían más noticias y si preguntaban les respondían que estaban bien. Pronto la gente se alarmó, y de Rais recurrió a los raptos. Entre 1432 y 1440 se llegaron a contabilizar hasta 1.000 desapariciones de niños de entre 8 y 10 años en Bretaña. Pero la gran locura llegaba por la noche cuando él y sus esbirros se dedicaban a torturar, vejar, humillar y asesinar a niños previamente secuestrados. Después de cada sangrienta noche Gilles salía al amanecer y recorría las calles solitario, como arrepintiéndose de lo hecho, mientras sus secuace quemaban los cuerpos inertes de las vícitimas. El temor se apoderó de los habitantes de los pueblos. Los criados tuvieron que ampliar su campo de acción con lo que el pavor se extendía más y más. Hasta que las murmuraciones se convirtieron en gritos que llegaron a las más altas autoridades.

Llegó a utilizar varias de sus posesiones (no sólo el castillo de Tiffauges) para cometer sus fechorías, como el castillo de Machecoul, el de Champtocé y la casa de la Suze.

Una vez se aprovechó de unos niños que eran mendigos y que fueron a pedir limosna inocentemente a su castillo. Gilles los violó y desmembró. A algunos los violó ya muertos y con las entrañas al aire. Una vez muertos los abrazaba fuertemente y deliraba; en otras ocasiones se reía ante los últimos extertores del niño y muchas veces cortaba la vena yugular haciendo brotar la sangre, causándole gran placer.

En algunas ocasiones cuando asesinaba a una de sus víctimas se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas atrocidades.

Durante los ocho años de terror, Gilles parecía no vivir en un mundo real, rodeado de gran fastuosidad y como si no se diera cuenta de las brutales acciones que llevaba a cabo. Según contó en el juicio que se le hizo, junto con su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién muertos y hacían competiciones para elegir los rostros más bellos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Se llegó a contar que estas calificaciones las firmaba el mismo diablo, que un brujo llamado Rivière podía invocar al diablo, o a uno llamado Barrón, al cual le ofrecían sacrificios como los órganos, ojos, corazones, etc., de las víctimas; todo esto bajo orgías sexuales y etílicas.

En continuadas ocasiones el hermano de Gilles, René, intentó salvar el patrimonio familiar que Gilles estaba vendiendo, incluso con la ayuda del rey crearon una ley por la cual no podían vender más posesiones. René logró comprar el castillo de Machecoul, y vio que en este lugar se encontraban los esqueletos de más de 50 niños. Quiso silenciar lo que vio para evitar posibles malentendidos contra él.

Investigación, captura y ejecución

Pero llegó el momento de que todo esto acabara, y ese momento fue cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y vio que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenesgracias al hecho de que en plena depresión Gilles vendió uno de sus últimos castillos, el de Saint-Etienne-de-Memorte al tesorero de Juan V, Geoffroy de Farron; se enteró Gilles de que un primo suyo, señor de Villecigne, quería comprar el castillo y creyó que Le Farron no aceptó la anulacion. Este dejó a su hermano Jean, hombre eclesiástico, al frente del castillo; Gilles en otro de sus impulsos atacó a la iglesia donde Jean celebraba misa y secuestró a este encerrándolo en Tiffauges.. El ataque fue conocido por el duque de Bretaña y por el propio Malestroit. Juan V mandó a su hermano el condestable del rey a rescatar a Jean Le Farron mientras él intetaría la paz con Gilles. Al final Gilles de Rais fue capturado el 15 de septiembre de 1440 cuando se presentó a las puertas del castillo de Machecoul, donde estaba entonces Gilles de Rais, un grupo armado al mando del capitán Jean Labbé, que iba acompañado por el notario Robin Guillaumet, en nombre del obispo de Nantes. Portaban órdenes del duque. Era el fin. Gilles de Rais se entregó, junto con Prelatti, Blanche, Henriet y Poitou, y fue llevado a juicio, y el 19 del mismo mes, es decir, cuatro días después de su detención, empezó el interrogatorio que continuó el día 28, y los días 8, 11, 13, 15 y 22 de octubre.

En el juicio (altamente detallado y que aún existen los escritos del siglo XV), pasaba del insulto a los jueces al hundimiento más absoluto y fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable quedando muy arrepentido de lo que había hecho el día 15 de octubre y finalmente el día 22 ante los jueces eclesiásticos, comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños (de entre 7 y 20 años), actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que “necesitaba aquel goce sexual” y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados. Fueron confesiones tremendas, toda Francia se convulsionó ya que la gente no se creía que uno de sus héroes fuera un hombre tan vil. Se llegaron a constatar 200 víctimas aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.

Ante su desmedido arrepentimiento fue incluso objeto de comapasión de clérigos y plebeyso y se concedió la petición de que fuera una comitiva detrás de el hacia su lugar de ejecución. Finalmente el día 26 de octubre de 1440, Gilles de Rais junto a dos de sus más perversos colaboradores, habiendo rechazado la gracia real (perdón de la pena que se le extendía por ser Par de Francia) fue conducido al prado de la Madeleine en Nantes para ser decapitado. Sus restos fueron enterrados con solemnidad en la iglesia de las carmelitas de Nantes, a petición del mariscal.

Fragmentos de la declaración de Gilles de Rais en el juicio

“Yo, Gilles de Rais, confieso que todo de lo que se me acusa es verdad. Es cierto que he cometido las más repugnantes ofensas contra muchos seres inocentes –niños y niñas- y que en el curso de muchos años he raptado o hecho raptar a un gran número de ellos –aún más vergonzosamente he de confesar que no recuerdo el número exacto- y que los he matado con mi propia mano o hecho que otros mataran, y que he cometido con ellos muchos crímenes y pecados”.

“Confieso que maté a esos niños y niñas de distintas maneras y haciendo uso de diferentes métodos de tortura: a algunos les separé la cabeza del cuerpo, utilizando dagas y cuchillos; con otros usé palos y otros instrumentos de azote, dándoles en la cabeza golpes violentos; a otros los até con cuerdas y sogas y los colgué de puertas y vigas hasta que se ahogaron. Confieso que experimenté placer en herirlos y matarlos así. Gozaba en destruir la inocencia y en profanar la virginidad. Sentía un gran deleite al estrangular a niños de corta edad incluso cuando esos niños descubrían los primeros placeres y dolores de su carne inocente”.

“Contemplaba a aquellos que poseían hermosa cabeza y proporcionados miembros para después abrir sus cuerpos y deleitarme a la vista de sus órganos internos y muy a menudo, cuando los muchachos estaban ya muriendo, me sentaba sobre sus estómagos, y me complacía ver su agonía…”.

“Me gustaba ver correr la sangre, me proporcionaba un gran placer. Recuerdo que desde mi infancia los más grandes placeres me parecían terribles. Es decir, el Apocalipsis era lo único que me interesaba. Creí en el infierno antes de poder creer en el cielo. Uno se cansa y aburre de lo ordinario. Empecé matando porque estaba aburrido y continué haciéndolo porque me gustaba desahogar mis energías. En el campo de batalla el hombre nunca desobedece y la tierra toda empapada de sangre es como un inmenso altar en el cual todo lo que tiene vida se inmola interminablemente, hasta la misma muerte de la muerte en sí. La muerte se convirtió en mi divinidad, mi sagrada y absoluta belleza. He estado viviendo con la muerte desde que me di cuenta de que podía respirar. Mi juego por excelencia es imaginarme muerto y roido por los gusanos”.

“Yo soy una de esas personas para quienes todo lo relacionado con la muerte y el sufrimiento tiene una atracción dulce y misteriosa, una fuerza terrible que empuja hacia abajo… si lo pudiera describir o expresar, probablemente no habría pecado nunca. Yo hice lo que otros hombres sueñan. Yo soy vuestra pesadilla”.

Texto sacado de aqui

Alejandro Magno el conquistador

alejandro magno

Alejandro Magno fue, sin duda, el hombre más influyente del mundo antiguo. Sus innegables
dotes para el mando y su brillante carisma personal le condujeron en compañía de su ejército a
la consumación de una gesta propia de los héroes mitológicos de los que tanto aprendió gracias
a su mentor Aristóteles. En un periodo de apenas once años, conquistó 3.885.000 kilómetros
cuadrados, si bien ese inmenso imperio resultó tan efímero como la vida del que lo forjó.

En la primavera del año 334 a.C., el ejército
macedonio inició la ofensiva sobre Persia. El
objetivo esencial se centraba en la recuperación de las
antiguas colonias establecidas en Anatolia. Ciudades
como Mileto, Éfeso o Alicarnaso, sufrían los rigores
de la ocupación persa; no olvidemos que los griegos
mantenían el viejo sueño de infringir una humillación
al ancestral enemigo oriental desde los tiempos lejanos
de las guerras médicas acontecidas un siglo y medio
antes. En esas contiendas el imperio persa estuvo a
un paso de anexionarse toda Grecia, y eso no lo
olvidaban los orgullosos griegos, quienes ahora, por fin,
bajo el mando de Alejandro Magno se encontraban en
condiciones de devolver el golpe.
El ejército macedonio estaba integrado por
unos 35.000 efectivos de los que 30.000 eran infantes,
mientras que otros 5.000 conformaban la caballería.
Eran tropas bien entrenadas y con una disciplina inusual
para su época. En pocos días cubrieron los casi 500
kilómetros que les separaba de Helesponto en los Dardanelos,
desde allí saltaron al continente asiático sin ser
molestados por el asombrado ejército persa. Una vez
puesto pie en tierra, Alejandro Magno clavó su lanza en
el suelo exigiendo la propiedad de aquel Imperio.
Por su parte Darío III había menospreciado la
empresa griega y, desatendiendo los consejos de sus
generales, dejó pasar a los macedonios confi ado en su
potente maquinaria bélica con la que pensaba borrar
de un leve soplido la insolencia de ese jovenzuelo casi
desconocido por entonces.
Las falanges macedonias pronto se hicieron
notar con acciones efi caces que derrotaron sin apenas
esfuerzos a los ejércitos locales pésimamente dirigidos
por los sátrapas persas; en todo caso la diversión no satisfacía al valiente Alejandro quien buscaba
decididamente el choque frontal con el inmenso ejército
enemigo.
En estos primeros meses de campaña
sucedieron algunas situaciones dignas de ser contadas,
por ejemplo, cuando nuestro protagonista viajó a la
emblemática Troya, ciudad ampliamente difundida en
los poemas homéricos que con tanto amor Alejandro
había devorado desde niño a instancias de su maestro
Aristóteles. Una vez llegado a ese lugar ofreció
sacrifi cios y rindió honores en la tumba del guerrero
Aquiles -del que se creía descendiente directo- cuentan
que un emocionado Alejandro se desprendió de su
escudo de combate para tomar otro proveniente de la
legendaria guerra troyana, después de esto dicen que se
sintió fuerte para conquistar el mundo.
También es digna de reseña la famosa anécdota
del nudo gordiano; Gordión era la capital del reino de
Frigia, su nombre provenía de un mítico rey, quien pasó
de carretero a monarca por una carambola del destino.


En la ciudad quedaba como recuerdo imperecedero de
su fundador un carro en el que se podía contemplar el
nudo más enmarañado de la tierra. Bajo él se leía en
una inscripción: qué aquél que lograra desenredarlo
dominaría Asia. Durante decenios fueron muchos los
que intentaron resolver el problema, sin embargo, nadie
consiguió el ambicioso propósito, hasta que por fi n un
buen día llegó el contingente macedonio con su rey
Alejandro en la vanguardia. Pronto la curiosa historia
fue conocida por el Magno, quien deseoso de obtener
buenos augurios para su campaña, se acercó al lugar
de la profecía, una vez allí miró con detenimiento el
imposible nudo de cuerdas, tras esto desmontó y con
paso fi rme se aproximó al centro del enigma, sin dudar,
desenvainó su espada con la que dio un certero golpe

que cortó de un tajo el nudo, dejando la incógnita
resuelta. La contundente acción del Magno provocó
la sonrisa entre sus generales a los que dijo: “poco
importa la forma de resolverlo, cierto es que yo dominaré
Asia”.
Mientras esto sucedía Darío III empezaba a
tomar en serio la amenaza macedonia, sus tropas habían
sido aplastadas en la batalla del río Gránico lo que
originó que el propio emperador asumiera personalmente
las riendas de aquél incómodo asunto.
La conquista de Persia
En el año 333 a.C., se movilizaba uno de
los ejércitos más impresionantes de toda la historia
antigua. El objetivo, no era otro, sino detener la invasión
protagonizada por los macedonios. Es difícil establecer
valoraciones precisas sobre las dimensiones del ejército
persa, por tanto, me veo obligado a fi jar una horquilla
que iría desde los 200.000 efectivos al millón que
aseguran las crónicas más optimistas.
Darío III eligió para el combate contra
Alejandro un lugar sito en la frontera sirio turca junto
al río Isso. El mismo emperador dirigió la enorme mole
guerrera en la confi anza de ver derrotado al desafi ante
rey Alejandro de Macedonia.
En noviembre de ese mismo año las dos formaciones
se encontraron, dando paso a un combate
breve pero descomunal que acabó con la derrota total de
los persas.
La inferioridad numérica macedonia fue suplida
con creces gracias a la estrategia envolvente desarrollada
por el líder heleno. En efecto, los fl ancos griegos
superaron el cuerpo principal del ejército persa
sometiéndolo a una agobiante presión que desembocó
en desbandada general, incluido el propio Darío III,
quien escapó de forma cobarde dejando abandonada a
su familia con un tesoro real de 3.000 talentos de oro
de los que se apropió un Alejandro extrañado por la
poca resistencia ofrecida en Isso por su enemigo. Los
persas sufrieron unas 100.000 bajas frente a unos pocos
cientos de macedonios.
El botín apresado en Isso superaba cualquier
expectativa por parte macedonia, no sólo se capturaba
buena parte de la maquinaría bélica persa, sino también
magras riquezas y la propia familia real incluidas
hijas, esposas y madre de Darío III. El trato otorgado
a éstas últimas fue exquisito, a tal punto que, desde

entonces, las féminas abandonadas por el emperador
acompañaron al rey macedonio en todas sus expediciones.
Tras el desastre de Isso los persas se replegaron
en el afán de reorganizarse dispuestos a devolver
el golpe sufrido a manos griegas. Alejandro sabía que
su enemigo seguía siendo muy poderoso, si pretendía
dominarlo no podía concederle ni un solo respiro. Con
ese fi n optó por la medida más inteligente, ésta era la de
ocupar las diversas posesiones mediterráneas que daban
fortaleza al imperio oriental. Los nuevos objetivos pasaban
por un rápido avance sobre Fenicia y Egipto, si
se conseguía la anexión de estos vitales territorios las
tropas de Darío III quedarían sin salida al mar y, en consecuencia,
a merced de las falanges griegas.
Alejandro Magno ordenó el asedio y conquista
de Tiro, la antigua capital de Fenicia y principal puerto
del imperio persa. La plaza se levantaba sobre un islote
separado de la costa por unos 800 metros de distancia;
esta forma fenicia de construir sus ciudades en islas cercanas
al litoral obedecía a una incuestionable estrategia
defensiva, dejando que el mar sirviera de foso protector
ante cualquier ataque hostil.
Alejandro, carente de una flota de combate,
volvió a lucir su talento una vez más ordenando la
construcción de una rampa de piedras y arena que condujera
hasta Tiro. En la laboriosa obra se emplearon,
no sólo los combatientes griegos, sino también miles de
lugareños dispuestos a echar una mano en la expulsión
de aquellas tierras de los odiados dominadores persas.
Los tirios no estaban dispuestos a entregarse sin lucha.
Durante los siete meses que duró el asedio lanzaron contraataques
desesperados intentando evitar el avance de
la calzada macedonia. Todo resultó infructuoso ante la
tenacidad de las huestes alejandrinas: barcos fl amígeros,
nubes de fl echas o arenas incandescentes, no pudieron
parar el empuje griego. Cuando el improvisado muelle
tocó las murallas de Tiro, Alejandro ordenó un asalto
en toda regla, él mismo encabezó el ataque siendo de
los primeros en saltar sobre las defensas de la agónica
ciudad que tardó muy poco en caer, siendo entonces
sometida a la ruina y destrucción con la mayoría de sus
habitantes pasados a cuchillo por los atacantes macedonios.
Tras la sanguinaria ocupación de Tiro, Alejandro
dirigió sus tropas hacia el sur donde se encontraba
el esplendoroso Egipto. Sin embargo, en ésta ocasión,
apenas se produjo una mínima resistencia armada, dado
que los egipcios no deseaban seguir bajo el yugo persa,
esto propicio que el ejército macedonio fuera recibido

como liberador y su líder Alejandro considerado hijo de
los dioses. De esta manera nuestro protagonista entraba
de forma triunfal en aquel país referencia del mundo
antiguo. Una de las primeras medidas adoptadas por el
genio griego fue la de respetar costumbres y religión de
los egipcios, lo que le granjeo innumerables adhesiones
en un tiempo que él propio Alejandro describió como
el más feliz de su vida. Viajó a Menfi s, capital religiosa
de Egipto, donde se postró ante la fi gura de Amón,
ésta circunstancia animó a los sacerdotes a proclamarle
descendiente de la poderosa deidad egipcia. En esos
meses se trasladó a varios lugares emblemáticos del
país del Nilo, entre ellos Shiwa, santuario sito cerca de
la frontera de la actual Libia, donde Alejandro Magno
fue nombrado faraón de Egipto. La suntuosa ceremonia
y el amor demostrado por los egipcios, conmovió
de tal manera al rey griego que ordenó la construcción
de varias obras que inmortalizaran su estancia en
aquel lugar tan luminoso. Surgió Alejandría, cerca
de la desembocadura del Nilo, ciudad magnífi ca llamada
a ser capital del mediterráneo y depositaria del
mayor legado cultural del mundo conocido gracias a
la ensoñadora biblioteca donde se albergaron más de
700.000 rollos escritos, el equivalente a unos 100.000
libros de nuestros días. También se levantó, por orden
de Alejandro, una imponente torre de señales marítimas
en una isla llamada Faros, de la que posteriormente
tomarían el nombre las futuras edifi caciones que con
idéntico propósito se fueron creando.

La placentera vida egipcia no distrajo, sin
embargo, la atención de Alejandro Magno sobre su
principal reto conquistador en Oriente iniciando los
preparativos guerreros que le condujeran con garantías
hacia el norte, donde le esperaba Darío III, quien
por fi n había conseguido organizar un nuevo ejército
aguardando la batalla defi nitiva contra los griegos.
En el año 331 a.C., llegó el ansiado
acontecimiento cuando las dos formaciones bélicas
se encontraron en Gaugamela, lugar enclavado en las
cercanías del río Tigris a unos 55 km de la importante
ciudad de Arbela y muy próximo a las ruinas de
Nínibe. En ese lugar los persas situaron unos 100.000
infantes y 34.000 jinetes que en total triplicaban al
ejército dirigido por Alejandro Magno quien contaba
con 40.000 infantes y 7.000 de caballería. Además de
la superioridad numérica los persas disponían de 200
carros de combate guadañados y 15 elefantes de guerra,
si bien éstos últimos no participaron en la posterior
acción.
El 1 de octubre los dos ejércitos chocaron
violentamente. Una vez más, la disciplina y tenacidad
macedonias obtuvieron una brillante victoria sobre las
tropas persas. La inteligencia de Alejandro brilló ese día
con fulgor inusitado intuyendo todos los movimientos
del enemigo y participando con presteza siempre
que era necesario en los escenarios principales de

la batalla. La estrategia y táctica desarrollada por el
Magno desarbolaron cualquier espíritu combativo de los
mejores generales del imperio persa, quienes tras ver
como Darío III huía nuevamente del campo de batalla,
abandonaron la lucha perdiendo miles de efectivos,
todos los carros y la poca moral que quedaba en las fi las
de aquél maltrecho y desangelado ejército.
Después de la victoria de Gaugamela a los
macedonios no les quedó más que ir tomando, una tras
otra, las principales ciudades persas. De esa manera
Babilonia, Persépolis, Susa y otras, se rindieron ante
el empuje griego. Alejandro Magno era aceptado como
nuevo dueño y señor de Oriente, mientras seguía persiguiendo
al escurridizo Darío III quien no tuvo mucha
suerte, ya que fue asesinado en el año 330 a.C, por una
conjura de sus generales a los que Alejandro cazó sin
miramientos, a fi n de evitar posibles candidatos al trono
imperial. Finalizada la tarea toda Persia se doblegaba
rindiendo tributo al hombre más poderoso de la Tierra.
Tenía veintiséis años y todavía ambicionaba conquistar
lo que quedaba del mundo conocido.
Alejandro el explorador
Tras la muerte de Darío III y sus conjurados
asesinos el camino quedaba expedito para el triunfal
Alejandro. No obstante, éste seguía siendo, de alguna
manera, aquel muchacho rebelde e ingenioso que
abandonara Macedonia pocos años atrás. Sus hombres
le seguían con fe ciega y casi fanática, razones no les
faltaban, ya que nuestro héroe sabía utilizar con astucia
extrema todas las dotes del buen comandante militar.
Se entrenaba, luchaba, comía y bebía al lado de sus
guerreros, éstos le identifi caban como uno de los suyos,
eso sin duda facilitaba enormemente las cosas en
ese tiempo de incertidumbres. Bien es cierto que
si el macedonio estaba lleno de virtudes, también
ofrecía algunos defectos, por ejemplo, el sentirse un
elegido de los dioses, este pequeño detalle le empujaba
con frecuencia a cometer algunas tropelías sobre sus
soldados incluyendo a los mejores generales del ejército.
Hay episodios donde nos encontramos con un Magno
que actúa como brazo ejecutor de los disconformes a su
causa, nada, ni nadie se movía en las fi las macedonias
sin el conocimiento de su jefe, lo contrario podía
suponer la pena capital para los infractores.
Alejandro era también un consumado bebedor,
gustaba de largas tertulias al calor de la hoguera donde,
además de narraciones bélicas se ingería con alegría
buena parte de la cosecha anual, en ese sentido, el rey
griego era, como en otras cosas, el campeón indiscutible.
La conquista de Persia supuso solo el primer paso de
la empresa diseñada por Alejandro Magno. Su visión
de futuro sobre los fi nes que se debían concretar en
aquella expedición, provocó la inclusión de ilustres
expertos en todas las ramas del saber. En consecuencia,
naturalistas, topógrafos, cronistas …acompañaron al
ejército macedonio desde el primer día hasta el último
en un afán sin precedentes por conocer todo lo que se
iba incorporando al imperio macedónico. No faltaban
escritores como Ptolomeo, militar y biógrafo personal
de Alejandro que más tarde recibiría Egipto en premio
a su lealtad.
Desde el año 330 a.C., hasta su muerte. las
expediciones dirigidas por Alejandro Magno recorrieron
más de 40.000 km buscando los confi nes del planeta.
Durante años el ejército griego y sus aliados
ocasionales transitaron por buena parte del Asia central,
ya no eran los apenas 35.000 hombres que habían
partido desde Macedonia años antes, ahora, gracias al
apoyo de los nuevos súbditos constituían un contingente
que superaba con creces los 200.000 efectivos; aún así,
la rapidez con la que se movían seguía asombrando a
todos ya que eran capaces de marchar casi 60 km cada
jornada sin proferir lamento alguno; bien es cierto que la
actitud del indolente Alejandro no lo hubiese permitido.
En ese sentido, el líder griego detestaba cualquier signo
que denotara falta de lealtad a su fi gura. Fueron muchos
los que sufrieron su rigor, incluidos generales de absoluta
confi anza como Parmenio, quien en compañía de
sus hijos fue ajusticiado por encabezar una presunta
conjura contra Alejandro.Yy es que en aquella campaña
no todo fueron mieles triunfalistas, también se produjeron
episodios de insubordinación a consecuencia de
años prolongados cuajados de cansancio, penalidades y
situaciones apuradas. Sólo la disciplina, determinación
y visión de futuro del carismático líder, pudo mantener
cohesionada aquella tropa elegida para la gloria.
Entre los años 330 y 327 a.C., los macedonios
atravesaron los paisajes más dispares contactando con
multitud de paisanajes que les acogían de forma
desigual. En ocasiones eran aclamados como libertadores
mientras en otras eran recibidos con hostilidad, en esas
circunstancias la guerra era inevitable dando paso a
lo más crudo de la condición humana. En efecto,
los combates se multiplicaron en este periodo pero
siempre acabaron en victoria griega, lo que fomentó
aún más, si cabe, la leyenda del Magno, todo a fi n
de consumar la gesta más importante de la historia
antigua con Alejandro y sus hombres asumiendo el
papel protagonista de aquella magnífi ca epopeya. De ese
modo la expedición superó, no sin esfuerzo, los elevados

pasos de la cordillera del Hindu Kush, recorrieron
más tarde las llanuras y montañas de Uzbekistán,
Turkmenistán y Afganistán, vadeando ríos como el
Oxus con la oportuna ayuda de sus tiendas de campaña
rellenas de paja a modo de fl otadores. Navegaron
las aguas del Indo donde descubrieron cocodrilos. El
hallazgo de los reptiles les hizo pensar erróneamente en
una posible conexión de éste río con el Nilo. Siguiendo
el curso del Indo se toparon con las hasta entonces
desconocidas mareas oceánicas, asunto que desconcertó
a unos griegos acostumbrados a las débiles mareas
mediterráneas.
La presencia macedonia en el territorio de la
actual India suponía haber llegado a las fronteras de lo
desconocido, empero una nueva contingencia se ofrecía
ante ellos. En el año 327 a.C., los griegos libraron su
última gran batalla en el río Hidaspes frente al inmenso
ejército del rey Poros. Éste había reunido 250.000
hombres con 200 elefantes de guerra que poco pudieron
hacer ante la efi cacia griega. No obstante, el vasallaje
ofrecido por el monarca indio fue sufi ciente para que
Alejandro, no sólo perdonara su vida, sino que también,
le permitiera seguir como amigo al frente de su reino.
Alejandro Magno tocaba el cielo, su imperio abarcaba
3.885.000 km2, nadie había conseguido tanto jamás,
sin embargo, la excitación del griego le animaba a
proseguir su imparable avance hacia el fi n del mundo:
¿Qué habría más allá?. En contraposición sus soldados
a esas alturas se mostraban agotados de tanta aventura
y trasiego, en ellos habían hecho mella innumerables
batallas y enfermedades y tan solo deseaban regresar
a Grecia para disfrutar de las riquezas obtenidas.
En esos momentos la helenización de Asia era un
hecho consumado, las dos culturas entremezclaban sus
tejidos en una conjunción sin precedentes. Alejandro
se orientalizaba vistiendo ropajes locales y respetando
costumbres y deidades de las zonas que iba conquistando.
Por su parte las ciudades asiáticas adoptaban numerosas
directrices griegas en cuanto a legislación, comercio,
arquitectura… En un gesto claro de fusión étnica miles
de macedonios se casaron en una suerte de bodas
multitudinarias efectuadas con el propósito de unir
imperecederamente los dos mundos.
Tras haber conquistado todo lo imaginable
las tropas macedonias se plantaron ante su jefe, éste
comprendió que la resistencia de sus hombres había llegado
al límite y que el derrochador esfuerzo no daba
para más. Con semblante serio ordenó el regreso a Babilonia,
ciudad que Alejandro pretendía convertir en capital
de su Imperio. En cuanto a las ciudades fundadas
por Alejandro Magno es difícil precisar el número de
las mismas pero se podría afi rmar que estarían entre
las 70 y las 100 incluyendo unas 30 Alejandrías y una
dedicada a su querido caballo Bucéfalo muerto en plena
aventura.
La vuelta de Alejandro a Babilonia se puede
considerar penosa y llena de calamidades; se perdieron
dos tercios de su ejército. Sin embargo, eso no empaña
el brillo de la epopeya adornado por marchas heroicas
y célebres singladuras marítimas de su almirante Nearcos
quien descubrió perplejo, por primera vez entre los
griegos, a unas moles vivientes llamadas ballenas.
En el año 323 a.C., Alejandro Magno preparaba
la invasión y colonización de Arabia cuando una
repentina enfermedad, acaso malaria, acabó con su vida
el 10 de junio. Tenía treinta y dos años y el mundo a
sus pies. Cuentan que postrado en el lecho mortuorio
recibió la visita de sus generales quienes preocupados
por el futuro del imperio le preguntaron sobre el reparto
de su presunto patrimonio. Alejandro con sonrisa lánguida
les dijo: “Todo mi tesoro se encuentra repartido
en las bolsas de mis amigos”. Finalmente, acertó a
pronunciar una frase que sembró el desconcierto entre
sus hombres “Dejo mi imperio al mas digno, pero me
parece que mis funerales serán sangrientos”. Lo cierto
es que el rey no dejó dicho quién era el más digno, por
tanto la distribución de la herencia territorial planteó
algunos problemas entre los notables macedonios los
cuales, a fi n de evitar males mayores, resolvieron desmembrar
lo conseguido por Alejandro en tres grandes
zonas: Macedonia y Grecia quedaban bajo el dominio
de Antípatros, Persia fue asignada a Seleuco, mientras
que Egipto era entregado a Ptolomeo quien fundó una
dinastía vigente durante los tres siglos posteriores.
La muerte de Alejandro llenó de dolor a todos
sus súbditos, incluida la madre de Darío III quien en
un sentido gesto de homenaje se quitó la vida para
rendir honores a la fi gura de aquél al que tanto quiso.
Pero todavía faltaba cumplimentar el último capítulo
del Magno, su entierro.
A lo largo de dos años sus compañeros se
empeñaron en construir un mausoleo de dimensiones
casi bíblicas; todo parecía insufi ciente a la hora de
rendir tributo a uno de los personajes más amado e
idolatrado de la historia. En ese tiempo se emplearon
ingentes recursos económicos hasta que por fi n la obra
quedó terminada; el resultado no podía ser mejor: El
sarcófago era de oro macizo mostrando la fi gura en
relieve del Magno. En el palio de púrpura bordada estaban
expuestos el casco, la armadura y las armas de Alejandro.
El conjunto era dominado en sus extremos por

columnas jónicas de oro y a los lados quedaban repre-

sentadas diferentes escenas en la vida de Alejandro. El
impresionante mausoleo, una vez terminado, fue transportado
desde Babilonia hasta Alejandría por 64 mulas
que completaron un recorrido de 1.500 km a través de
Asia.
Mucho se ha elucubrado sobre la ubicación
defi nitiva de la tumba alejandrina, unos afi rman que se
encuentra en el santuario de Shiwa lugar donde fuera
elegido faraón de Egipto, otros aseguran que el líder
macedonio fue enterrado en un enclave secreto de Alejandría.
Mi único deseo es que la tumba de Alejandro
Magno, como la de otros grandes, no sea encontrada
jamás, de esa forma su leyenda seguirá aumentando por
los siglos de los siglos.
Si tuviera que escoger un momento en la vida
de éste héroe no recurriría a las escenas grandilocuentes
ni populares, prefi ero ofrecer uno de esos instantes
cumbre que defi nen la personalidad de los grandes
talentos. Cuentan que Alejandro se encontraba relajado
conversando con sus hombres, cuando de repente cayó
la noche cubriéndose el cielo con un manto de estrellas,
todos miraron fi jamente al fi rmamento exclamando
uno de sus soldados que quizá en esas estrellas se
encontraran otros mundos, Alejandro en ese momento
comenzó a llorar diciendo: ¡Y pensar que yo no he
conseguido conquistar siquiera éste que habitamos!.
Tenía treinta y dos años y había explorado o conquistado
casi 4.000.000 de km2, sus dominios se extendían
por los actuales países de Grecia, Bulgaria, Turquía,
Irán, Iraq, Líbano, Siria, Israel, Jordania, Uzbekistán,
Turkmenistán, norte de la India, Afganistán, Paquistán
Occidental, Libia y por supuesto Egipto. No está nada
mal para el mejor comandante militar de la historia por
encima de Aníbal, Julio César, Gengis Khan o Napoleón
Bonaparte. Alejandro Magno fue sin duda un auténtico
explorador de lo infinito.

Texto escrito por Juan Antonio Cebrian.

Mariana Pineda

Mariana Pineda

Mariana de Pineda Muñoz, más conocida como Mariana Pineda (Granada, 1 de septiembre de 1804 – id., 26 de mayo de 1831), fue una heroína de la causa liberal española en el siglo XIX.

En 2006, el Gobierno de la Unión Europea rindió homenaje y le otorgo su nombre a la entrada principal del Parlamento Europeo, como símbolo de la aportación española a la lucha por los derechos y libertades en Europa. También en el Congreso de los Diputados en Madrid figura su nombre junto a los de otros héroes de la libertad españoles.

Infancia

Hija de la humilde María de los Dolores Muñoz Bueno y del Capitán de navío ya retirado (coronel, segun otra fuentes, pero capitán de navío es una graduación de Marina que equivale a coronel) Mariano de Pineda y Ramírez, noble nacido en Guatemala en 1754 y treinta años mayor. Se instalaron en Sevilla en un primer momento donde nació su hija Luisa Rafaela, aunque no llegarían a casarse por sus diferencias sociales y quizás por las presiones familiares. Finalmente acaban instalándose en Granada, en la Carrera del Darro en 1803 donde muere Luisa pero nace Mariana el 1 de septiembre de 1804. Su nombre real era: Mariana Rafaela Gila Judas Tadea Francisca de Paula Benita Bernarda Cecilia de Pineda Muñoz.

Con dos años, en 1806, María Dolores rompe la relación sentimental, quedando la hija bajo la custodia de su padre que fallece un año después, cuando pasa entonces al cuidado de su tío José, descrito como solterón, achacoso y ciego, durante un tiempo.

Finalmente queda bajo la responsabilidad de unos amigos de la familia, José de Mesa y Úrsula de la Presa, que se convertirán en su familia y le proporcionaran una educación cuidada según la época.

Temprana juventud

Mariana era una chica rubia, de piel muy blanca y ojos azules que, con tan sólo 14 años, conoce a un militar ya retirado y con mala salud, Manuel Peralta Valte (firme partidario del bando liberal). El año siguiente se casa rápidamente para evitar en lo máximo las críticas, el 9 de octubre de 1819, y el 31 de marzo del año siguiente nace su primer hijo.

Enviuda tres años después en 1822, aunque ya con dos hijos a su cargo. Comprometida también con la causa liberal, empieza a involucrarse cada vez más en contra de los partidarios del absolutismo y del Rey Fernando VII.

En Granada, existía un fuerte contraste entre las decenas de edificios religiosos y la amplia presencia liberal, por ejemplo los Condes de Teba, desterrados de Galicia por liberales, y que acogían en su nueva residencia a los enemigos del absolutismo, entre ellos a Pineda. De ella se enamoró un joven que más tarde sería ministro de Hacienda y uno de los más ricos del país, José de Salamanca y Mayol, conocido como Marqués de Salamanca. Sin embargo no fue correspondido, prefirió a otro militar liberal, Casimiro Brodett, pero sin embargo no consiguió licenciarse por su alineación liberal y la boda se frustró.

La lucha entre liberales y absolutistas se recrudece, en 1828 una gran conspiración conllevó una oleada de arrestos y ajusticiamentos en los liberales. Pineda afronta la situación con actitud militante, es uno de los cómplices de la huida de prisión a su primo, el Capitán Fernando Álvarez de Sotomayor, destacado liberal condenado a muerte a causa del levantamiento de los ejércitos de Andalucía contra el Rey en 1820 promovido por el general Rafael de Riego. Consigue introducir un hábito completo de fraile y unas barbas postizas, con la que se fuga por la única puerta de su celda, y aunque todos dan por hecho que es la principal complice, los absolutistas no pueden juntar pruebas en su contra. También colabora ayudando a presos, sirviendo de enlace con exiliados desde Gibraltar o sirviendo su casa de refugio a gente comprometida, pese a estar sometida a estrecha vigilancia de la policía.

Pineda había conocido otro hombre, Manuel Peña y Aguayo, que muchos años después también llegaría a ministro de Hacienda del reinado de Isabel II, relación que dio como fruto una hija, que sólo reconoció en su testamento.

Ajusticiamiento

Estatua en honor a Mariana Pineda en Granada.

Estatua en honor a Mariana Pineda en Granada.

En 1831, en un registro de su casa, Ramón Pedrosa y Andrade, comisionado especial para las causas de conspiración contra la Seguridad del Estado, una especie de policía política, requisa una bandera de dos metros por uno aproximadamente hecha en tafetán morado, en la que había cosido un triángulo verde, los dos colores del concepto de Oriente masónico y en la que se había bordado en hilo rojo el lema liberal Igualdad, libertad y ley. Aunque erróneamente se le atribuyó como bandera nacional según su propia leyenda, su significado político fue el mismo. Es arrestada, acusada de conspiración o insurrecta, e inmediatamente encarcelada.

En una de sus reuniones en Gibraltar se le había encargado coser y tejer la bandera, pero como ella no sabía bordar, encargó la tarea a dos criadas. Una de ellas tenía relaciones con un clérigo liberal y vio el bordado, víctima de su propia devoción partidista advirtió a su padre realista, el Doctor Julián Herrera, que moderase su fervor absolutista ya que la revolución era inminente. Este lo denunció y Pedrosa, detrás de Pineda durante muchos años, la detuvo bajo arresto domiciliario mientras obligaba a esconder la bandera en la casa para que la policía obtuviera así la prueba del delito.

Intenta escapar disfrazada de anciana, pero es detenida de nuevo y encerrada en el convento de Santa María Egipciaca de Granada, que utilizado originariamente para rehabilitar prostitutas había degenerando en una cárcel común para mujeres. Durante el juicio, Pedrosa, quien se le había insinuado, enamorado o confundido por la libertad sentimental de Pineda, intenta convencerla de que delate a sus cómplices a cambio de perdonarla, pero ella se niega:

Nunca una palabra indiscreta escapará de mis labios para comprometer a nadie. Me sobra firmeza de ánimo para arrostrar el trance final. Prefiero sin vacilar una muerte gloriosa a cubrirme de oprobio delatando a persona viviente..

Finalmente, en un juicio lleno de irregularidades, Fernando VII firma su sentencia de muerte en base al artículo número 7 del decreto de 1 de octubre de 1830:

Toda maquinación en el interior del reino para actos de rebeldía contra mi autoridad soberana o suscitar conmociones populares que lleguen a manifestarse por actos preparatorios de su ejecución, será castigada en los autores y cómplices con la pena de muerte.

Dos meses después de su arresto y al conocer la sentencia, Mariana exclama:

El recuerdo de mi suplicio hará más por nuestra causa que todas las banderas del mundo.

En la víspera, escribió un testamento y una carta a sus hijos para decirles que moría dignamente por la Libertad y la Patria, pero fueron requisados por subversivos. Antes de acostarse, debían cambiarle el vestido para evitar que escondiera nada, lo cual aceptó si, tras su muerte, lo picaban con unas tijeras para evitar que desnudaran el cadáver para quitarle el vestido. Sin embargo rechazó que le quitaran las ligas para evitar que se ahorcara antes, y aunque aceptó el cambio de vestido no aceptó quitarse las medias: Jamás consentiré ir al patíbulo con las medias caídas.

El 26 de mayo es conducida a la actual Plaza de la libertad donde es ajusticiada públicamente mediante el brutal garrote vil.

“Heroína de la libertad”

Su ejecución no solo pretendía castigar a los liberales, sino castigar también la participación de la mujer en la vida política y social en la convulsa España del siglo XIX, lo que la convirtió en un mártir para los liberales y en un símbolo popular de la lucha contra la falta de libertades hasta el siglo XX, en España más concretamente hasta la irrupción del régimen franquista. La biógrafa Antonina Rodrigo ha encontrado romances sobre Mariana en países como Argentina o Italia.

En 1925, el reconocido poeta de Granada Federico García Lorca termina la obra dramática homónima basada en su historia (Mariana Pineda, romance popular en tres estampas), que estrenará dos años más tarde en el Teatro Goya de Barcelona la compañía de Margarita Xirgu, y dando posteriormente a conocer aún mas a esta figura histórica que ya se había recogido popularmente en la calle.

El 1 de septiembre de 2004, se inauguró en su casa natal, en la calle Aguila, una placa conmemorativa:

En recuerdo de Dª MARIANA de PINEDA que murió en defensa de la libertad, el Excmo. Ayuntamiento de Granada le dedica este homenaje en su casa familiar com motivo del bicentenario de su nacimiento, que tuvo lugar en 1 de septiembre de 1804

Texto sacado de aqui

Thomas Edward Lawrence

Lawrence de Arabia


Thomas Edward Lawrence, más conocido como Lawrence de Arabia, militar, arqueólogo y escritor británico; nacido en (Tremadoc, Caernarvonshire (Gales) el 16 de agosto de 1888 y fallecido en Clouds Hill (Inglaterra) el 19 de mayo de 1935).

Infancia y juventud

T.E. Lawrence era hijo ilegítimo de un pequeño terrateniente irlandés que abandonó a su mujer y a sus cuatro hijas para marcharse con la madre de Lawrence, institutriz de las niñas. Segundo de cinco hermanos, durante su infancia la familia se trasladó varias veces de domicilio: Irlanda, Inglaterra, Gales, Escocia y Francia, terminando esa vida nómada en Oxford, donde la familia se asentó definitivamente.

Lawrence tenía una apariencia menuda, medía 1,66 metros, era de complexión delgada, con una gran cabeza y un aspecto frágil.

Se matriculó en el Jesus College de la Universidad de Oxford, donde se graduó como historiador (1910), con una notable tesis titulada “The influence of the Crusades on European Military Architecture” (publicada después de su muerte con el título de “Crusader Castles”).

Influido por su profesor David George Hogarth, un arqueólogo especialista en Oriente Medio, viajó hasta Siria en junio de 1909 para trabajar en los yacimientos hititas de Karkemish, a orillas del río Éufrates, y es allí, (recorriendo un total de 1.400 kilómetros a pie durante 4 años) cuando comenzó a conocer la zona, la lengua y las costumbres de sus gentes. Su principal afición en esos tiempos consistía en dibujar las edificaciones militares de origen cruzado.

Gracias al ejercicio físico constante, transformó su delgada figura adquiriendo una complexión resistente y de aspecto atlético de la cual se enorgullecía.

Lawrence, arqueólogo y oficial de inteligencia

Retrato de Thomas Edward Lawrence pintado por Augustus John.

Ese conocimiento de la región llamó la atención del servicio secreto, para el que Lawrence empezó a trabajar en enero de 1914.

En febrero de ese mismo año Lawrence se unió a la expedición arqueológica de Leonard Woolley y al capitán Stewart Newcombe para una prospección de la península de Sinaí, patrocinada por la Palestine Exploration Fund.

Oficialmente, la expedición pretendía estudiar el éxodo de los judíos desde Egipto, pero el objetivo de la expedición era proveer de una respetable apariencia a la actividad “investigadora” de Lawrence, en realidad destinada a obtener información sobre el ejército otomano presente en la región.

Al estallar la I Guerra Mundial (julio de 1914), Lawrence ingresó en la Geographical Section of the General Staff (GSGS) primero como civil y más tarde como 2º Teniente e intérprete (2nd Lieutenant-Interpreter) y en noviembre es destinado a El Cairo, a la oficina de Inteligencia . Su trabajo consistía en cartografiar mapas y en entrevistar a potenciales agentes de inteligencia.

Aunque era indisciplinado y un soldado poco convencional, sus oficiales superiores y sus compañeros quedaron sorprendidos por su mente ágil, su entusiasmo por el trabajo y su “extraordinaria capacidad para salirse con la suya calladamente”. Lawrence fue condecorado el 18 de marzo de 1916 con la Legión de Honor por su admirable trabajo en la oficina de inteligencia.

En abril de 1916 fue enviado a Kutal-Amara (Irak), donde los turcos asediaban al ejército inglés del general Townshend, en una misión secreta: sobornar al comandante de las fuerzas turcas, Khalil Pasha, con un millón de libras para que levantara el sitio y, de paso, sondear la disposición de las tribus árabes para rebelarse contra los turcos.

Fracasó en ambas misiones y regresó a la oficina de El Cairo.

La Revuelta Árabe

El 5 de junio de 1916 Husayn ibn Ali, jerife de La Meca inicia la Revuelta Árabe contra los turcos otomanos, dueños de la península arábiga.

Lawrence fue enviado, como gran conocedor de la zona y del idioma, a reunirse con él. Y así en octubre de ese mismo año se reunió con los 4 hijos de Husayn: Ali, Faysal, Abdullah y Zayd, y concluye que es Faysal el más adecuado para dirigir la revuelta: “…es el hombre que vine a buscar en Arabia, el líder que dará gloria a la rebelión árabe…” dijo al conocerle; de ahí nacería la amistad entre Lawrence y el príncipe hachemí.

Acompañado por Lawrence, Faysal comenzó la ofensiva contra las tropas otomanas. Con la asesoría de Lawrence, desarrolló una estrategia que era adecuada para el terreno, la capacidad y el número de hombres de que disponía: los rebeldes libraron una guerra de guerrillas que aterrorizó a sus enemigos y fue ganándose el reconocimiento de otras tribus, que se le fueron uniendo. Esquivando siempre las fortalezas turcas, realizaron diversos ataques (marzo-abril) contra el ferrocarril del Hiyaz.

En enero de 1917 habían tomado el puerto Wejh, en el mar Rojo, y en julio, con la rendición de Aqaba, la campaña del Hiyaz terminó en una aplastante victoria para los árabes.

A finales de 1917, Lawrence hizo dos incursiones de reconocimiento tras las líneas enemigas para enardecer a los árabes sirios y en una de ellas disfrazado de árabe, se había acercado a inspeccionar la población de Deraa y en el curso de su misión fue sorprendido por los soldados turcos. Confundido, en virtud del color claro de su piel, de sus ojos y de sus cabellos, con un desertor circasiano, el oficial fue detenido y esa misma noche llevado ante la presencia de un mandatario turco que pudo ser el comandante de la guarnición Bimbashi Ismail Bey o el jefe de milicias Ali Riza Bey. Este no pretendía interrogarle, como hubiera sido lógico esperar, sino mantener relaciones homosexuales con el prisionero. La respuesta del cautivo ante los primeros acercamientos del turco fue de tajante rechazo, y el resultado final fue que los soldados lo torturaron salvajemente y, al parecer, fue violado. Pudo escapar esa noche gracias a la ayuda de algunos de los mismos soldados que le habían torturado, que le curaron y facilitaron la huida. Como relata el propio Lawrence en su libro Los Siete Pilares de la Sabiduría, tras la paliza sufrida: “esta vez me rechazó [el bey] a toda prisa, por estar demasiado desgarrado y ensangrentado para entrar en su cama (…) Me llevaron (…) hasta una dependencia (…) un practicante armenio apareció para lavarme y vendarme (…) Luego, todos se fueron, retrasándose el último soldado (…) para decirme con su acento druso que la puerta que daba a la habitación contigua no estaba cerrada (…) me ayudó a sobrellevar una carga que el paso de los días no dejó de confirmarme: que en Deraa, aquella noche, la ciudadela de mi integridad se había perdido irrevocablemente” (Capítulo LXXX). Este episodio cambiaría la vida del personaje provocándole graves secuelas mentales.

De nuevo junto a Faysal, vuelve a la acción y toma parte en distintas escaramuzas (ataques a ferrocariles) y batallas (batalla de Tafileh) y dedica los meses de abril a julio a realizar tareas de enlace con los militares británicos a la vez que prepara la toma de Deraa y el futuro gobierno árabe.

El 28 de Septiembre los árabes toman Deraa y provocan la desbandada del ejército otomano.

Lawrence marcha a Damasco, donde el 4 de octubre se reúnen por primera vez Faysal y el general Allenby, máximo responsable del ejército británico.

Con la victoria asegurada y creyendo que los árabes van a poder comenzar su propio gobierno, Lawrence recibe permiso de sus superiores para volver a Gran Bretaña.

Lawrence, el diplomático

En mayo de 1916, Inglaterra y Francia habían firmado el tratado Sykes-Picot (por los dos firmantes del acuerdo: Mark Sykes por Gran Bretaña y Charles-George Picot por Francia) un acuerdo secreto, que dividía al territorio turco del Oriente Medio en dos esferas de influencia: la inglesa y la francesa, impidiendo el deseo de Faysal y de Lawrence de un estado árabe.

Faysal tuvo noticias del acuerdo estando en Damasco, y Lawrence, insistiendo en que nada sabía del tratado secreto, pidió que Allenby lo relevara de su cargo y le permitiera regresar a Inglaterra. Volvió a su casa de Oxford el 24 de octubre, tras 9 días de trayecto desde Port Said. “…Como yo no era un perfecto estúpido, pude ver que las promesas a los árabes eran huecas” , escribió en Los Siete Pilares de la Sabiduría, su postrer libro sobre su aventura árabe.

A partir de entonces todos los esfuerzos de Lawrence se dedicaron a tratar de impedir que se aplicara el Tratado Sykes-Picot. Su propia propuesta era dividir Mesopotamia y Siria en tres reinos dirigidos por tres de los hijos de Hussein, con Faysal presidiendo Damasco. Mientras esperaba la decisión del gobierno, Lawrence cablegrafió a Hussein, sugiriendo que enviara a Faysal como representante a la Conferencia de Paz que se iniciaría en París en 1919. Pero, nuevamente, Lawrence tuvo malas noticias para Faysal: al recibirlo el 26 de noviembre en Marsella, le informó que Francia había vetado su participación en la conferencia.

Lawrence incluso forzó una reunión entre Faysal y el primer ministro francés, Georges Clemenceau, sin obtener nada positivo de ello. Decepcionado por las consecuencias del tratado y la falta de apoyo a la causa árabe, Lawrence abandonó Francia y se recluyó en Oxford, donde comenzó a redactar Los Siete Pilares de la Sabiduría, el libro donde reflejó toda su experiencia junto a los árabes y que tuvo que escribir dos veces, ya que al parecer el primer manuscrito fue robado.

La Posguerra

Aunque Lawrence no permaneció mucho tiempo retirado del servicio ni de sus amigos los árabes, ya que en febrero de 1921 aceptó la propuesta de Winston Churchill de trabajar para el Departamento de Medio Oriente y volvió a Egipto para preparar la Conferencia del Cairo que acabaría con Faysal proclamado Rey de Siria (aunque fue depuesto por los franceses más tarde). Pero esta vez chocó con la intransigencia del viejo Husayn y desesperado volvió a Londres en diciembre de 1921.

En agosto de 1922, el ex-coronel se enroló en la fuerza aérea inglesa con el seudónimo de John Hume Ross y fue destinado en noviembre a la Escuela de Fotografía de la RAF de Farnborough. Pero la prensa reveló la verdadera identidad de Lawrence y la RAF temiendo “la mala publicidad”, le dio de baja en el servicio activo.

En febrero de 1923 se alistó, como soldado raso, en la unidad de tanques bajo otro seudónimo, T.E. Shaw (por su amistad con George Bernard Shaw). Dos años después consiguió ser transferido a la fuerza aérea (luego de amenazar con suicidarse al ser su petición rechazada reiteradamente), donde sirvió como mecánico en varios destinos en su país y en la India (Karachi y Miranshah, que ahora forman parte de Pakistán) durante los restantes diez años de su vida; a la vez publicaba otras obras como “Revolt in the Desert”.“The Mint” o una traducción de “La Odisea” para los Estados Unidos.

Lawrence vivió esta época sumido en la depresión, debida según su propia confesión a que a un hombre que “había amado mucho más las cosas que a las personas” la fama le resultaba sumamente incómoda; en todas partes se le homenajeaba y se le trataba como lo que era, una leyenda, sin embargo él lo único que quería era pasar desapercibido.

El accidente

El 13 de mayo de 1935 Lawrence fue a la oficina de correos de Bovington a enviar un telegrama a su amigo Henry Williamson.

A la vuelta, cerca ya de su casa de Clouds Hill, se vio obligado a realizar una brusca maniobra con su motocicleta Brough (de la que era un auténtico admirador, tuvo varios modelos de esa marca) al cruzarse con dos niños montados en bicicleta. Lawrence salió despedido y se golpeó la cabeza en su caída.

Como resultado del accidente estuvo 6 días en coma y falleció el 19 de mayo de 1935. De este modo se extinguió una de las figuras militares más controvertidas, complejas e interesantes que haya surgido en la historia inglesa. Fue en el cementerio de Moreton y en la Iglesia de St. Martin’s Church, en Wareham se erigió una estatua yacente, obra de Eric Kennington, en la que está representado con ropas árabes.

En el lugar donde se estrelló se puso hace algunos años una placa conmemorativa.

Existen dos clases de hombres: aquellos que duermen y sueñan de noche y aquellos que sueñan despiertos y de día… esos son peligrosos, porque no cederán hasta ver sus sueños convertidos en realidad

Thomas Edward Lawrence
Texto sacado de aqui

Respuestas

  1. ta buenio pero me cago cn todo lo qe tengo qe leer


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